Thaelman Urgelles: ¿Por qué no habla el dueño del circo?

Una de las facetas más sorprendentes de los dirigentes del gobierno y el PSUV es la disciplina y perseverancia con la que son capaces de disfrazar, esconder y hasta torcer realidades evidentes. El mismo funcionario que 48 horas antes ha acusado de mentirosos y criminales a quienes manifestaron su inquietud por la ausencia del presidente y la vinculaban con su conocida enfermedad, lee con pétreo semblante la carta en la que el susodicho pide permiso para ausentarse indefinidamente para tratamientos médicos. Los que apenas horas antes expusieron sus inquietudes se quedaron llamados mentirosos criminales y la noticia se ofrece como si nadie hubiese alertado ya sobre el hecho.

Hay que compadecer a los voceros opositores y a los periodistas de investigación, obligados a compartir el espacio público con interlocutores de ese talante. Todo lo que rodeó a la petición de permiso y al nuevo viaje a Cuba son circunstancias alarmantes; fíjense bien: a diferencia de casos anteriores por la misma enfermedad, no fue Chávez quien se dirigió al país para anunciar estos nuevos tratamientos, ni siquiera fue su voz la que leyó la carta de solicitud a la AN; no se lo despidió como otras veces en Maiquetía y mucho menos se mostró la consabida recepción por Raúl Castro en La Habana; tiene ya 5 días allá y ni una fotico con Fidel o Raúl como elemental “fe de vida”; y no tuvo ni unas breves palabras para certificar la innecesaria designación de un Vicepresidente por 48 horas.

Viniendo todo este comportamiento de un hombre que no puede ver un micrófono porque le cae encima por varias horas, ¿no les parece extraño? Claro que sí, a cualquier persona razonable y por supuesto también a la mayoría de los venezolanos. Pero no a los voceros del PSUV y del gobierno, quienes reiteran que el presidente está en un rutinario viaje de reposo, algo así como una cura de algas o un tratamiento para alisarse las arrugas o sembrarse cabello. Y quienes justificadamente se hacen preguntas –porque es además su deber- acerca de las extrañas circunstancias que rodean todo eso, pasan a ser necrófilos y explotadores del dolor ajeno, como mínimo.

Si no quieren que se “especule” o se “trafique desalmadamente” con lo que parece una inocultable y grave recaída del Jefe de Estado, qué fácil es que el señor dé una mínima declaración, que aparezca en el Spa donde supuestamente está cumpliendo las órdenes del pueblo. Por lo menos que le envíe un saludito de aliento al pobre Jaua, a quien dejaron solo repartiendo ventiladores y neveras, en una competencia perdidosa en el estado Miranda.

Sobre esa crucial materia, el país necesita escuchar al dueño del circo y no únicamente a los payasos.

@Turgelles