Los Diablos Danzantes de Corpus Christi, la danza del bien que derrota al mal

AVN

Los Diablos Danzantes del Corpus Christi, declarados el jueves Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, es una fiesta religiosa de raíces españolas, indígenas y africanas que se celebra en varias comunidades de la costa venezolana y simboliza el triunfo del bien sobre el mal.

Esta colorida y animada fiesta se realiza el noveno jueves después del Jueves Santo de cada año en poblaciones de los estados de Aragua, Carabobo, Guárico y Vargas, y en ella miles de personas, llamadas “promeseros”, pagan una promesa danzando con actitud penitente vestidas de diablo, con alegres ropajes y máscaras, para rendirse ante el cuerpo de Cristo.

“Ser diablo es un honor”, explica a AFP Dinorah Cruz, gerente del Instituo del Patrimonio Cultural (IPC) de Venezuela. “Requiere preparación física y espiritual de los danzantes, porque el diablo puede aparecer y tienen que estar preparados”.

Un total de 11 poblaciones, entre ellas Naiguatá y San Francisco del Yare, celebran esta tradición nacida entre los siglos XVI y XIX y muy vinculada a las haciendas de cacao, café o caña de azúcar, “como parte de la tarea de evangelización que los conquistadores (españoles) consideraban fundamental para el proceso de dominio del territorio y la hegemonía de la sociedad”, según el IPC.

Cada comunidad tiene su particular manera de vestirse, de organizarse, de crear sus máscaras -que simbolizan diablos, animales y otras representaciones- y hasta en el modo de escoger a los “diablos” de las procesiones, un proceso que dura gran parte del año, explica Cruz.

Para protegerse contra las fuerzas del mal, los diablos, vestidos de colores vivos, usan cruces, escapularios y otros amuletos, y van rezando durante la procesón.

En ella se integran expresiones de carácter musical, con instrumentos de cuerda y percusión, con la inevitable presencia de la maraca en la mano derecha para ahuyentar a los malos espíritus.

Los Diablos Danzantes de Corpus Christi se suman así a la lista de bienes venezolanos reconocidos por la UNESCO, junto a la ciudad colonial de Coro y su puerto La Vela, declarados Patrimonio Cultural Material de la Humanidad, y el parque de Canaima, declarados Patrimonio Natural.