Venezuela busca el amor en un cuarto de hotel

Los amantes venezolanos se han embarcado en una especie de turismo de aventura. Algunos exploran por jacuzzis y saunas, otros optan por habitaciones temáticas, con carretas y safaris. Si bien hace algunos años, la “ruta del amor” -la carretera Panamericana- era la preferida, la situación de Caracas ha hecho que ahora se prefieran opciones dentro de la ciudad, como el Hotel Dallas Suites.

La mayoría de las parejas casadas utilizan estos lugares para celebrar aniversarios, o para sorprender a sus cónyuges. Pero para los jóvenes, que aún viven en casa con sus padres, estos sitios proveen una alternativa atractiva, debido a los crecientes costos de las viviendas y a la rampante inflación.

“Cuando me casé uno podía comprar un apartamento a un precio razonable”, declara el economista Pedro Palma a Global Post. “Ahora, es muy difícil”.

Los universitarios, como Daniel Ramírez, van a estos hoteles para disfrutar de una noche de placer con sus parejas. En su primera visita pudo “romper el hielo” con su primera novia.

“No había sitio para que nos viéramos de esa manera”, dice Ramírez, que vive aún con su familia. Sucedió en un motel en el centro de Caracas. Explicó que la experiencia fue “satisfactoria”, con cuartos limpios, espejos en las paredes y el techo y televisión con porno. Luego regresó con otra novia. La parte “rara” de algunos –los más antiguos generalmente ubicados en la zona de El Rosal-, es la falta de privacidad en los pasillos.

Las parejas pasan así”, explica, bajando la cabeza y tapándose el rostro.

Los establecimientos premium, como Dallas Suites, aseguran privacidad, limpieza y detalles. En ningún momento hay contacto directo o interacción con otra persona, con recepciones con vidrios tintados que llegan a atender hasta dos vehículos en simultáneo. Las habitaciones están llenas de temas, como fantasías asiáticas, una habitación de dos niveles o una carreta del Lejano Oeste.

“Rompimos con ese concepto del ‘matadero’ hasta llegar a que sean las féminas las que escogen venir acá”, explicó uno de los voceros del hotel.

Otra de las atracciones es el “potro”, un reclinador curco que “la gente usa para hacer el amor de maneras misteriosas”.

La emblemática “Suite de la Carreta” del Dallas Suites. Foto: Dallas Suites Hotel| Alex Nouel

Los venezolanos bromean que todos los hoteles de alta rotación, que tienen un mínimo de estadía de seis horas, están copados el 30 de septiembre -día de la secretaria. Pero otras ocasiones, como el Día de los Enamorados, no se distinguen mucho de un fin de semana normal, cuando los carros esperan en largas colas para entrar. Estos establecimientos atraen a todo tipo de personas -desde hombres casados con amantes hasta parejas que buscan una nueva emoción.

Miguel Ángel García, un entrenador personal, dijo que aunque él puede llevar a su novia a casa de sus padres, con quienes vive, ha visitado múltiples hoteles en Caracas para explorar un lugar nuevo con su pareja.

“Tengo total privacidad en mi habitación”, expresó García. “Pero fue más bien lo diferente, el jacuzzi, los espejos, el sauna, lo que nos trajo acá”. En otras ocasiones eligió un hotel para vivir nuevas experiencias, como estar con múltiples parejas sexuales.

En estos tiempos de redes sociales, la experiencia puede comenzar en internet. A través de Facebook y Twitter (y algunos en Instagram) estos lugares “calientan” a los amantes desde el frío del tubo de internet. “Es la manera de comenzar a conectar con el lugar a donde voy a ir con mi pareja. Con las fotos o los tips vamos haciéndonos una idea y la cosa se pone buena desde antes de llegar”, expresó el ingeniero Juan Andrés Pérez, un usuario frecuente de estos hoteles pues su familia es muy estricta con la política de novias en casa. Por cosas como esta, los venezolanos buscan cada vez más el amor fuera de su hogar. Aventura, experiencia, espacios y privacidad son las claves para los amantes locales.

Para este artículo se utilizaron porciones del reportaje titulado “Venezuelans seek pleasure, privacy in love hotels” de Rachel Jones en Global Post