Chavistas oran unidos por la salud de Chávez


Cuando Hugo Chávez llegó al poder en Venezuela en 1999, Darwin Guerrero tenía cuatro años. Este domingo, horas después de que el mandatario anunciara su recaída en el cáncer, se ha unido a los cientos de chavistas congregados en la plaza Bolívar de Caracas para orar por su salud.

“No me imagino esto (Venezuela) sin él”, dice a la AFP este caraqueño de 17 años, a pocos metros de la estatua del libertador Simón Bolívar y rodeado de cientos de fieles que acudieron en Caracas y otras ciudades del país al llamado a congregarse “en solidaridad y amor” por la salud de Chávez antes de que viaje este domingo a La Habana.

El ambiente no es de rabia ni de desesperación, sino más bien de resignación y de esperanza en que la cuarta operación quirúrgica a la que se someterá Chávez para combatir el cáncer que le fue detectado en junio de 2011 salga bien y pronto pueda estar de nuevo al frente del gobierno.

“Estamos aquí para pedirle a Dios que le dé vida. Él ha hecho todo por los pobres”, dice Guerrero, estudiante de ingeniería de sistemas y natural de Santa Teresa (estado de Miranda, norte), cuya vida desde que tiene “recuerdos” ha transcurrido bajo el gobierno de Chávez.

A su lado, una mujer grita para sí misma entre sollozos, con las manos unidas y los ojos cerrados: “¡Vivirá, vivirá, Chávez vivirá!”, mientras van llegando varias familias y grupos de simpatizantes, muchos vestidos con franelas y gorra rojas.

“Vengo a apoyar a nuestro comandante, rodilla en tierra”, grita de repente con mucha emoción Pedro Suárez, que no quiere ni oír hablar de la posibilidad de que “la operación salga mal”.

También se forman corrillos cerca de la llamada “Esquina caliente” -que a diario es escenario de debates entre chavistas-, donde varios hombres discuten con vehemencia y son interrumpidos a veces por gritos de “¡Uh ha, Chávez no se va!”, que se propagan unos segundos por la plaza caraqueña.

A pocas horas del inicio, la convocatoria está lejos de ser multitudinaria, lejos de aquellos apasionados mítines electorales que el mandatario, pese a su deteriorado estado de salud, lideró en las últimas semanas de la campaña que lo llevó a la victoria el pasado 7 de octubre para un tercer período de seis años.

Vladimir Hernández tiene 52 años y combina su trabajo en un taller de calzado con sus estudios jurídicos en la Universidad Bolivariana de Venezuela, adscrita a la “Misión Sucre”, de educación gratuita, uno de los millonarios programas sociales con los que el mandatario ayuda y conquista a los más desfavorecidos, su base electoral.

Hernández estaba frente al televisor en su casa del oeste de Caracas cuando apareció Chávez en cadena nacional -de retransmisión obligatoria por las radios y televisiones del país- para dar la “terrible noticia”.

“Sentí una pena muy grande cuando dijo que va a ser intervenido de nuevo, pero ahora estoy aquí para pedirle a Dios que lo ayude en sus tiempos difíciles”, asegura, antes de criticar a la oposición, que exigió este domingo aclarar “la verdad” y que se sigan todos los pasos de la constitución.

“Ya empiezan (algunos opositores) con sus voces agoreras a matar al presidente, pero Chávez ni ha muerto, ni ha renunciado, ni ha sido destituido. Así que no se va y que haya nombrado a Maduro está dentro de la constitución”, agrega.

Tras anunciar el sábado su nueva intervención, Chávez, que nunca -ni en los momentos más difíciles de su tratamiento- ha insinuado la posibilidad de nombrar a un sucesor, instó a los venezolanos a que voten por el canciller y vicepresidente Nicolás Maduro en caso de que él quede “inhabilitado” para gobernar.

“Si a Chávez le parece bien, a nosotros también. Maduro ha demostrado en el proceso (revolucionario) que es hombre cabal, honesto, un ex conductor de autobús, fíjese, un hombre de una moralidad sin tacha alguna”, asegura Hernández.

“Maduro es un camarada de lucha, es su mano derecha. Pero lo que diga el comandante, Hugo Rafael Chávez Frías, eso es. Si él lo pone ahí es porque él sabe que él es bueno. Lo que él diga lo aceptaremos”, explica Manuel Araujo, mototaxista de 40 años que portaba con una bandera venezolana, un argumento compartido por muchos de los presentes.

AFP