Özil y las jugadas a balón parado

La resaca del encuentro que disputó el Real Madrid ante el Valladolid en la liga española dejó diferentes sensaciones en el conjunto blanco, que sobrevivió con las apariciones del centrocampista alemán Mesut Özil y estuvo a punto de dejarse tres puntos vitales por culpa de un error que parece endémico esta temporada: los errores defensivos a balón parado.

Juan José Lahuerta/EFE

El técnico del cuadro madridista, José Mourinho, no puede estar contento al cien por cien. Su equipo dio señales de arrojo en el estadio José Zorrilla, pero gracias a Özil se pudo tapar un mal que esta temporada seguro que atormenta el técnico del Real Madrid,

Fue el jugador germano quien tuvo que aparecer para rescatar a sus compañeros. Özil completó un duelo de momentos, de instantes. No completó un partido perfecto, constante y sin fisuras, pero apareció con detalles de un valor incalculable que bastaron para que el Real Madrid regresara a casa con tres puntos.

Antes de que asomara la cabeza, el cuadro merengue había recibido dos goles a balón parado. Ambos, de córner, con un mismo rematador, Mateus Manucho, que con dos apariciones se burló de la zaga madridista.

La primera, en el minuto siete, remató dentro del área pequeña completamente solo para hacer el 1-0. El balón botó en el centro del área pequeña, sin oposición alguna, y dejó al descubierto las vergüenzas blancas.

Algo menos de quince minutos después, tras el empate de Karim Benzema, un cabezazo del delantero angoleño volvió a hacer un roto a la defensa de Mourinho. Manucho, con un salto poderoso ante el que Sergio Ramos, encargado de su marca, no pudo hacer nada, hizo el segundo gol del Valladolid y provocó el gesto contrariado del técnico portugués desde el banquillo.

Con esa diana, el Real Madrid ya acumulaba seis en contra a balón parado. Algo no va bien en ese tipo de jugadas. Un equipo con jugadores de altura y poderoso físicamente se está mostrando errático a la hora de defender córners y faltas. Y, en Valladolid, estuvo a punto de costarle muy caro.

Entonces apareció Özil, inconstante hasta ese momento pero fundamental en el desarrollo final del partido. El internacional alemán, señalado por Mourinho con sus sustituciones, posiblemente era el principal candidato para ver la segunda parte desde el banquillo después de la tormenta perfecta que había creado el Valladolid.

Hasta el día del derbi ante el Atlético, Mesut era junto a Ángel Di María el jugador más cambiado del Real Madrid. En diez ocasiones había abandonado el terreno de juego para dejar su hueco a otro compañero.

El estadio José Zorrilla parecía que iba a vivir la undécima, pero Özil volvió a reivindicarse, como el día del Atlético, con un gol que salvaba su propio destino y daba esperanzas a un equipo que casi se despedía del título de Liga. Lo hizo en el minuto 44 con eslalon y una pared con Benzema que sirvió para que el germano pudiera rematar y empatar el duelo.

Pero el talento de Özil no había terminado. Aún iba a aportar otro instante mágico y decisivo que iba a sostener al Real Madrid. En el minuto setenta lanzó una falta que entro en la escuadra del Valladolid. Fue su segundo golazo de la noche y también el segundo que convierte de falta esta temporada. Y lo ha hecho en dos intentos, cien por ciento de aciertos.

Con ese disparo cerró el partido un jugador que fue imprescindible gracias a sus inspiraciones momentáneas. Arregló un desaguisado que se inició por errores defensivos. Tal vez se salvó a sí mismo, pero seguro que acudió al rescate de sus compañeros. Su actuación maquilló los errores a balón parado. Özil fue la cara, el sistema defensivo, la cruz. EFE