Tim Walker o soñar despierto

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Hadas aparte, los cuentos visuales de Tim Walker te rozan el alma. El fotógrafo británico, al que los objetos le piden que los capture, vuelve después de seis años con un trabajo en el que solo se ha planteado posicionarse en un territorio feliz.

Lourdes Esmorís/EFE

Tiene forma de libro, título de cuento y una fotografía de naturaleza incontrolable alimentada por una tipografía de sierpe. “Cuentos de hadas” (Lunwerg) es de esos libros fotográficos de gran formato en el que “la imagen es tan impactante, pesa tanto, que tienes un riesgo según de qué manera introduces el texto”, explica a EFEstilo Javier Ortega, editor de Lunwerg.

Así que la conjunción de foto y letra de este cuento de cuentos ha sido “premeditada”, como si las palabras “fueran extraídas de algunos elementos de las fotografías”. Textos cortos, sinuosos, en cascada, que arropan cada instantánea con las reflexiones de Walker.

La complejidad de un libro de autor y artista se presupone pero la magia de las imágenes de Tim Walker, quien comenzó con el retrato y el trabajo documental para luego enamorarse de la moda, borra el tiempo y permite andar de derecha a izquierda y de delante hacia atrás.

“La intención es que, abras el libro por donde lo abras, puedas empezar a leer en cualquier dirección”, comenta Ortega, en esa idea del eterno retorno, “para que tuviera varias lecturas”.

Un desorden aparente que cuando se muestra ante los ojos inquisitivos de neófitos o niños nace el asombro, “tiene una potencia escénica brutal que es bellísima aunque no se esté captando la técnica al cien por cien”.

Tim Walker (Londres, 1970) para quien la fotografía es la ventana hacia otro mundo, no es un vendedor de sueños sino un cazador de los malogrados. Y si no, ¿cómo se podía imaginar la modelo Karen Elson que llegaría a compartir lecho con un cocodrilo o Rollo Hesketh-Harvey que viajaría en un biplano de pan?.

El aliento poético de Walker ha alcanzado los rostros de Alexander McQueen, Helena Bonham Carter, Stella Tennant o Tilda Swinton y los ha convertido en piezas artísticas, en fotogramas donde instala autenticidad en el artificio.

“Él es un poco Peter Pan en la búsqueda de la foto perfecta”, cuenta Javier Ortega.

A sus 42 años y con más de 20 de experiencia, “es un creador feliz que destila cariño en las fotos, en las secuencias, manteniendo su atmósfera”.

Aquel joven que a los 19 años se encargó de organizar el archivo de Cecil Beaton, a los 22 fue asistente personal de Richard Avedron y a los 25 realizó su primera sesión para Vogue, se ha convertido en uno de los grandes, en uno de los padres de la fotografía de moda.

Walker evita lo digital en pro de la película y crea decorados reales: aviones que aterrizan en mansiones, muñecas gigantes que llevan a las modelos, como actrices de cine mudo, al universo de Gulliver, soldaditos de plomo, con sus guerreras rojas, fundidos con la misma cuchara, o el antropomórfico Humpty Dumpty que coprotagoniza, roto, yema al suelo, la portada del libro con una modelo, vestida para conquistar, que acude en su auxilio.

Yuxtaposición de fantasía y absurdo, recogida en minicapítulos, a través de 175 fotografías de los archivos personales del autor que derrocha un impresionante sentido del color.

“Cuentos de hadas” es la reproducción en español “exacta” de “Story Teller”, el libro que acompaña a la exposición del mismo nombre que puede visitarse en Somerset House, en Londres, hasta el 27 de enero del año que viene. EFE