“Atado y bien atado”, por @carmenbeat

El presidente Chávez nos sorprendió nuevamente. En una muy valerosa declaracion hizo público quién sería su sucesor. Tras una década satanizando el “chavismo sin Chavez” y acusando de traidores a quienes entre sus filas estuvieran siquiera pensando en ello como remota posibilidad, ahora el presidente habla de los liderazgos emergentes. La gran debilidad de la Revolucion Bolivariana siempre ha sido su carácter unipersonal al estar excesivametne centrada en el caudillo. ¿Hay tiempo para inventar el chavismo sin Chavez? Quizás. No será fácil, pero tampoco luce imposible. Chávez está muy enfermo, pero no es un moribundo, y ha escogido a su sucesor, pretendiendo con esa escogencia ungirle de legitimidad popular en los meses por venir.

Además, y aunque no lo dijo explícitamente, la dupla que sugiere Chávez es la de un Maduro, civil y conciliador, como presidente y un Diosdado como jefe militar. Que nadie crea que Diosdado está fuera de la planificación sucesoral. Chavez quiere dejarlo todo “atado y bien atado”. Tal como lo hiciera el dictador español Francisco Franco, en una de sus últimas apariciones públicas, envió un mensaje tranquilizador a sus seguidores, asegurando que el régimen y sus estructuras político-militares perdurarían aunque no estuviera él físicamente al frente.

El anuncio del sábado sorprendió a propios y a extraños. Tambien dejó en franca evidencia a quiénes NO forman parte del “círculo íntimo”. El ex vicepresidente Elías Jaua, en primer lugar, quien horas antes de la alocución declaró que “el Presidente llegó fortalecido y descansado”, o el otrora poderoso Jose Vicente Rangel quien grabó su programa matutino para hoy sobre temas netamente relativos a las elecciones regionales. O, sorprendentemente, el nuevo ministro de comunicaciones Ernesto Villegas, a quien Chávez declaró la víspera de la elección del 7-O que “ya no se acordaba del cáncer”. Si el novel ministro hubiera estado al tanto de la relevancia del anuncio presidencia habría previsto un reemplazo para los chicos de Zurda Konducta que eran anclas a esa hora del canal oficial y con muy poca fortuna tuvieron que hacer frente a esa conmoción noticiosa.

Dio inicio formal así Chávez a su última campaña presidencial, en la que no será candidato. Por lo pronto se apropió de la escena en la fase final de la campaña regional y secuestró la agenda de discusión pública nacional, alejándola de los temas regionales. Que la enfermedad exista, y sin dudar sobre su gravedad, no impide que los momentos escogidos para visibilizarla sean cuidadosamente escogidos. La política contiene una buena dosis de “puesta en escena” y todo
político sensible hace uso de las peores adversidades para
convertirlas en oportunidades. .Chavez está gravemente enfermo, pero
ni aún así deja de estar en campaña. Este nuevo e impactante anuncio
de la enfermedad podría tener efecto cohesionante en los segmentos más
chavistas de la población, que están viviendo pugnas internas y
desmotivación.

Sin embargo la agenda de la gente está completamente divorciada de la
agenda de los medios. Ella se centra en los problemas reales del país:
Inseguridad, fallas eléctricas, desabastecimiento. E Chavez ha
excedido su puesta en escena y deja en evidencia que sus
preocupaciones personales poco tienen que ver con las preocupaciones
del venezolano común. El presidente está muy enfermo, pero no menos
enferma está Venezuela.

A diferencia de Franco, Chavez quiere garantizar que esta sucesión se
haga por la vía electoral y constitucional. A semejanza de Franco, se
equivoca Chávez y sobredimensiona sus propias capacidades de dejarlo
“todo atado y bien atado”. La desaparición física de un caudillo
todopoderoso desencadena dinámicas que no son fácilmente predecibles.

Carmen Beatriz Fernández

La autora preside la consultora DataStrategia y es profesora de comunicación política en el IESA.