Juan Fernández: 2013, la desastrosa economía venezolana

Todos sus errores y todas sus mentiras le salen al paso al régimen al despuntar el año 2013, que será el de la devaluación, la inflación galopante, el alza vertical del costo de la vida, la escasez de artículos indispensables incluyendo comida y medicinas y todos los demás males que acogotan a los pueblos que han tenido un pésimo gobierno durante demasiado tiempo. El cáncer de la economía venezolana es grave y critico, la dependencia al extremo del único ingreso del país es petróleo y luego de lo dicho por Chávez el fin de semana, sobre su sucesión, en donde como un hecho resaltante destaco que se pagaron las utilidades, para lo cual PDVSA tuvo que pedir prestado al BCV. El 2013 será convulsionado, no tan solo políticamente, sino también en lo económico. Sin un acuerdo y pacto económico, político y social la gobernabilidad en Venezuela será difícil, es una tarea de todos.

El Gobierno está condenado a una drástica devaluación y un substancial aumento del endeudamiento externo para sobrevivir a su difícil situación financiera, pero sin llegar a resolverla e incluso agravándola con las medidas paliativas que tendrá que tomar.

La insuficiencia de los recursos,  que ya se venía sintiendo en los últimos tres años, se vuelve insoportable para 2013, cuando los compromisos sobrepasan con mucho los ingresos, afectados éstos por el deterioro de la capacidad productiva de PDVSA.

Para entender por qué la economía del país ha llegado a tan difícil situación, basta examinar las cifras de ingresos y egresos. Los ingresos se reducen a las mermadas ventas de petróleo y los egresos están gravados  por los compromisos de un proyecto político que depende de grandes gastos para comprar voluntades dentro y fuera del país y supone la destrucción del aparato productivo como una manera de debilitar al sector privado. Es una situación en la cual el Estado se condena a un alto nivel de gastos para satisfacer su clientela política y para importar lo que ya no se produce en el país, sus ingresos se reducen por la falta de producción interna incluso en el área petrolera.

Este insostenible desequilibrio entre lo que se gasta y lo que ingresa está expresado en las mismas cuentas que publica el Gobierno. Para este año 2012 calcula que las importaciones llegarán a unos 55 mil millones de dólares. Vendiendo petróleo al precio real hasta octubre (104.09 dólares por barril), tendríamos que vender 1.447.640 barriles cada día. El problema es que no producimos esa cantidad de petróleo que tendríamos que vender para vender ese volumen de petróleo necesario para obtener los deseados 55 mil millones que no exigen las importaciones.

La producción real venezolana de petróleo es, según la OPEP, 2 millones 400 mil barriles diarios. Esto es bastante más del casi millón y medio de barriles que tendríamos que vender para pagar las importaciones. Pero resulta que el mercado interno se lleva 700.000 barriles diarios. Ya no quedan sino un millón 700 mil. A esto tenemos que restar 400.000 barriles diarios que debemos entregar a los chinos, quienes ya lo pagaron (y el Gobierno ya lo gastó). Queda 1.300.000 b/d, que ya son casi 150.000 barriles menos de lo que necesitamos para cubrir las importaciones. Y todavía no le hemos mandado su petróleo a Fidel y a todos los gobiernos del área cuyo respaldo Chávez ha obtenido regalándoles crudo. Hechas estas donaciones, al final de la película Venezuela no tendrá sino un millón de barriles diarios de petróleo para vender, poco más o menos.

En este punto se tropieza con una trampa presupuestaria suficiente para descalificar a cualquier administración. El Gobierno introdujo una cifra inverosímil en el Presupuesto 2013, la de que el precio del barril petrolero promediaría 55 dólares. Aparentemente, esta cifra sería producto de un cálculo conservador, pero en la realidad es un ardid para manejar sin control casi la mitad del ingreso petrolero –la diferencia entre esos 55 dólares supuestos y los 104 que promedió el barril venezolano. Esto les es posible gracias a la llamada Ley de Ganancias Súbitas, la cual pone en manos de Chávez, para gastarla a su placer, la diferencia entre el precio calculado y el precio real de venta. Por supuesto, mientras más absurdamente bajo se calcule el precio de venta en el presupuesto presentado a la Asamblea Nacional, más grande será el monto de lo que el Gobierno podrá gastar sin rendir cuenta a nadie. Alguien en la  Asamblea Nacional se atrevió a preguntar: ¿De dónde saca usted que el precio del petróleo bajará tanto como para llegar a 55 dólares?

Hecho este paréntesis en terrenos del absurdo, continuemos nuestro ejercicio.

Si en el 2013 mantenemos el nivel de importaciones del 2012 (55 mil millones de dólares), y el precio a los 55 dólares que dice el Gobierno, se necesitaría exportar 2.739.726 barriles diarios. Esto simplemente no es posible porque, como señalamos arriba, la producción es de sólo 2.400.000 barriles, de los cuales para vender sólo queda un millón de barriles.

Esta situación no es nueva. Cabe entonces que el lector se pregunte cómo el Gobierno llegó hasta el año electoral sin que se presentara la crisis que ahora es ineludible. Muy sencillo: endeudándonos. Y lo ha hecho de una manera calculadamente enredada, en primer lugar para confundir al prestamista que técnicamente no podría prestar a un Gobierno insolvente, y en segundo lugar para que se haga difícil precisar el monto global de la deuda, y hasta el seguimiento de su aplicación.

Otra pregunta posible: ¿Por qué no sigue haciendo lo mismo, aunque la deuda externa nos llegue al infinito? Porque nadie nos quiere prestar más. Lo último que nos prestaron los chinos fue con garantía de petróleo a precio vil y entrega inmediata, pero ya ni los chinos quieren prestan más, porque saben que nuestro petróleo ya está demasiado comprometido.

Con unos ingresos insuficientes y sin esperanza de que el petróleo suba significativamente -pues productores y consumidores están de acuerdo en mantener los precios actuales-, y sin posibilidad de conseguir préstamos en el volumen y condiciones que necesita, al Gobierno no le queda sino una política de restricciones de las que provocan disgusto social. Tendrá que devaluar, subir los impuestos, restringir las importaciones –en un país donde se importa hasta la comida- y así otras medidas que, de haberlas aplicado en este año electoral, hubieran significado la pérdida del poder. La inflación, que para el pueblo es simplemente hambre, galopará sin que se la pueda contener. Para saber las consecuencias políticas de esto, revísese lo que ha ocurrido en otros países que han vivido circunstancias parecidas.

@JFERNANDEZNUPA