El país de las maravillas y la necesidad de políticos locos por @nancyarellano

“No quiero caminar entre locos”, dijo Alicia.

“Oh, no puedes hacer nada”, le respondió el gato,

“todos estamos locos aquí”

L. Carroll “Alicia en el País de las Maravillas”

 

 

Alicia se aburre en el mundo y es –o se- somete a todas las adversidades y ocurrencias de lo inimaginable e ilógico.  Alicia crece y decrece, toma, bebe, abanica y vuelve a escabullirse. ¿Será así nuestro país?

 

Estamos de cara a una elecciones regionales adolecemos de la sobre y subestimación. La clase media muchas veces sobreestimada en su comprensión del acontecer nacional; la clase baja subestimada en su entender de los recursos necesarios para la rectificación. Necesitamos más políticos locos.

 

Vuelvo a Alicia. Y encontramos al misterioso gato que nos recuerda que todo es posible. El presidente enferma, mejora, debate frente al espejo, se empequeñece y se agranda, vuelve a enfermar. Ahora designa “sucesor”.

 

“No quiero caminar entre locos” debe ser la frase que todos los conciudadanos de este país debemos repetirnos día a día.  Pero quizás es la frase que más confirma nuestra propia locura.

 

Caigo en los brazos de M. Foucault. “Historia de la Locura” y retumba en mis oídos que (…) en ese vértigo en que la verdad del mundo no se mantiene más que en el interior de un vacío absoluto, el hombre encuentra también la irónica perversión de su propia verdad, en el momento en que pasa de los sueños de la interioridad a las formas del intercambio. La sinrazón toma entonces la figura de otro genio malo, ya no aquel que exilia al hombre de la verdad del mundo, sino de aquel que al mismo tiempo mistifica y desmitifica, encanta hasta el extremo desencanto”

 

Hemos descendido hasta el final del hoyo que da entrada al País de la Maravillas, donde todo es posible en la locura. ¿Pero a dónde conduce esa locura? ¿Será acaso al encuentro del sentido que nos ha llevado por la locura para finalmente vernos y reconocernos?  ¿Estaremos ante el “genio malo” que mostrará el encanto de la dualidad de nuestra abundancia y carencia como país?

 

Para Foucault la locura termina por asemejarse a “la ausencia de obra” a la capacidad de ver la “ausencia de algo” que será llenado por la locura; único sentido que permite que nos aferremos a ella, cual “oportuno pasamanos” –como diría W. Szymborska de la Poesía-  para la poiesis –creación.  En nuestro país hace falta esa locura; espero que estemos en ese País de la Maravillas donde la locura permita a nuevos políticos locos ver realmente dónde, cómo, cuándo debe ser llenado ese vacío existente con obra política.  Yo sí quiero caminar entre los locos creadores, que se erijan mil proyectos que rompan la continuidad de los vicios burdos, normales y racionales del egoísmo recalcitrante de un país de “chorochapucería”.  Que aclaro, no es más que la práctica sistemática y continua de la normalita viveza tonta del venezolano marginal que no tiene aspiraciones de trascendencia.

 

Una vez leía sobre los griegos (los antiguos claro está, por que de los actuales no creo que debamos tomar muchos consejos de desarrollo económico) y se hablaba de la necesidad de “trascendencia”. Los antiguos helenos querían realmente superar a la muerte y eso sólo se lograba en el “arte”  en la “creación”. El arte y creación superan toda mortalidad porque restituyen el valor de lo sagrado ligado a lo atemporal. Pero sólo es posible esa “atemporalidad” si el “areté” –la virtud- hace que el hombre se alce sobre la putrefacción de su cuerpo con lo creado. Así desde filósofos, políticos, tragediógrafos hasta arquitectos y escultores hurgaron en la simetría –la justa relación de la parte con el todo y del todo con la parte- y en la “comprensión de las leyes suprasensibles que gobiernan a la naturaleza”.

 

El reto hoy es el mismo. Comprender las leyes más allá de lo material que nos gobiernan como país, entender cómo cada célula del cuerpo social se engrana con el resto, superar la inmediatez de la putrefacción de nuestra corporeidad material y acceder a los grados de locura que nos conduzcan a la creación de cara a la “ausencia de obra”.  Necesitamos la locura suficiente para hacer posible lo que otros creen imposible.

 

El problema central deriva de que deben anularse a las fuerzas que pretendan importar soluciones; porque esta “locura necesaria” ha de ser nacionalista al extremo, democrática hasta los tuétanos y con un espíritu social que le lleve a tener la fuerza necesaria para combatir cualquier intento de provocación tecnocrática o derechista.

 

 

Veamos: ¿era yo la misma al levantarme esta mañana?

Me parece que puedo recordar que me sentía

un poco distinta, si no soy la misma,

la siguiente pregunta es ¿quién demonios soy?

Ah! Éste es el gran enigma”.

L. Carroll. “Alicia en el País de las Maravillas”

 

 

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