Qué esperar el 16-D por @felixseijasr

Cuando se analiza el comportamiento de un electorado, existen importantes diferencias entre elecciones presidenciales, regionales y locales. Las presidenciales son la vedette electoral, relegando a las otras dos a un segundo plano. Esta percepción trae consigo aspectos relevantes en el comportamiento de la población, quienes tienden a mirar a la figura del presidente como la de un ser muy poderoso que puede solucionarles los grandes temas de su vida, mientras que un alcalde es visto como aquella persona cercana que de manera directa limpiara el entorno en el cual vive y lo mantendrá bonito y funcional. El gobernador por su parte es ubicado en el medio de estos dos roles, pero siempre más hacia la figura del alcalde que hacia la del presidente.

La conexión de la gente hacia un presidente debe darse entonces, principalmente, desde lo emocional, quedando la razón en un segundo plano; está ha sido por más de una década la base del éxito de Hugo Chávez. Ahora bien, cuando se trata de un gobernador y aun más en el caso de un alcalde, lo racional adquiere un mayor peso en el sistema de valoración del elector. Si alguien lo va a ayudar con la limpieza de su hogar, a Usted le interesará que sea una persona honesta y que colabore de manera eficiente; el color que vista tendrá un menor peso. También es cierto que Usted podrá evaluar su trabajo de manera inmediata porque lo tiene allí mismo, en su casa.

Esto explica casos como por ejemplo el del Municipio Girardot del Estado Aragua, en el cual el Presidente Chávez ha venido ganando sistemáticamente elecciones de manera abierta y donde Isea venció con un buen margen como candidato a la Gobernación en el 2008, el resultado entre Bastidas y Mardo por la Alcaldía fue de tan sólo 151 votos a favor del primero. Otro ejemplo es el caso del Estado Zulia en el que el Presidente ha obtenido la mayoría de los votos en las dos últimas elecciones (incluso contra un candidato que era el Gobernador del Estado) y la oposición ha vencido en las últimas tres contiendas regionales.

La conexión emocional que con el Presidente Chávez aun existe en una parte importante de la población es significativa, así como lo es la percepción de que es él quien puede incidir de manera determinante en la solución de los problemas mayores de la gente. Estos son atributos que no se transmiten de manera directa a los “líderes” regionales del oficialismo, quienes por el contrario suelen carecer de los mismos, convirtiéndose en su principal debilidad. De allí la estrategia oficialista en todas las elecciones regionales y locales de asociar la imagen de sus candidatos con la del Presidente, para intentar de esta manera alejar al elector del escenario regional y ubicarlo en uno más cercano al de una contienda presidencial. Por su parte, la oposición debe concentrar sus esfuerzos en resaltar los atributos y liderazgo de sus candidatos intentando mostrar al elector una disputa en el plano local en la que no se enfrenta la figura presidencial.

Para las próximas elecciones de gobernadores del 16 de diciembre, cada fracción ha enmarcado su estrategia en estos términos. La oposición fue rápida en pasar la etapa de “choque” al reconocer de inmediato la derrota el 7-O, lo cual acortó en sus seguidores la etapa de “negación”, dando paso a la decepción, tristeza o “guayabo” que no es más que el camino a la “reconciliación” interna, lo cual permitirá, al menos en los estados en los que hemos medido, mantener un nivel de participación similar al registrado en las pasadas regionales de 2008. De igual manera, la oposición inició en cada estado su campaña enfocada en transmitir lo “local” de la contienda, reforzando la imagen de sus candidatos basados en sus propios atributos.

Por su parte, el oficialismo ha trabajado en transferir las “virtudes” de un presidente y un proyecto victorioso a la contienda en cada estado del país. Esto quedó aun más claro cuando en estados como Aragua y Anzoátegui no se acudió al liderazgo regional del PSUV para seleccionar a sus candidatos, sino que por el contrario se designaron personas foráneas que gozan de una alta y directa asociación con la figura presidencial.

A este proceso se le ha sumado el reciente anuncio del Presidente de un viaje a Cuba para atender asuntos de salud y ahora un segundo viaje para ser sometido a una intervención quirúrgica, anuncio en el cual abrió la posibilidad de ver interrumpido su período de gobierno. ¿Cómo incide esto en proceso electoral del 16-D? Lo primero que debemos señalar es que restan pocos días para las elecciones –y además días sin campaña electoral– como para que podamos observar grandes cambios en los resultados esperados. Del resto, cada fracción debe manejar esta nueva variable acorde con lo que son sus fortalezas y debilidades, es decir, el oficialismo debe acudir a la conexión emocional que existe con el Presidente y usarla a su favor, y la oposición por su parte concentrarse en reforzar la imagen de una contienda local, lo que puede resultar más efectivo sin la participación activa del Presidente.

Hasta el momento todo parece indicar que no habrá grandes cambios en el mapa político por estados luego del 16-D, pero si habrá algunos. De igual manera, existe la posibilidad de sorpresas que van a depender fundamentalmente de la estructura de la abstención el día de las elecciones. Como lo he dicho en reiteradas ocasiones, el tener la mayoría de la “intención” de voto no garantiza necesariamente la victoria electoral. Capriles en 2008 no tenía la mayoría de la intención de voto, pero el día de las elecciones acudieron a las urnas de votación más seguidores de él que de su contendor. La relación de fuerzas en cuanto a intención de voto entre Chávez y Capriles el pasado 7-O era de 55-45 a favor del primero. Durante el día de la elección, el exit poll conducido por Delphos demostró que la relación de votos rondaba en las primeras horas de la tarde 52-48 y de esa manera hubiese finalizado de no ser por el operativo de movilización de votantes activado por el Comando Carabobo, el cual a su vez fue registrado por el exit poll y que logró colocar el resultado final en 55-45.

Por supuesto, la estructura de la abstención cobra particular importancia en los casos en los que la diferencia entre candidatos es pequeña. Ciertamente, cuando la diferencia en la intención de voto es grande, es difícil que la estructura de la abstención pueda cambiar un resultado más allá de reducir o ampliar el margen de victoria de un candidato, al menos, claro está, de que ocurra un hecho de importancia y gran impacto el cual, por supuesto, sería público y notorio.

Como siempre, números van y números vienen levantando interés público. De igual manera, como siempre, el día de las elecciones llegará y ganarán aquellos candidatos por quienes más seguidores hayan acudido a las urnas de votación y ese resultado es el único que en realidad es irreversible. Si Usted tiene su candidato y quiere verlo gobernar, actívese y participe en la gran encuesta del 16-D, acuda a votar.

 

Félix L. Seijas Rodríguez

@felixseijasr