Thaelman Urgelles: Lo que desaparecerá es el poder vitalicio

Para complacer a varios amigos muy queridos me propuse no escribir hoy sobre la enfermedad del presidente y el resultado es que no he podido producir nada distinto. ¿Qué puede escribir un cronista político mientras el presidente de Venezuela se encuentra en un quirófano de tierras extranjeras, en una delicada operación cuyos resultados definirán la vida de cada uno de quienes vivimos en esta tierra entrañable?

He sido un opositor nítido de Chávez desde el 4 de febrero de 1992. He rechazado los modos y procedimientos por él utilizados para afianzar una férrea hegemonía sobre los venezolanos. Pero ello no me releva de reconocer el liderazgo que este militar metido exitosamente a político ejerce sobre una porción muy significativa de nuestros compatriotas. No hablo en este caso de mayoría, pues es evidente que entre los votantes que han garantizado sus victorias electorales hay una estimable franja que lo vota por razones pragmáticas y utilitarias, antes que por simpatía política y menos por afinidad ideológica. Pero la primera minoría que afanosamente lo respalda ha logrado construir un cerrado cerco de control sobre la población menos favorecida socialmente, con la ayuda de leyes e instituciones dictadas sin la transparencia exigible en democracia.

Por esto, la importancia de Chávez sobre el presente y el devenir de la república es demasiado gruesa como para ignorarla en un momento como el actual. Y todo indica que este presidente no va a poder continuar en su cargo por mucho tiempo más. Sinceramente espero que no sea a causa de su fallecimiento. Pero quienes conocen las características de su dolencia aseguran que si quiere vivir tendrá que separarse absolutamente de su cargo para dedicarse de lleno a tratarla.

Por lo pronto, hay dos hechos que pueden darse por irreversibles. El primero es que se avecina una nueva elección presidencial, una nueva oportunidad para que el campo democrático-liberal intente conquistar el poder para desarrollar su programa de cambio progresista; no estando Chávez como candidato, sus opciones crecen sin duda, pero no crean que será un camino fácil: por como se perciben las cosas no parece que en ella nada se puede dar por sentado. El segundo hecho irreversible es de mayor importancia para todos: con la salida de Chávez del juego político desaparecerá el único personaje que posee fuerza para reclamar para sí la presidencia indefinida de Venezuela. Cualquiera que gane la elección que se aproxima, incluido Maduro, tendrá que aceptar las reglas de una república respetable y moderna.

No es poco lo que ganamos los venezolanos por esta circunstancia. Lástima que sea a expensas de la salud o la vida de un ser humano. Pero ello no es culpa de nadie más que de su propia ambición.

@Turgelles