Una muñeca de culto

Las muñecas “Blythe”, comercializadas en los años 70 en EE.UU. y cuya venta fue retirada del mercado porque daban miedo a las niñas, se han convertido en un fenómeno de culto para artistas plásticos y coleccionistas, que personalizan estos ejemplares para crear personajes únicos.

Chus Serrano/EFE

La customizadora de muñecas Blythe María Sánchez explica a Efe que se inició en el mundo de la personalización a raíz de ver una postal de la fotógrafa estadounidense Gina Garan, que las tomó en los 90 a modo de antigüedades como modelos para fotografiarlas, y a partir de ahí ha inspirado a publicistas e ilustradores.

“Yo tengo que hacer esto”, pensó Sánchez, más conocida en la red como Cocomicchi, cuando vio la imagen, afición que ha compaginado desde 2008 con su trabajo, aunque se plantea dedicarse a ello de manera profesional.

El término customizar proviene de la palabra inglesa “customise” (personalizar) y hace referencia a un proceso que comprende quitar el “maquillaje de base” de la muñeca, el tallado de la cara, la pintura, el cambio de pelo de fábrica y la confección del vestuario.

La artista señala que le gusta crear “personajes de fantasía con un toque realista”, para lo que se inspira en pintores como Dalí, películas, objetos fetichistas, la noche, el mundo gótico, sentimientos o cosas que hay a su alrededor, y cuyo estilo define como “fantasía picaresca”.

Las Blythe personalizadas son difíciles de encontrar en tiendas, ya que el mercado de estas muñecas se mueve en internet, principalmente en eBay.

Los aficionados se conectan a través de las redes sociales, en las que destaca Flick, por lo que María saca a subasta los personajes que crea o los realiza mediante pedido.

Ha destacado que sus clientes conocen su estilo y le dejan “rienda suelta”, aunque algunos le piden cosas especiales, como un tributo a Van Gogh, un ejemplar en el que tatuó cuadros del artista en los párpados o en la piel y detalles de la vida del pintor, como su oreja cortada, su personalidad triste o su adicción a la absenta.

Provocar y romper con los clichés clásicos es lo que busca en sus creaciones, como “Dalilea”, un homenaje a Salvador Dalí donde presenta varias de sus obras pintadas en el cuerpo o en el vestido y elementos característicos, como su alocado bigote, cuyo trasfondo es la liberación: “Una mujer que lleva un bigote, encara todo en la vida”, afirma.

Otro de sus personajes favoritos es una Blythe inspirada en la película “Avatar”, que sacó a subasta y se adquirió por 1.800 euros, y ha vendido muñecas personalizadas en países tan dispares como EE.UU., Australia, España, Holanda, Tailandia, Brasil y Argentina.

“Blythe -dice- es una fantasía” y algo fuera de lo común que representa unas pautas de belleza distintas, aunque existen detractores que defienden que sus rasgos simulan la anorexia.

Por su parte, Ismael Ríos vio por primera vez una de estas muñecas en las pegatinas de una campaña publicitaria en 2001 y 2007 empezó a coleccionarlas y entró en contacto con la “comunidad Blythe”.

En la actualidad tiene 43 ejemplares, aunque ha llegado a tener más de 75, y el mayor precio que ha pagado por una de ellas han sido 1.100 euros.

Lo que más le atrae de estas muñecas es su “fotogenia”, su capacidad de “transmitir tantos sentimientos” cuando posan para la cámara.

Ríos organizará, junto a otros, la “Blythecon Europe”, un encuentro de carácter anual que se celebrará el 29 de junio de 2013 en Barcelona en la Casa Capell, donde customizadores y diseñadores de ropa y complementos podrán compartir sus creaciones y sus vivencias. EFE