Fotos aterradoras invitan al mundo a pensar antes de actuar (Imágenes)

De10El 7 de octubre de 2001, diversas tropas estadounidenses, junto con algunas británicas y de otros países llegaron a Afganistán para establecerse en dicho país y con ello, iniciar una supuesta guerra contra el terrorismo, tras los ataques a Nueva York suscitados el 11 de septiembre de aquel año.

Un poco más de 28 mil soldados del país vecino fueron enviados para participar en esta operación que se extendió por más de una década y de los cuales, según el periodico.com, cerca de mil 600 de estos hombres han fallecido en el campo de batalla. Por parte del Reino Unido, en un principio se mandó a un poco más de 15 mil combatientes, de los cuales han perdido la vida unos 368.

Aquellos que han corrido con mejor suerte, por supuesto que no han tenido una vida fácil. El vivir en medio de la guerra merma el físico y la mente, dejándoles una huella imborrable de por vida.

Lalage Snow es una fotógrafa escocesa que decidió hacer un experimento con soldados británicos del Primer Batallón del Regimiento Real de Escocia. Como explica pijamasurf.com, durante ocho meses retrató a estos caballeros en tres momentos cruciales de su vida: antes de ir a la guerra, su estancia en Afganistán y su regreso a casa.

Este trabajo denominado “We Are The Not Dead”: Soldiers on Afghan Mission (“No somos los muertos”: Los soldados en la misión afgana) nos muestra claramente cómo el gesto de cada uno de los retratados cambió de manera radical durante estas tres etapas. En De10.mx, con información publicada en telegraph.co.uk y en abcnews.go.com, te mostramos 10 de estas fotografías que de seguro te harán reflexionar.

Chris MacGregor tiene 24 años y antes de partir a la guerra, comentó que extrañaría a su familia y sobretodo, a sus perros, pues eran sus mejores amigos y sus más fieles compañeros.

Meses después de haber llegado a Afganistán aceptó que estar lejos de casa es una experiencia difícil de superar, que el miedo es lo que logra mantenerlos vivos y que no hay nada más difícil que ver morir a un compañero.

Cinco meses después, volvió a casa por una lesión en las rodillas y lo primero que hizo fue salir a caminar varios kilómetros con sus perros, sin parar, intentando encontrar un sentido al conflicto armado en el que participó.

Sean Patterson tiene 19 años de edad y dejó su casa a principios de marzo para enrolarse en el ejército. En aquel momento señaló que lo que más odiaba eran las despedidas y que no tenía miedo de lo que pudiera vivir en la guerra.

Patterson fungió como patrullero de zona, le tocó vivir bombardeos y ver cómo es que gente inocente en dichos ataques perdieron sus extremidades. Al vivir eso, acepta haber sentido mucho temor de ser el próximo que pudiera vivir un accidente similar.

A regresar a su casa, este soldado acepta que su vida no podrá ser la misma y que difícilmente podrá desempeñarse en otro tipo de empleo, además de que aún no encuentra la justificación de esta guerra.

Jo Yavala tiene 28 años y dice tener experiencia en este tipo de situaciones, pues estuvo en Irak durante un tiempo antes de ser enviado a Afganistán. Este hombre declaró que lo que más extrañaría sería a su familia.

También se desempeñó como patrullero y aseguró que lo más duro que le tocó vivir fue el haber escuchado una explosión y posteriormente, ser notificado por la radio que ayudara a una persona lesionada. Al momento de llegar ahí, se percató que ésta había perdido las piernas, una imagen que le causó gran impacto.

En octubre volvió a Edimburgo y ahí señaló que durante su estancia, rezó todos los días por él y su familia, que le cuesta dormir por las noches e incluso, ha tenido pesadillas de las cuales despierta llorando.

Steve Anderson de 31 años de edad, partió de Edimburgo con la creencia de que la experiencia de la guerra sería algo horrible y que habría mucho trabajo por hacer. En aquel momento aseguró que no tenía miedo de morir, pero sí de sufrir un accidente el cual le dejara mutilado.

Ya en territorio afgano comentó que lo peor de todo son las condiciones de vida, en medio de la suciedad, la falta de agua y el cansancio extremo. Al volver a casa, lamentó que mucha gente esté perdiendo la vida con menos de 45 años, que no haya los medicamentos necesarios y sobretodo, que hay muchos niños que han sido víctimas de la crueldad de algunas tropas que no tienen compasión de ellos.

Steve Gibson tiene 29 años, está casado, tiene dos hijos y otro nacería en agosto de 2011. En marzo de aquel año dejó su casa para ir a la guerra. En aquel momento pensó que lo peor que podría pasarle serían no regresar con su familia.

Durante su estancia en el país asiático, se percató que muchos de sus compañeros se refugiaron en la Biblia, por lo que él también comenzó a leerla, para así sentir cierto alivio.

Este hombre tuvo que regresar a casa a mediados de octubre, tras sufrir una lesión, luego de una fuerte explosión. A pesar de estar con su familia, le ha costado readaptarse a su hogar y muchas veces piensa en lo que se vive en Afganistán.

Matthew Hodgson decidió dejar su casa a los 18 años para enrolarse con el ejército y participar en este conflicto armado. En aquel momento lo único que le daba miedo era perder a sus amigos, aunque estaba seguro que no serían muchas bajas.

Le tocó vivir uno de los ataques aéreos más feroces con bombas sobre territorio afgano; sólo recuerda fuertes explosiones y ver como varios soldados locales habían perdido sus piernas. Al regresar a casa, se percató que la realidad que vivió es muy distinta a la que la gente tiene, por lo que ve en la televisión.

David McLean tiene 27 años y antes de partir, declaró que no tenía miedo de ir a la guerra, pues ser soldado es su trabajo y durante mucho tiempo se han preparado para cumplir su misión.

Durante su estancia en Asia aseguró que había trabajado muy poco y que incluso se sentía aburrido, que lo peor era la comida y que lo único que extrañaba de Escocia era el alcohol y las mujeres. Regresó a casa a principios de octubre, luego de que fuera herido de bala en una pierna.

A Dylan Hughes le tocó participar en la guerra a los 26 años de edad; al principio dijo no tener miedo de ir, pues a fin de cuentas, era su trabajo. Sin embargo, allá se vio cara a cara con francotiradores talibanes, lo cual le hizo pensar que en cualquier momento podía morir.

Regresó a casa un par de meses después, avergonzado del trato que allá se le da a las mujeres y con la idea de que esta es una batalla absurda y perdida.

Desde un principio, el cabo Sean Tennant no veía con buenos ojos ser reclutado para ir a Afganistán, ya que creía que sólo dejaría un shock mental a todos esos que participaran en la guerra.

Estando en territorio enemigo, dijo no sentirse abrumado, pues anteriormente estuvo en Irak y la situación no era muy distinta, sólo que es necesario mantenerse siempre bien alertas.

Al regresar a casa, señaló que los enfrentamientos parecieran ser muy similares a los que se viven ahora en territorio mexicano y asegura que le ha costado reintegrarse a su vida normal.

“Mis amigos creen que soy brava, pero en realidad no es así”, decía Becky Hitchcock antes de partir en casa rumbo a la guerra, la cual decía era un bien para todos, aunque la televisión enseñara todo lo contrario.

Durante su estancia, lo más duro que vivió fue salvarle la vida un soldado afgano, a quien una ametralladora le destrozó la pierna izquierda y le hirió de gravedad. “Sólo olía como a carne quemada, podrida”, recuerda esta mujer, quien al regresar a su país, asegura que vivir tan cerca de la muerte, le ha hecho crecer, madurar y apreciar todo lo que tiene.