Américo Martín: ¿Lágrimas?

I

Desbarra el que dude de la responsabilidad exhibida por la oposición a lo largo de la evolución de la enfermedad del presidente, y si pese a todo la objeta es porque cree que la falacia puede brindarle réditos políticos de un gobierno que le niega a la disidencia la sal y el agua.

Si el país no estuviera tan lamentablemente dividido porque así lo ha querido el régimen, la discreción de la alternativa democrática habría sido reconocida por todos, gobierno y oposición. Pero en el enrarecido clima bajo el que se nos gobierna, semejante admisión podría perjudicar la ubicación individual que esperan no pocos en el eventual poschavismo. Mucho más cuando aprovechar la enfermedad del presidente pareciera haberse convertido en un arte entre quienes se atropellan para ganar la sucesión.

Digámoslo de este modo: la respetuosa discreción de la oposición es sincera, en tanto que el alboroto emocional en el oficialismo puede tener más de cálculo que de genuino afecto. Me refiero, claro está, a la cumbre del poder porque puedo aceptar sin reservas que sean genuinas las lágrimas del militante de base, unido al presidente por lazos que van más allá de la razón.

El problema es que en los círculos más elevados del bloque chavista conocían varias cosas que los demás mortales ignorábamos.
El presidente no estaba en condiciones de asumir la candidatura para el reto comicial del 7 de octubre. ¿Por qué lo alentaron entonces a que se metiera en el ruedo, en lugar de recomendarle que no lo hiciera? Hacer lo primero era el colmo del oportunismo, la hipocresía escondida detrás de frondosas alabanzas. Era empujarlo al precio de su salud para que les defendiera sus privilegios y posiciones de poder. En cambio, hacer lo segundo era dar un testimonio de afecto y lealtad por encima de cualquier otra consideración. Es muy dudosa la amistad de puras ventajas y ningún sacrificio.

Para decidirse por la salida diabólica, hicieron un esfuerzo mayúsculo -al que contribuyó el mismo presidente- destinado a asegurar que el hombre había vencido la peligrosa amenaza. En fin, ya estaría en plenitud de condiciones. No quedaría ni media célula maligna. Queriendo borrar cualquier vestigio de incredulidad, el presidente se dio a saltar en la tarima y a entonar ruidosas canciones.

II

Fiel a la conducta discreta que ha observado durante los altibajos de este mal, la unidad democrática se guardó sus reservas, de las que por razones de principio no se valió para provecho electoral, y aceptó la explicación oficialista de la definitiva sanación, que no fue alterada ni siquiera cuando tuvo evidencia de que sectores del chavismo sacaban cuentas con la suerte del presidente.

Detengámonos en dos llamativos incidentes. El primero, el anuncio de la nueva operación quirúrgica y la entrega de la espada de Bolívar a Maduro no fluyó en vivo-directo. No. Ocurrió días antes como lo evidenció una de las usuales torpezas del gobierno: a las primeras horas del día siguiente, el “espontáneo” discurso circuló profusamente en edición impresa de lujo. El presidente terminó sus palabras a eso de las 0: 30 pm. Resulta imposible que la vistosa publicación se produjera en tan pocas horas. Entendamos que fue una grabación escenificada cuando menos uno o dos días antes, si no más. ¿En Venezuela? ¿En Cuba? Todo fue pues cuidadosamente ensayado, incluso las lágrimas que iluminaron la mirada de varios de los compungidos presentes.

El segundo incidente es más sórdido. Recordarán mis lectores la compra-venta de gente de opositora encomendada al converso David de Lima, quien definió brutalmente los términos del negocio. A los que vendieran su alma no se les pediría que apoyaran a Chávez sino que condenaran a Capriles y su supuesto paquetazo -¿qué dirán del que nos espera en enero?- Para dañar más a sus antiguos compañeros se les sugirió que hablaran desde la oposición, como si fueran su ala virtuosa.

La captura de un par de peces hambrientos puso en marcha la operación que fue parada en seco por García Urquiola de Democracia Renovadora y Macario González, líder nacional del MAS. García Urquiola –de cuya integridad tengo largas pruebas- fue a la televisión y denunció indignado la infecta oferta

III

Lo de Macario fue todavía más interesante. Le ofrecieron sumas deslumbrantes alegando que, por ser jefe de la MUD en Lara, “valía más”. Comprendiendo que a un personaje tan probado había que revestirle políticamente la operación le acotaron algo que los acontecimientos de hoy confirman con la fuerza de un manifiesto.

- Oye Macario, tú eres un excelente líder político. Incorpórate con nosotros y no sólo te harás rico sino que jugarás un papel político de primer orden.
Los emisarios habían sido cuidadosamente escogidos. Habían sido compañeros suyos cuando ejercía la presidencia de la FCU de la ULA. Se sintieron autorizados a la confidencia.

- ¿Cómo es eso? respondió Macario para animarlos.

- Hay algo que debes saber. Chávez ganará la presidencia el 7-O, pero desgraciadamente no sobrevivirá. Se desatará la demoníaca lucha entre Maduro y Diosdado y nosotros sabremos colarnos para dominar posiciones propias

- Han olvidado amigos -volvió Macario- la palabra dignidad. Yo no me vendo ni por todos los haberes de la tierra.

Era conocido en el oficialismo el estado terminal del presidente. Algunos, simulando haberse enterado tardíamente, derramaron lágrimas, sí, pero de lagarto.

La descomposición moral que flota en el ambiente hace imperiosa una participación activa del pueblo. En sus manos quede el destino del país. En la institución del sufragio la salida idónea. Hay que votar el domingo. Abstenerse es un crimen. ¿Capito?