Carlos Blanco: Serenos, hacia la tormenta

Dos acontecimientos recorren el espinazo de este espacio del planeta: las elecciones de gobernadores y la enfermedad del Presidente. En uno de esos extraños corcoveos de la historia se unen dos trances colosales que convergen en el fin de una época. El eclipse de Chávez, sea lo que sea que ocurra en adelante, cierra un tiempo venezolano; la elección de gobernadores -al margen de sus resultados- recuerda que hay movimientos tectónicos gigantes que no pueden ser domesticados por las circunstancias y están allí como referencias; fuerzas hondas que de cuando en cuando brotan para recordar que no todo es voluntad.

En 1986, la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE) planteó su primer conjunto de propuestas denominadas “Reformas Políticas Inmediatas”. Un grupo de ciudadanos, presididos inicialmente por Ramón J. Velásquez y más adelante por Arnoldo J. Gabaldón, desarrolló el plan más audaz y transformador que se haya formulado en Venezuela desde la reconquista democrática de 1958. La COPRE planteó la elección de alcaldes y gobernadores por votación popular, directa y secreta. Hubo resistencias múltiples; se opusieron algunos de los “notables” que después le pavimentaron el camino a Chávez; importantes dirigentes de entonces se resistieron; en los partidos hubo divisiones entre los que impulsaban las reformas y los que las frenaban. En esa lucha se llegó a la campaña electoral de 1988 y ocurrió la convergencia afortunada de que los dos principales candidatos presidenciales, Carlos Andrés Pérez y Eduardo Fernández se comprometieron con sus programas de gobierno a impulsar la descentralización. El estado de opinión pública promovido por la COPRE, el compromiso de los candidatos, la presión introducida desde dentro y desde fuera hacia los partidos, determinó que 4 meses antes de las elecciones se produjera un hecho histórico: la aprobación de la Ley de Elección y Remoción de Gobernadores.

Debe anotarse que hay una falsedad difundida en los interesados en restarle mérito a quienes impulsaron la reforma del Estado, según la cual la elección de gobernadores se produjo a consecuencia del Caracazo ocurrido en febrero de 1989. No es cierto. Como queda dicho más arriba la aprobación de la ley se produjo medio año antes, en agosto de 1988.

En la campaña electoral y luego al tomar posesión Carlos Andrés Pérez, el país entró en el turbión de las reformas políticas y económicas. Los temas de descentralización, reforma electoral y de los partidos, reforma judicial, reforma administrativa, propuestas de nuevas políticas públicas, participación ciudadana, reforma de las Fuerzas Armadas, de la presidencia de la República, entre muchos otros temas fueron parte del esfuerzo por pensar de modo integral la transformación de Venezuela. Miles de personas participaron; miles de ciudadanos fueron consultados. Fue un tiempo en que era posible imaginar un país renovado que despuntaba en los pasos que entonces se dieron. En la generación a la que pertenezco tuvimos la certeza de que construíamos un futuro que ya se podía tocar. El presidente Pérez se atrevió y así el 3 de diciembre de 1989 por primera vez en la historia de Venezuela se eligieron gobernadores y alcaldes. Un gobierno de un hombre de AD con gobernadores adecos, copeyanos, del MAS y de la Causa R.

Venezuela vio ese tiempo con intensidad. Los estados asumieron competencias en puertos, aeropuertos, vialidad, salud y educación, vivienda y policía; florecieron las ciudades; se generó un liderazgo que pasó a tener relevancia nacional. Llegó entonces este gobierno que le cayó a machetazos a la descentralización;por eso en el congelador del despotismo han florecido muchos vicios “nacionales” convertidos en “regionales”, roscas, corrupciones, nepotismos; aunque también obras, líderes y esperanzas. La descentralización está allí; aun los gobernadores y alcaldes rojos cuando son exigidos por sus ciudadanos a veces tienen la tentación de desobedecer al caudillo. La descentralización generó una estructura en la cual sigue viva la posibilidad de un país diferente y es la quilla que ha mantenido sin hundirse el resto de institucionalidad que queda.

MIENTRAS TANTO… Chávez libra la única batalla que en realidad ha asumido. Ni ha corrido ni se ha rendido. Se ve que ha dialogado con la muerte y por primera y única vez se ha visto en verdad como un paseante por la vida y por la historia. No es aquella brizna de paja retórica en el huracán revolucionario sino el hombre solitario al cual todo el poder que ostenta se le convierte de verdad en la quebradiza paja que solía invocar.

La ausencia de Chávez ha comenzado a producirse al margen del desenlace de su enfermedad. Dure lo que dure, la vida lo confina al diálogo indefinido con la malvada visitante. Esa ausencia suprime el centro organizador del sistema planetario bolivariano; el sol rojo se apaga y los planetas enloquecen. Las dos grandes tendencias: civil-cubana y militar-nacional se enfrentan. No son Nicolás Maduro y Diosdado Cabello los autores de la batalla sino los instrumentos de las fuerzas en las cuales se inscriben. Mientras Chávez pueda, moderará el enfrentamiento; luego se contarán los cañones. Si es que no se disparan.

Esa lucha interna responde a la naturaleza de las fuerzas que Chávez aglutinó. Él era su pegamento; una vez que no pueda seguir revolviendo la emulsión que creó,cada componente del potingue ocupará el espacio que su densidad permita. Aunque es un problema interno del chavismo, algunos de sus grupos tienen la tentación de convocar aliados opositores a acompañarlos en esa guerra muerte; mal haríael chavismo en tratar de involucrarlos y mal harían éstos en dejarse.

La oposición tiene un papel fundamental y es aglutinarse toda, en forma realmente unitaria, al superar las exclusiones y el sectarismo que se impusieron en la pasada campaña electoral. La oposición necesitará un candidato, pero hoy, lo que es hoy, necesita líderes visionarios, estadistas, conductores capaces de ver el porvenir en forma amplia y no por el pequeño orificio de sus ambiciones personales. Lo que podría unificar a la oposición democrática son elementos concretos como la libertad de los presos políticos y el retorno de los exiliados, la reestructuración del CNE; la restitución de competencias a los estados y municipios; la renovación del alto mando militar con oficiales institucionalistas; la reestructuración de PDVSA; la designación de un gabinete con individuos competentes; respeto a las universidades; propuestas de política social con capacidad de trascender las dádivas, ahora más difíciles. Con unaagenda así se amplía la unidad democrática, se puede dialogar con las dos tendencias del chavismo, y se puede escoger un líder idóneo que encarne realmente la propuesta democrática, contemporánea y transformadora que el país requiere. 

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