El verdadero significado de los regalos navideños

Especialmente en la temporada navideña somos más propensos a dar regalos; nos convertimos en personas dadivosas y pródigas, pues la sensación de repartir obsequios al por mayor nos da una sensación de bienestar. Pensamos que al brindar un regalo nos encontramos realizando una buena acción y tendemos a hacer una asociación entre regalo y bondad, de hecho si no le regalamos algo a las personas importantes que nos rodean nos sentimos en deuda con ellas, pues  nos han enseñado que debemos obsequiar a la gente que queremos. de10.com.mx

Existen diversos motivos inconscientes que refuerzan nuestro impulso de regalar.

  • Sensación de omnipotencia.  En ésta época del año la mayoría de nosotros recibimos un aguinaldo, es decir,  tenemos algunos billetes de más, lo cual nos brinda la fantasía de abundancia económica, pues generalmente la gente tiende a pensar positivamente y no analíticamente. Cuando pasamos por una época de abundancia se piensa que ésta anuncia tiempos mejores y que así será durante el próximo año, por lo menos evitamos meditar y prevenir, sólo queremos sentirnos bien, pues se supone que en esta época del año todo mundo debería sentirse feliz.

Ante esta situación, medita sobre tus compras, administra tu dinero, piensa que actuar con responsabilidad es la mejor forma que tienes de demostrar que piensas en el bienestar de tu familia. El ejemplo de la responsabilidad es el obsequio más valioso que puedes ofrecer y dura toda la vida, no caduca ni se devalúa con el tiempo,  su valor es infinito y  la mayor parte de las personas, además otorga la mejor recompensa posible paz interna, porque sabemos que es bueno pensar por el otro.

  • Liberar culpas. La Navidad coincide con la culminación del año, esto moviliza  una introspección de consciencia, conscientemente e inconscientemente se movilizan afectos en torno a nuestro comportamiento, principalmente culpas.

Los regalos son una excelente oportunidad para saldar las culpas, sin embargo debemos tomar en cuenta que el tipo de culpa que prolifera en Navidad, aunque suene paradójico, es la culpa persecutoria, esta es por ejemplo aquella que sienten los padres que han estado ausentes física o  emocionalmente de sus hijos, o al revés; las parejas que se han agredido o separado; los abuelos que han extrañado la visita de hijos y nietos, entre otros.

El obsequio nos disculpa simbólicamente, cambiamos la ausencia de cariño, respeto y  atención por un “buen regalo”, entre más cueste más nos libera, sin embargo, la persecución de consciencia no termina nunca, es cíclica y aumenta con los años,  y con las navidades. No te llenes de deudas emocionales, porque cobran intereses muy caros, los más caros que existen. La culpa persecutoria sólo busca aplacar al afectado y disminuir nuestro remordimiento.

En ocasiones nuestro deseo de regalar obedece a necesidades mejor justificadas. Es realmente hermoso contemplar el brillo en la mirada del niño que recibe el cochecito de juguete que tanto deseaba que le trajeran los Reyes Magos o Santa Claus, es cierto que ningún niño debería sentir frustrado el deseo de lo que les pidió a estos personajes,  sin embargo, no desvirtuemos la ilusión del niño distorsionando su visión de amor e ilusión, porque el mejor regalo no es el más caro sino aquel con el que hacemos sentir bien a su destinatario. No sirve un regalo cuando se da para encubrir la falta de atención física y emocional, sirve cuando la persona que regala está ahí todo el tiempo. Recuerda: el regalo no suple algo, sólo es un detalle divertido y sorpresivo.

Si acostumbras a dar regalos en esta temporada asegúrate, por lo menos, de llevar a cabo la elección adecuada de acuerdo a la personalidad del individuo a quien va dirigido. Ponte en el lugar del otro, piensa como él,  toma en cuenta su edad, intereses, creencias, vocación, temperamento, sensibilidad etcétera.

Si haces la elección perfecta, no importará entonces si el regalo es costoso o si se trata de un  producto que está de moda.  Muestra  interés genuino por pensar en la otra persona,  no pienses en lo que creas que agrade, piensa tal y cual pensaría el otro, a veces esto cuesta trabajo, pero entre más te esmeres por hacer sentir a la persona especial, única y querida, mayor aportación generará en ambos: entre quien da y quien recibe el regalo.