Gonzalo Himiob Santomé: Frente al ocaso

ARCHIVO

No vale la pena perderse en rumores sobre el verdadero estado de salud de Chávez; tampoco considero oportuno medir lo que pueda o no estarle pasando sobre la base de los análisis, siempre muy subjetivos, de las caras de sus acólitos cuando “informan” sobre los resultados de su reciente operación. Creo por el contrario que debemos ceñirnos a los hechos, a lo que más asépticamente podemos concluir de toda esta historia, para sacar las conclusiones más acertadas de esa manera.

El primero de los hechos, incontrovertible por demás, es que Chávez nos mintió. Varias veces durante su campaña electoral nos aseguró a todos que “estaba curado”. Esto a la larga (la verdad es muy terca y siempre aparece) resultó ser falso pues no hay médico que no te diga que lo que el presidente reconoció el fin de semana pasado, con respecto a los dolores que estaba sufriendo, y en relación a la recaída en su enfermedad, es algo que ha debido saber desde hace mucho tiempo.

Nadie sabe, o mejor dicho, muy pocas personas saben a ciencia cierta qué le pasa, pero el sentido común y la experiencia comparada en pacientes en similares condiciones, nos dicen que cuando Chávez afirmaba el “milagro” de su curación, no estaba más que engañando al pueblo entero y muy especialmente a sus seguidores. El fin de tal despropósito era netamente electoral, Chávez sabía que si él mismo no era el abanderado principal de su proyecto éste caería cual castillo de naipes.

El segundo hecho, también indiscutible, es que su cáncer sea del tipo que sea, ha hecho lo que en términos médicos se conoce como “metástasis”, lo que significa que se ha extendido a otras partes de su cuerpo, y nos lleva a concluir forzosamente que no se ha curado, como él mismo tuvo que aceptarlo. De no haber sido así, los tratamientos originales a los que se sometió hubiesen sido completamente efectivos, pero ahí sólo deberíamos acotar que con una enfermedad como el cáncer eso nunca se sabe en realidad.

Sin embargo la cosa no se queda allí, pues si como parece el cáncer ha llegado a afectar su columna, para lo cual tuvo que ser intervenido en una compleja operación que llevó más de seis horas, no podemos sino concluir que su situación es mucho menos auspiciosa de lo que se nos ha dicho, probablemente gracias a los excesos en esteroides y otros abusos contra si mismo a los que se sometió voluntariamente durante la campaña presidencial. Por esto estimo yo, sin pecar de pitoniso, es que se aventuró a designar un “sucesor” tomando en cuenta además la posibilidad, por él mismo aceptada, de que en el corto plazo deba separarse de la presidencia.

Otro hecho de indiscutible veracidad, es que tan estaba consciente Chávez de la gravedad de su situación, que tuvo que pedir un permiso “indefinido” a la Asamblea Nacional, para llevar adelante lo que ahora ya es una realidad: un proceso postoperatorio sumamente difícil y lleno de riesgos, que sólo podrá superar guardando absoluto reposo y siguiendo al pie de la letra las prescripciones de los médicos que lo tratan.

De estos hechos, que lo son, y no creo que siquiera los oficialistas estén en capacidad de desvirtuarlos, se pueden extraer algunas consideraciones. La primera tiene que ver con el desempeño de las cúpulas oficialistas. Chávez tuvo que venir al país a poner orden en sus filas, y el mensaje que transmitió acompañado de Maduro y de Cabello (que representan respectivamente las alas civil y militar de su proyecto) no puede ser más claro. Pide a sus acólitos en primer término “unidad”, mostrando a qué tipo de unidad se refiere, y dejando claro que sólo mediante la conjunción de esfuerzos entre lo militar y lo civil podrá la “revolución” sobrevivirle.

Está muy claro además, que Chávez mismo se ha dado cuenta de que existe una firme posibilidad de que en la obra a estrenarse en los próximos lustros, él no sea ya uno de los protagonistas, por lo que ha empezado a asumir que su voz quedará en todo caso en “off”, como un referente mitificado, pero no como la del líder que indiscutiblemente fue hasta hace unos años.

El primer problema con esto es que ni el liderazgo ni el carisma se delegan. Puedes ungir a quien tú quieras como tu sucesor, pero si éste no está a tu nivel poco o nada podrá hacer para granjearse las simpatías de tus seguidores. Por otro lado, hay en el empeño de Chávez una sobrevaloración, hasta cierto punto ingenua, de la lealtad de quienes les acompañan. No sé, pero me cuesta mucho creer que entre estos lobos no se presenten, diga lo que diga el caudillo ya en declive, fieras pugnas por asumir el puesto que ya se ha empezado a abandonar. El botín es muy suntuoso, y a más de uno ya se le deben estar alborotando, in pectore, las ansias de hacerse de él, sobre todo porque si la “revolución” mantiene el control del país, ellos saben que será mucho más fácil mantener la impunidad con la que han venido obrando hasta ahora.

La otra cara de la moneda tiene que ver con el liderazgo opositor. Es cierto en primer término, que debemos ocuparnos del reto que hoy mismo enfrentamos en las elecciones regionales, pero ello no obsta para que también comencemos a evaluar cómo actuaremos ante la transición, que ya comenzó.

Si esta transición va a ser larga o corta, si va a ser sencilla o muy complicada, está por verse; pero igual se pueden ir analizando todos y cada uno de los escenarios, con miras a tener listas las líneas de actuación según corresponda. Es necesario reforzar la unidad, revisar las posibilidades y articular respuestas claras y contundentes ante cualquier situación que se presente.

Es necesario comenzar a pensar en quién será nuestro abanderado para unas eventuales elecciones presidenciales anticipadas, y desde ya. También tenemos, lo indica la más elemental prudencia, que pensar en un posible escenario (destaco, sólo posible por ahora), en el que la ausencia absoluta de Chávez, sea por su desaparición física o porque su enfermedad la imponga, se adelante o se anticipe.

Me adelanto a los oficialistas detractores indicándoles que no se trata de “necrofilia” ni mucho menos. Se trata de pensar en el país y de comprender, por duro que suene, que importamos más casi treinta millones de personas que una sola. Esté o no Chávez los demás seguiremos acá lidiando con los problemas, que de irse, él nos heredará a todos.

Sobre estas bases, lo lógico sería comenzar a trasegar los caminos del entendimiento dejando toda radicalización atrás. Una buena muestra de ello y un excelente primer paso, por ejemplo, sería el de conceder este mismo diciembre a todos los exiliados, presos y perseguidos políticos una amnistía general que permita que pasen estas fiestas en sus casas.

Queden entonces con ustedes estas reflexiones. De momento hoy, como nos corresponde si es que en verdad somos ciudadanos demócratas y conscientes, vayamos a votar hoy por las opciones que mejor nos parezcan. Ya hay demasiados imponderables sobre la mesa como para dejar además que sean otros los que decidan por ti.

@HimiobSantome