Juan Carlos Sosa Azpúrua: Los elegidos

El pueblito era un cuento de navidad. El perrito merodeaba con su colita juguetona y Tony, el mensajero, entregaba el sobre a don Ignacio, que leyó con su panza al aire. Era la quinta vez.  “¿Hasta cuándo fastidiará esta vieja?” Isolda, la mujer telaraña, vivía con su gato Tico y un lorito poeta. Su vida tranquila cambió cuando llegó don Ignacio. La casa de su vecino era diferente. Cada noche entraban mujeres de todos los colores y voluptuosidades. También unos tipos sospechosos.  Como a las doce, lo único que se escuchaba en aquella calle idílica eran los sonidos del pecado.  Isolda hizo peticiones al alcalde, al editor y al policía. Pero la señora ignoraba que don Ignacio era apreciado. Los solteros hacían sus sueños realidad y los casados escapaban de la rutina.  Una tarde, jugando canasta, su amiga Clarita sugirió que el comité de damas escogiera a un hombre para que les representara en sus quejas, porque así les harían caso y las respetarían. Pancho, Bruno y Jimmy fueron citados por sus madres y esposas para que escogieran quién entre ellos asumiría la difícil encomienda. Se lanzaron dados y Jimmy fue elegido. “Tú tarea será ir cada noche a casa de don Ignacio y disuadirlo.” Jimmy no tuvo empacho en aceptar, “tan bello él”. Es más,  para mayor tranquilidad del comité, les juró que se haría acompañar por sus dos amigos; y además irían con el alcalde, el editor y el policía.  Al enterarse, Isolda respiró contenta y abrazó a su gato con cariño: “Que vecinos tan buenos tengo”.  A las doce de las siguientes noches, los gemidos eran iguales y los invitados los mismos. Pero Isolda, Clarita y las demás no podían quejarse.  Allí estaban los diligentes Jimmy, Pancho y Bruno para resolver. Y lo mejor, el Lorito comenzó a sonarle a Isolda igualito que Rubén Darío.

@jcsosazpurua / www.jcsosa.com