Marianella Salazar: Abstención en plena actividad

Hay que recordarles a quienes fracasaron en la dirigencia opositora, y que acomodaticiamente responsabilizan a los abstencionistas de la debacle electoral en las regionales, que en Venezuela hace muchos años la democracia declaró libre la abstención ­aunque no la recomiendo­, pero ningún texto legal señala como un deber ir a votar, es un derecho.

Abstenerse es una palabra equívoca. Parece indicar una pasividad, y, sin embargo, es una actividad. Es una acción política que repudia el sistema; una forma de castigar al Gobierno o a la oposición. Y eso es lo que ha ocurrido, salvo con los tres sobrevivientes en las regionales, Capriles, Falcón y Guarulla, la dirigencia opositora no ha sido efectiva en su convocatoria. Se ha mostrado francamente incompetente y guabinosa frente a un CNE comprometido, que continuará aún más parcializado con el candidato oficialista que en las anunciadas elecciones presidenciales de 2013 garantizará la continuidad del proyecto revolucionario internacional dictado en La Habana.

La dirigencia de la MUD, con una incomprensible resignación, ha avalado progresivamente cada una de las alcabalas impuestas en el proceso de votación que alejan y humillan al elector. Los ciudadanos saben de antemano que no hay determinación para afrontar las mañas del organismo electoral, que no hay forma de hacer valer los derechos. No es hora de seguir perdiendo el tiempo con acusaciones contra los no votantes, el panorama ocasionado por la inhabilitación física de Hugo Chávez para asumir el próximo 10 de enero su tercer mandato, exige de una dirigencia opositora dispuesta a convencer y vencer.

Autocontrol para el sucesor. Desde la última vez que vimos a Hugo Chávez, cuando se despidió de este mundo y designo a un sucesor en el poder, los venezolanos hemos observado, a través de las cadenas televisivas y apariciones públicas, a un heredero político dando rienda suelta a sus emociones primarias, desprovisto de la firmeza y la compostura que exige un momento histórico en el que, para bien o para mal, será protagonista.

Maduro no ha sido capaz de dominar sus sentimientos y reservar sus lágrimas para la más estricta intimidad, al contrario, llegó a crear un estado de verdadera conmoción cuando en cadena nacional, flanqueado por el presidente de la Asamblea Nacional y el ministro de Petróleo ­ambos con caras de funeral­, habló sobre el delicado postoperatorio del Presidente y, posteriormente, en los distintos cierres de campaña de los gobernadores oficialistas, no pudo contener el llanto. Sería conveniente que el vicepresidente ejecutivo, tan propenso al melodrama, a echar rezos e incienso sobre la estampa del ausente caudillo, tomara un curso para controlar las emociones, así no causaría efectos inconvenientes ante próximas situaciones de carácter complejo y de difícil manejo que van a presentarse. Con esas incontrolables y lamentables demostraciones públicas, es poco probable que el sucesor pueda consolidar una autoridad, sobre todo en las filas del chavismo, donde hay otros liderazgos que no andan comiendo cuento ni son dirigidos a distancia por los hermanos Castro.

El perro guardián. Chávez es el amo y designó como sucesor a su perro guardián, quien juró serle fiel y leal “hasta más allá de la vida”. Maduro ha comenzado el panegírico oficial al considerar inmortal al líder bolivariano, y aunque no menciona a sus mentores cubanos, atiende a sus intereses y garantiza la continuación del suministro petrolero y el pago a 40.000 médicos, maestros y funcionarios del G2 que colaboran “desinteresada y solidariamente” en las misiones que atornillan la revolución bolivariana.

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