“Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas” por @nancyarellano

«”Cíclope, ¿me preguntas mi célebre nombre? Te lo voy a decir, mas dame tú el don de hospitalidad como me has prometido. Nadie es mi nombre, y Nadie me llaman mi madre y mi padre y todos mis compañeros.”
Así hablé, y él me contestó con corazón cruel:
«”A Nadie me lo comeré el último entre sus compañeros, y a los otros antes. Este será tu don de hospitalidad.” Odisea. Canto IX

El ánfora protoática procedente del cementerio G de Eleusis, que data del 650 a. C. muestra el mismo episodio en la decoración de su cuello: Un gigantesco Polifemo está despierto y sostiene en su mano derecha una copa, en alusión directa a su embriaguez, mientras que con la mano izquierda trata de retirarse la rama de su único ojo. Ebriedad y ceguera se funden como causa de la pérdida de Polifemo.

Polyphêmos etimológicamente significa “de muchas palabras” y es el más famoso de los cíclopes hijo de Poseidón y Toosa De estatura enorme, es un monstruo brutal y de costumbres antropófagas. En la Odisea, Homero lo presenta además como un ser violento y de voz profunda. La anécdota homérica es simple muestra de la astucia del héroe: Ulises engaña a Polifemo respecto a su nombre y luego le ofrece vino sin diluir, una vez ebrio Polifemo, nuestro héroe clava una rama en el ojo del cíclope dejándolo ciego y pudiendo huir. Luego vociferaba el cíclope “Nadie me mata con engaño y no con sus propias fuerzas” mientras sus compañeros, al escuchar lo absurdo, creen que Polifemo –el de muchas palabras- enloqueció, y ha sido castigado por los dioses.

Hemos presenciado unas elecciones regionales con resultados adversos para la oposición y, peor aún, dañinos para el sistema democrático. La oposición lleva 14 años intentando enfrentar al Polifemo creciente que es el Estado y, a diferencia de Ulises, no logra comprender las debilidades del adversario ni canalizar sus propias fuerzas. Nuestro Polifemo criollo tiene la fuerza de la renta petrolera, pero también adolece de la embriaguez que es el vicio de la improvisación e ineficiencia. En este sentido este escenario desfavorable de 20 gobernaciones en manos del oficialismo, pudieran convertirse en la alforjas de vino sin diluir que llevaran a mas embriaguez. Evidentemente la diferencia deberá ser la sobriedad del héroe y la rama a enceguecer debería ser la eficiencia y eficacia de gestión de los tres ruedos político-administrativos que se conservan aunado –irrestrictamente- al trabajo político de calle de los partidos políticos que pongan, y uso otra metáfora de la Odisea- tapones de cera en los oídos del Pueblo para que no escuchen “los cantos de sirena”. Cera compuesta de cultura política y dosificada con trabajo social y formación de cuadros. De lo contrario “Nadie será devorado como muestra de hospitalidad”.

No se trata de que exista engaño, se trata de que la fuerza que lleve a una alternativa real a aspirar vehementemente al poder deberá ser una opción que entienda las virtudes políticas necesarias. Un mensaje claro fue enviado en estas elecciones, y es que de tres gobernaciones, dos vienen del propio oficialismo y sólo una, tradicionalmente opositora, viene de una mega-campaña presidencial. No desmerezco los esfuerzos del reelecto gobernador de Miranda, pero si miro con preocupación que se embriaguen en “el éxito” cuando se obtuvieron 1490 votos menos que en la elección de gobernador de 2008, y con 1,17% de merma en términos de porcentaje. Sea como sea, las alforjas siguen allí sin ser vistas por Polifemo y siento que es la oposición la que bebe de ellas.

La buena política es como Ulises, comprende que el viaje es largo y lleno de experiencias. La política sana se refleja se hace eco de Ulises “Yo en verdad no soy capaz de ver cosa alguna más dulce que la tierra de uno” y por ello quiere ir a Ítaca luchando contra lo que sea con el arma del hábil –la astucia- y con la perseverancia del héroe. Estar en la política por “tomar el poder” a secas, es la razón del que ignora que la democracia suele ser un camino con desvíos, pero jamás con vuelta atrás.

Como país tenemos aún mucho que aprender. Como clase política aún mucho que internalizar. Como pueblo mucho que exigir. Como hombres y mujeres mucho que trabajar. Algunos se quedan en la esfera del resultado: ganó, perdió. Otros aspiramos a comprender por qué realmente se ganó y por qué se perdió. Más aún, para qué se ganó y para qué se perdió. Ya los resultados son los que son, ahora queda comprender que, sea cual sea el escenario venidero en los próximos meses, la amenaza de la mitificación sobre el oficialismo está latente y con ello la fuerza del voto emocional y mayoritario se fortalece; así mismo, la oposición debe empezar el trabajo renacentista de secularizar la política y deslastrarla del contenido pseudoreligioso. ¿Cómo lograrán esto? ¿Cómo clavarán la rama en el ojo de Polifemo? ¿Quién estará ebrio en ese caso? A algunos los he visto en vez de llenando barriles de tinto, lavando copas para zambullirse en la ebriedad de la ambición por el coroto.