Thaelman Urgelles: La oposición no tiene vela en ese entierro

Cuando Diosdado Cabello declara que el presidente se puede juramentar en días posteriores al 10 de enero, no está expresando un deseo propio. Porque si algo le conviene a él es que tal acto no tenga prórroga alguna y que todo se lleve a cabo según la Constitución. Lo que Cabello hizo fue delatar las intenciones del sector “madurista” del PSUV, el más interesado en retrasar lo más posible la previsión constitucional. El alboroto del avispero jurídico producido por el anuncio Diosdeico obligó entonces a la rueda de prensa de Maduro, el miércoles por la tarde. La mesa quedó, pues servida ante los ojos de todos; los dos bandos del chavismo pusieron sus cartas sobre la mesa: Cabello en oblicua defensa de lo pautado en la Constitución y Maduro aferrado a la orden testamentaria de Chávez, que lo designa heredero a todo evento y sin tomar en cuenta a la Carta Magna.

Pero este debate tiene para el PSUV dos condiciones prelativas: la primera es que el presidente llegue con vida al 10-E, pues si fallece antes –algo que no estamos deseando en este análisis- la ausencia absoluta se desencadenaría sin discusión. Y la segunda, que el 5 de enero se elegirá la nueva directiva de la Asamblea Nacional, cuyo presidente debe asumir, el mismo 10-E, la jefatura del Estado en caso de ausencia absoluta del presidente.

La escena del 5-E, penúltima de este episodio de la telenovela de suspenso que estamos viviendo, promete a todo evento un desenlace incierto y pleno de conflictos entre sus personajes: no sé si estará en condiciones de lograrlo, pero es obvio que el “madurismo” preferirá con todas sus fuerzas que el nuevo presidente del parlamento sea alguien distinto a Cabello. Y es obvio que este y su poderoso bando tratarán de mantenerlo en el cargo. Lo más parecido a un choque trenes, anunciado con “recios acordes de suspenso” como los que piden los escritores de telenovelas para tales situaciones.

Ya los bandos chavistas han comenzado a moverse entre las fracciones parlamentarias de la oposición, buscando apoyo para una u otra plancha directiva del parlamento. Y lo peor es que ya hay sectores de la oposición que escuchan y hacen cálculos sobre estas tentaciones. ¡Y para mayor asombro, las alineaciones comienzan a tener tintes ideológicos! Ciertos sectores de centro e izquierda comienzan a ver con buenos ojos al civil Maduro, “cuyas posiciones de izquierda son más aceptables que las de la facción militar y derechista de Cabello”. Y desde una derecha sin representación parlamentaria se mira a este último con buenos ojos, “porque, digan lo que digan, ha ‘demostrado’ no querer nada con los comunistas y cubanos”.

Me parece una auténtica vergüenza que políticos que tienen 14 años combatiendo a este régimen se estén debatiendo en este mediocre dilema. Tal posición es un irrespeto a sí mismos, a sus militantes y a los 6.3 millones de votantes del 7-O. La MUD y los sectores de oposición distintos a ella no tienen vela alguna en ese entierro. Si en verdad tiene vocación de poder y responsabilidad orgánica con la palpitante historia que estamos viviendo, la oposición debe tomar distancia de ese conflicto, prepararse para la dura contienda que se nos viene y presentar a los venezolanos su propia alternativa de poder, la cual se desinflaría irremediablemente si se la subordina al conflicto del campo enemigo.

Una política de poder como la que sugiero tendría una expresión clara para la elección de directiva de la Asamblea Nacional. La fracción de la MUD debe presentar allí su propia plancha, presidida por María Corina Machado, la diputada más votada y carismática con la que contamos y auténtico Némesis del oficialismo. Los diputados Marquina, Gómez Sigala e Ismael García, entre otros, son estupendas opciones para las vicepresidencias.

Es obvio que no tienen la mayoría para hacer elegir a esta plancha, pero ella establece al campo democrático como una opción real y autónoma de poder con miras a lo que viene; la propuesta misma hará rodar por el hemiciclo toda tentativa chavista de usar a nuestros diputados como comodines de su juego interno. Tendrán que ponerse de acuerdo en una plancha única, para no correr el riesgo de que los 65 diputados de la minoría designen a la próxima Jefa de Estado transitoria. ¿No les parece?

@TUrgelles