Carlos Raúl Hernández: Castillos en el aire

“Qué poco cuesta construir castillos en el aire y que caro es destruirlos”. Mauriac. 

Existe una relación directamente proporcional entre estabilidad política, por un lado, y abstención por otro. En las democracias desarrolladas y tranquilas, los ciudadanos votan en escalas modestas, sobre todo en elecciones locales. Piensan que el sistema funciona, más allá de su antipatía a los políticos, y prefieren ocuparse de sus propios asuntos. A veces las apariencias engañan, nada está bien y se equivocan igual ciudadanos y líderes. La ciudadanía porque es feliz cuando florece el populismo, como en Grecia, España o Venezuela. Y los líderes, porque el populismo les da la ilusión de ser amados

En cambio en las democracias en crisis, durante emergencias totalitarias, la participación electoral suele crecer, ya que la ciudadanía siente que se juega el todo por el todo. Están acompañadas de crispación política, dramatismo, y épica. La especialísima significación de Obama en la historia norteamericana incrementó la participación, precisamente porque representaba un momento climático para el sistema.

Si observamos la abstención del 16-D en su contexto, premeditadamente a dos meses de la derrota del 7-0 y pocos días de la Navidad, que ocasionó profunda decepción, resulta más bien relativamente limitada (46%) y menor que la media histórica en elecciones locales venezolanas (48%). Pero tampoco vale el populismo sentimental, exculpar a la gente de elegir a Hitler o no votar, como si fueran seres carentes de moralidad y voluntad, niños manipulables sin limitaciones.

No. Los humanos decidimos nuestro destino y actuamos. Y pagamos o cobramos consecuencias. Ninguna relación de factores diferentes se mantiene estable si no hay permanentemente voluntad, transparencia y esfuerzos para ello. Según datos que aporta Tomás Páez la tragedia griega actual corre por estos rieles. Había 50 choferes por cada automóvil oficial, y 4 o 5 pensiones por familia. No se puede construir algo sólido sobre tolerancia incondicional.

40 mil mujeres jóvenes reciben 1.000 euros por ser solteras. 2.000 griegos “están empleados” en proteger un lago seco hace 80 años. Un millón de empleados públicos sirven a 4 millones de personas económicamente activa.

La distribución de las tasas de abstención el 16-D es normal entre ambos bandos, casi idénticas. Una ciudadanía harta en su conjunto de conflictos políticos y golpeada por la derrota, tiende a regresar a su reducto de alegría, la vida privada. Pero no se materializa el plan del gobierno: decapitar la oposición derrotando a Capriles y reducirla electoralmente a 20%. Se mantiene la misma proporción entre las fuerzas, 55% a 45%.

Otra cosa es la tradicional irresponsabilidad de un grupo importante de ciudadanos ilustrados, aficionados pero absolutamente ciegos para la política, los frauduleros y claudicantes, que apuñalean por la espalda una oposición herida por la derrota. Majaderías como “el fraude electrónico”, “el voto manual”, canalladas como “la negociación de la MUD con el gobierno”. “La MUD no cumplió con los testigos”, “no se contabilizaron miles de actas”, en síntesis, el fraude y luego la versión “ingeniosa”, el fraude continuado.

Paparruchas todas que sólo conducen a la parálisis de la ciudadanía y a crear desconfianza en el único instrumento con que se cuenta: el voto. Esa prédica no tiene impacto masivo, pero sí podría afirmarse que un 5% al menos de ciudadanos internautas de clase media dejaron de votar, que de haberlo hecho hubieran puesto las cosas en otro plano.

Capriles ganó en los municipios metropolitanos, como Henri Falcón. En el Zulia se perdió masivamente el interior. Y en Táchira. Velásquez presenta su reclamo con apoyo de la MUD, pero se repite el fenómeno. Eso debe enfrentarse. Agoniza el populismo bolivariano (“regalado se murió”) y hay que estar preparados para corregir la marcha y que Venezuela no tome la “autopista del sur”, el camino del caos en los 70 y 80 de varios países vecinos.

La alternativa democrática deberá atornillarse a profundizar la Unidad y corregir errores. Y la ciudadanía, contribuir en ese propósito, votar y defender el voto. Podría haber unas elecciones en puertas. El primer paso necesario es reconocer que la oposición perdió porque sacó menos votos, no porque se “los robaron”. Los partidos ciertamente deberían reflexionar, no sobre falsos temas, sino sobre verdaderos, por ejemplo su papel en los municipios rurales.

A mis amigos, que leen y reproducen esta columna, un fuerte abrazo de Navidad. We will come back 

@carlosraulher