Thaelman Urgelles: Copei y la buena o nueva política

En “Aló Ciudadano” de este viernes tuvo una extensa comparecencia el Presidente de Copei Roberto Henríquez. Durante varios segmentos realizó largas exposiciones en las que trató de presentar a su partido como un ente renovado, abierto al cambio, convocante del diálogo, presto a la actualización ideológica y a los nuevos conceptos… en fin, toda una operación de venta de un partido nuevo y distinto al de los espectáculos recientes. No me atrevo a calificarlo de marketing político, porque él y sus entrevistadores se encargaron de desacreditar ese enfoque de la actividad política.

Henríquez contó con la comodidad de tener frente a sí a periodistas nada inquisitivos; por el contrario, varias veces le fueron agradecidas las actitudes constructivas de Copei, incluso la cuña donde se ironiza a la “nueva política” en nombre de una supuesta “buena política”. Me refiero a la cuña en la que Copei se arropa con los políticos que hace 50 años fundaron nuestra democracia para asignarse los atributos de aquellos y descalificar a quienes exigimos hoy una manera de hacer política distinta a la que ellos han vendo ejecutando en los últimos 30 años. De tal manera, y con el beneplácito y apoyo explícito de los entrevistadores, estableció que la política no es cuestión de generaciones e insistió en que lo que hace falta es una “buena política”.

Como observador independiente le voy a dar a Henríquez algunos ejemplos de los que no es una buena política y al mismo tiempo es añeja: 1. Esa manera suya de hablar y hablar palabras biensonantes sin decir nada sustantivo; 2. La manera de apropiarse de conceptos de aceptación unánime, como “diálogo”, sin exponer sus significaciones concretas en el tiempo y el espacio que estamos viviendo; 3. Ese estilo oblicuo de descalificar a terceros sin decir bien de quiénes se trata y por qué se los descalifica, dejando la piedra puesta ahí a ver quien la recoge; 4. La verborrea genérica sin compromiso, esa misma que desprestigió a Eduardo Fernández, de quien se terminó diciendo que era el único venezolano fanático a la vez del Caracas y el Magallanes. 5. Finalmente y para resumir, esa habilidad para pasarse 40 minutos de valioso tiempo televisivo hablando sin incómodas interrupciones para no añadir nada nuevo a la que todos los venezolanos tenemos décadas escuchando.

Y sobre todo para no comprometer su opinión en torno de las gravísimas circunstancias políticas que atraviesa el país. Qué falta hicieron allí periodistas como Leopoldo Castillo, o como Carla Angola en ocasiones, para importunar a Henríquez sobre los temas que inquietan a los venezolanos. Preguntarle por ejemplo: cuando Ud. habla de diálogo, ¿a cuáles interlocutores se refiere, en el momento actual… entre sus pares de la oposición, con una sociedad civil ansiosa de tenerlo…? ¿O diálogo con alguna de las facciones del PSUV, algo de lo que se rumora en estos días que está ocurriendo? Nada. Nada de eso se habló en 40 minutos de comparecencia televisiva.

Y después no quieren que se hable de vieja política. Si lo desean, se puede añadir que también es mala y muy aburrida.

 

@Turgelles