Alberto Franceschi: P’allá va esto, sin anestesia

Aunque en política lo menos aconsejable es esperar que los partidos, las instituciones y las personas cambien de naturaleza, también es cierto que descubrirles a cada cual la potencialidad para sufrir esos hipotéticos cambios  es lo que se llama hilar fino, irse a lo concreto y visible, a lo eminentemente táctico y muy circunscrito en el  tiempo y en el espacio. Oportunismo lo llaman las mentes esquemáticas.

Entramos entonces  en un terreno minado, donde la incomprensión  se hermana  con los sectarismos  y el fanatismo  y  ay  de quien  no acierte en pronosticar la evolución de los hechos,  de acuerdo a lo que espera la mayoría.

Es bueno empezar a plantearse hipótesis, hasta ayer imposibles  de concebir ante fenómenos como el liderazgo de Chávez de apariencia  inmarcesible.

Si uno plantea por ejemplo: HAY QUE SACAR  DEL PODER AL CHAVISMO DE RAIZ, más le valdría contar  a sus proponentes con una fuerza militar invasora, operando con absoluto desprendimiento de interés alguno, lo cual es ridículo suponer y que además fuera  recibida con cohetones por la población, que pasearía  sobre sus hombros a líderes mercenarios.

De no ser  con ese estrambótico escenario,  habría que  plantearse otros decorados autóctonos y contar al menos con un recurso menos dramático,  como por ejemplo  con unas Fuerzas Armadas que VOLVIENDO a su naturaleza democrática,  generaran  un pronunciamiento, cuando fuese requerido su concurso,  ante la evidencia de la llamada FALTA ABSOLUTA, que pretende irracionalmente ser sobrellevada  como si no existiera, por una clase política que genera, mientras dura el velorio eterno, el desgobierno que fomenta el caos y el vacío de poder.

Eso de devolverse  a  su naturaleza y herencia democrática,  solo es apelable si consideramos que esas FFAA solo  estaban en un proceso degenerativo,  aun no conclusivo y que  pueden aún generar, ante el clamor nacional,  un gran impulso interno de sus mejores reservas y de su entorno social de clase media ya obstinada del régimen.

Pero aun en ese caso, yéndose  una ruptura radical  contra esa  ESENCIA del chavismo, que se plasma en  la dominación política colonial del Estado comunista cubano sobre nuestra nación, debe  entenderse que quedará el rezago,  por un tiempo,  de ritos y fórmulas  de avenencia  con la ideología  chavista dominante  y  que por efecto de inercia aun contaminaría el ambiente.  Recuperar la soberanía no es un pequeño asunto de una declaración solemne, es un proceso por definición desgarrante  para todo tipo de agentes, cultores,  dependientes, beneficiarios y parásitos

Se dice que Diosdado Cabello,  un lugarteniente de Chávez,  sería el seguro adalid de esta última propuesta,  que a fecha cierta se abriría paso ante  el caos que generaría el continuismo de Maduro,  aferrado a la idiotez que Chávez puede mandar después de muerto.  Supongamos  que sea cierta esta hipótesis del manotazo militar  y  no  como el mismo Diosdado  la desmiente,  pareciendo muy conforme con quedarse en un seguro segundo plano por ahora, ¿puede entonces Diosdado cambiar de naturaleza y convertirse en  el proponente de causas opuestas por su vértice a su mentor Chávez?

La respuesta para caracterizar la naturaleza y reacciones de un hombre  conocido por su innegable pasión por el poder absoluto, debería contemplar mínimo tres etapas: mientras Chávez aun este vivo o por lo menos dure la sensibilidad de su desaparición,  que perturba a la mayoría de sus conmilitones, Diosdado fingirá respetar el testamento y  buscar el acuerdo y  la unión de los huérfanos.  Seguidamente cuando el heredero Maduro comience a querer ser en serio  el nuevo jefe  y  Cilia  le sople a  la oreja que hay que deshacerse de Diosdado,  el teniente experto en sobrevivencias,  les sorprenderá moviendo  sus cuatro grandes fichas: poder militar, poder económico, poder político organizacional del PSUV y poder mediático.  Este último iría ablandando una aquiescencia geopolítica  hasta ahora saturada de las medias tintas, entre ellas  las del Presidente Santos,  ante el castrismo moribundo  que les ha seducidos, por haber manejado la diplomacia chavista. Las rupturas de incluso el hilo institucional, aparecerán en el horizonte político como deseables  o por lo menos comprensibles.

Por supuesto que la personalidad,  siendo plástica por definición, más aun en gente dedicada a vivir en las alturas del poder económico y político, es  aún más factible que cambie  si el entorno así lo exige.

Por eso es que en cuestión de meses  veremos a las cúpulas chavistas degollándose unos a otros, acusándose de  manejados por la CIA, de lacayos cubanos castristas, de agentes de FEDECAMARAS,  etc.

Por primera vez en años será divertido e interesante  ver “La Hojilla”  si  es que ese fusible de alguno de los dos bandos, me imagino que de Maduro, no salta de primero.

La naturaleza de instituciones y personas, es  lo más interesante de aprender en política, porque hay incompatibilidades y avenencias, hay rupturas y cohabitaciones,  hay cambio de cantidad convertida en calidad como se admite entre materialistas históricos así sean de pacotilla.

Nuestra oposición, por ejemplo,  de tanto administrar migajas de estados y municipios, bajo el régimen chavista,  terminó con los sesos  trepanados y como el perro de Pavlov responden solo  al estímulo  de si  mejoran sus carreras y sus haberes.

Su naturaleza es colaboracionista, por eso tenderán a entenderse  con Maduro,  para arreglar unas elecciones  con segundón garantizado, me imagino que a cambio siempre de reconocerles su CNE y dejando colar para este lado algunas canonjías  y contraprestaciones que serán típicas en la era post Chávez.

Si esta vez se trata de volverle a poner el trasero al CNE en una competencia frente Maduro, es pronosticable la abstención  más impresionante  de nuestra historia.  Otra cosa muy distinta cabe imaginar si por fin plantamos a  alguien que imponga, a nombre de la inmensa mayoría del país movilizada,  otra institucionalidad electoral, para empezar a desmantelar este régimen fraudulento.

Si no es por esa vía  de insurgencia cívica y pacifista,  sobrevendrá  otro tinglado político-militar, forjado con Diosdado  o  con los enemigos de Diosdado,  pero más a su derecha,  y empezará  otro Valse en el Valle del Guaire y ese muchos no saben bailarlo. Es la música del Tocuyo.