Gustavo Coronel: Telenovela, Enero-Marzo 2013

La balanza de fuerzas dentro del chavismo sin Chávez, especialmente el gorilaje de las fuerzas armadas, no se inclinaría necesariamente por el sucesor ungido por Chávez, Nicolás Maduro. Hay quienes dicen que las fuerzas de uniforme están divididas. La marina, la aviación, el ejército y la guardia nacional parecerían estar controladas por la facción de Diosdado Cabello, mientras la facción de Nicolás Maduro poseé el control de los Boy Scouts y de los milicianos de la tercera edad, además del apoyo del ejército cubano, un poco lejos de los acontecimientos. La pugna está planteada entre el chavismo cubano y el chavismo boliburgués. El primero es ideológico- obsoleto, el segundo es materialista- obsceno.

De igual manera los gobernadores electos son en su mayoría fichas de Cabello. Muchos de ellos son militares y uno que otro hasta indiciados por gobiernos extranjeros de ser narco-militares. Se inclinan por darle un palo a la lámpara y quedarse con el coroto, a lo Pérez Jiménez, sobre todo porque tienen cuentas pendientes con la justicia ordinaria, con la internacional y, sobre todo, con la divina.
Maduro no tendrá fuerzas para evitar que Cabello sea re-elegido presidente de la Asamblea Nacional. Cabello parecería tener seis blancos, incluyendo el doble, para acostarse por la cabeza.

Y la oposición? No atraviesa su mejor momento. Capriles ha perdido mucha fuerza por su repliegue hacia Miranda, mientras que Pablo Pérez, derrotado en el Zulia por el hombre de la gallina, comienza a pensar en la Alcaldía de Maracaibo. Es decir, su universo político está en contracción. Henri Falcón ha ganado mucha fuerza pero es relativamente poco conocido todavía. Es preciso constatar que Falcón viene del chavismo, lo que aparentemente significa que el chavismo: el duro, el blando y el ex, se ha adueñado del mundo político y que la clase media no contaminada constituye una isla (aunque sea similar a Margarita ) rodeada por todas partes de masas que dependen de la limosna populista del Estado.

Es cierto que Antonio Ledezma ha hecho méritos más que suficientes para ser el candidato presidencial de la oposición, pero no tiene maquinaria. María Corina Machado y Diego Arria tampoco. Nuestro candidato será un Enrique Capriles un tanto disminuído en estatura política, percibido como blando por unos o como sifrino por agentes tarifados del chavismo como Schemel (que conducta tan nauseabunda la de este tipo!).

Capriles es muy trabajador y hará un buen papel en una posible confrontación con el bandidato que salga victorioso de la pugna intra-chavista. Sin embargo, Capriles volverá a perder, no porque sea inferior al otro, claro que no lo es, sino porque debemos enfrentar nuestra realidad actual de país donde la Venezuela democrática es minoría frente a un Estado corrompido y una masa que vive en un presente eterno, atenta a la dádiva y al cuanto hay pá eso. El país con características de órden, disciplina y de orgullo en el trabajo y la educación se nos fué de las manos. Los anhelos de grandeza y de superación están, al menos por ahora, en el congelador.

2013 comenzará como más de lo mismo. Sin embargo, la procesión andará por dentro. El país chavista está basado en la rápida liquidación del ingreso petrolero, sin creación de nueva riqueza. Actúa como quien se ha ganado el gordo de la lotería sin estar preparado para administrar la ganancia no trabajada. Es decir, es inviable y se derrumbará en poco tiempo. Luego, el poder regresará a manos de quienes podrán sacar al país del foso. La tarea que tendrán los futuros líderes no-chavistas será una de penosa reconstrucción. Tendrán que trabajar desde la base: los niños. La generación no dañada. Habrá que enseñarlos a ser ciudadanos, no limosneros. Un país de limosneros no va pál baile.

Esa batalla tienen que darla los seis millones de venezolanos, de todas las clases sociales, que ya piensan/pensamos como ciudadanos. Quizás somos más de seis millones pero, cuidado, a lo mejor somos menos. La verdad es que nadie sabe con exactitud hasta que punto el país se ha contaminado con el virus del populismo sin freno. La única vacuna contra eso es la educación.

Esa es la batalla que está planteada y habrá que darla con las fuerzas que tengamos. Porque del resultado de esa batalla depende el futuro de nuestro país, si civilizado como Chile o Uruguay, o mierdero, como algunos coleópteros tipo Zimbabue, Corea del Norte o Bielorusia que viven en el pantano.