Tamara Suju Roa: Y se nos fue el tiempo

Se nos fue el año, es la frase que he escuchado en los últimos días, al saludar a los amigos. Y es verdad, a medida que uno se va poniendo viejo, o para no herir susceptibilidades, a medida que nos va entrando la sensatez, los días se nos pasan como si tuvieran 10 horas en vez de 24, y no terminamos de tomarnos el café de la mañana cuando ya nos estamos dando las buenas noches. Ahora bien, creo que los venezolanos tenemos esta sensación mas acentuada, porque nuestra vida, durante los últimos catorce años ha girado alrededor de convocatorias a elecciones, referendos, y campañas electorales. Esto sin mencionar toda la suela de goma que hemos dejado en la calle, entre protestas, marchas, caminatas.

Así, se nos fueron los años mi estimado lector. Y se da cuenta uno, cuando voltea y ve que ya tiene parado al lado a unos adolescentes, que apenas contaban con pocos años cuando Chávez fue elegido Presidente. Hijos que han aprendido política antes que matemáticas o literatura y que quizás sepan llevar una conversación en una sobre mesa incluso mejor enterados del acontecer nacional que el ciudadano de a pie, que no tiene tiempo de seguir noticias. Y uno ve sus caras y se pregunta cuantas cosas no pasarán por sus mentes, ante ésta incertidumbre que les ha tocado vivir. Nos crecieron los muchachos y no nos dimos cuenta. Hace 10 años, los dejábamos en casa cuando salíamos a marchar. Hoy, van al lado nuestro.

Se que muchos de ustedes se sentirán identificados, porque de pronto se han dado cuenta que sus hijos se casaron y ahora tienen nietos; o levantaron el teléfono para llamar a ese amigo incondicional con el cual compartían las alegrías y las penas, y recordaron que ya no vive en el país; o se acordaron de un vecino, aquel viejito que siempre lo saludaba afectuosamente, que ya simplemente no está. Que sus vidas dieron un giro de 180 grados sin darse cuenta, por la dinámica de esta Venezuela que nos ha tocado vivir, y que de pronto ya no trabaja en lo que le gusta, o quizá por fin encontró el sentido de su vida, y que hasta cambió de pareja, de casa y de estilo de vida.

Durante 14 años, la sociedad civil ha sido el jamón del sandwich. La que a veces sin saber bien las causas y los objetivos, ha acudido a los llamados de los dos bandos políticos, para apoyarlos. A los que siguen el proyecto político del Presidente los obligaron a vestirse de un sólo color y les sembraron odio y división. A quienes simplemente trabajan en el sector público, los han manipulado a su conveniencia. Del otro lado, la sociedad civil que no apoya el proyecto político de Chávez, ha salido muchas veces movidos por pura convicción, por los valores arraigados de libertad y justicia que les enseñaron sus padres y maestros, a protestar, a marchar y a trabajar para que su dirigencia política encuentre el apoyo necesario para recuperar los espacios democráticos poco a poco perdidos. El apoyo ha sido incondicional, no importa a quien le pongan al frente. Los ciudadanos demócratas entendieron que se trata de una lucha ideológica, entre el comunismo y la democracia. Quizá esto es lo que no terminan de entender algunos de nuestros dirigentes políticos.

Hoy quiero dedicar estas líneas a aquellos venezolanos que se han atrevido a ser diferentes, y que han dejado huella para siempre en la historia de nuestro país, pero sobre todo, en el pensamiento de los venezolanos de bien. A los que están y a los que han ido. A los que siguen en pie de lucha y no desmayan en su esfuerzo de aspirar a una mejor Venezuela, desnudando día a día al régimen que pretende secuestrarnos los derechos de todos los venezolanos. A esa juventud emergente que prácticamente nos esta relevando, con una asombrosa sabiduría y un olfato político que nos dice que la dinámica ha cambiado y que ellos están preparándose para asumir este momento histórico que les ha tocado vivir, con firmeza y convicción.

A Franklin Brito, por enseñarnos el significado de dignidad y honor y recordarnos lo grande que podemos ser los seres humanos cuando actuamos, vivimos y estamos dispuestos a morir, luchando por nuestros valores. A María Lourdes Afiuni, por retar al poder y poner la justicia por encima de los odios personales. A todos los que siguen creyendo en la Venezuela posible, de paz, bienestar y progreso, les deseo una Feliz Navidad y un venturoso año nuevo, con mucha salud, para que sigan luchando y así lograr que todos sus sueños se hagan realidad.