Thaelman Urgelles: ¿Feliz Navidad…? ¡Feliz Navidad!

El año transcurrido hasta este día de navidad ha sido para los venezolanos abundante en sucesos y procesos de gran interés y en todos los órdenes. Aunque, si hoy mismo vemos con atención a nuestros compatriotas en las calles y centros comerciales, no nos parecerá que han vivido –y transitan- acontecimientos de tal intensidad y dramatismo. Y es que así somos los venezolanos: optimistass, alegres, superficiales, hedonistas y porqué no decirlo, también frívolos. Para bien o para mal, el sentido trágico lo tenemos muy lejos, así como la capacidad introspectiva.

Durante el año transcurrido no disminuyó la división entre nosotros por razones político-ideológicas. Por el contrario, dos elecciones en los últimos 3 meses -y sus respectivas campañas electorales, que nos tomaron todo el año- atizaron hasta el máximo la fragmentación en dos bandos que nos aqueja desde hace 14 años. Quienes salimos desfavorecidos con los resultados electorales tenemos razones para estar tristes y descompuestos; mas quienes en ellos ganaron tienen también un serio motivo para la desolación y el desconcierto, dada la gravedad de su líder y su virtual retiro del juego político y del poder. Es casi seguro que nos espera una nueva confrontación electoral; en realidad dos, si añadimos las ya convocadas de alcaldes y concejales. Así que la tensión y la incertidumbre se mantendrán por una año más, algo que por fuerza afectará el humor de nuestros compatriotas, por más ligera que sea su aproximación a la vida.

Pese a todo, muchos de nosotros sentimos que Venezuela está a las puertas de una gran transformación de sus modos de encarar lo público, lo social, el Estado. Bajo la superficie despreocupada y conformista de la mayoría y la aparente hegemonía que sobre ella ejerce la facción más agresiva y poderosa, en nuestro país parece estarse incubando un profundo cambio socio-político, económico y cultural. Para bien de todos.

Cuando algunos decimos que “Venezuela es el mejor país del mundo” no nos referimos a cifras del PNUD, la FAO, la OMS, la OIT, el Banco Mundial, o a reportes de seguridad personal o social. Si a ello nos tuviésemos que atener, es seguro que nadie sensato podría afirmarlo. “Tenemos el mejor país del mundo” se refiere a una potencialidad, a la enorme posibilidad que tiene el grupo humano que habita este territorio para construir una sociedad mucho mejor que la que hoy poseemos. En algún pasado reciente hemos estado cerca de ese camino y por muchas razones nos apartamos de él. Las amargas experiencias y errores que hasta aquí nos trajeron, y en especial las que hoy nos desvelan, servirán de referente para enderezar rumbo y acometer el promisorio futuro al que tenemos derecho y es perfectamente alcanzable.

Por esto, y por el profundo amor que tengo por este entreñable país nuestro, pese a todo, no puedo menos que llamarnos a tener una Feliz Navidad. Así, con mayúsculas.

PD: En la misma tónica, debo ofrecer mis excusas al Presidente de Copei Roberto Henríquez y a los periodistas que lo entrevistaron el viernes en “Aló Ciudadano”, por la dureza de los comentarios que esa noche escribí acerca de ellos. Sin renunciar al fondo de mi crítica, declaro que fui injustamente agresivo con este joven político, quien realiza un meritorio esfuerzo para renovar conceptual y organizativamente a su partido, y con dos excelentes periodistas que gozan de mi mayor aprecio y respeto. Fueron gajes de los amargos momentos que a veces esta realidad nos obliga a soportar. Declaro igualmente que nadie me aconsejó ni presionó para esta reconsideración, salvo mi conciencia íntima y una externa que siempre me acompaña, en la sabiduría de Malena Roncayolo.

 

@Turgelles