Leonardo Palacios: Libertad

A Miguel, Ernesto, Juan Carlos y Herman mi deseo de Navidad por su pronta libertad

Leonardo Palacios

Uno de los preciados bienes con que contamos en nuestro activo como ser humano es la libertad.

La libertad de organizar en algún momento y lugar, dentro y fuera del territorio nacional, nuestra vida individual y social con arreglo a nuestras propias convicciones, y no supedita a aquellas que nos son impuestas por la intención, nada velada, de la construcción de una nueva sociedad (“la socialista) y el desarrollo de un “hombre nuevo”.

Somos libre en el tiempo y el lugar que escojamos para serlo, seleccionamos el lugar de nuestra residencia, el lugar “en” y “desde” donde realizaremos nuestra actividad económica, electa de manera libre en la forma y modalidad que nos parezca más conveniente.

Somos libre para circular libremente por el territorio nacional, entrar y salir de él sin ninguna traba, incluyendo, el pago de impuestos que gravan el libre tránsito.

Esas libertades son manifestaciones y proyección espacial de la libertad; espacio en el cual podemos desarrollar nuestra dignidad y forma de pensar.

La Constitución de 1999, convenios y  tratados en materia de derechos humanos garantizan la “comunicación física” y libre interrelación entre todos los ciudadanos, residentes o no en el país, y la “comunicación ideológica”, que es el contenido de la libertad de expresarnos, en cuanto a hacer del conocimiento de nuestros conciudadanos, investidos o no de autoridad,  nuestra forma de pesar y concebir la vida, la función del Estado, nuestro parecer sobre su accionar, etc.

En fin, esa “comunicación ideológica”, forma sublime de la libertad, esta inspirada en los valores propios e inherentes al Estado democrático; exige el respeto de ente y sus instituciones de nuestro derecho a expresar, divulgar y hacer del conocimiento de todos  nuestras creencias, ideas y pensamiento, en cualquier circunstancia, forma o lugar; a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica; a comunicar y recibir información veraz por cualquier medio de comunicación.

Son manifestaciones varias, de distinta naturaleza que siempre responde a la noción y esencia de la libertad.

La libertad es el marco necesario para el desarrollo de la dignidad humana, es la condición  básica y elemental para el ejercicio y goce de las cuatro generaciones de los derechos fundamentales: primera (civiles y políticos) la libertad propiamente dicha; segunda generación: económicos, sociales y culturales que nos lleva al tratamiento del goce de la libertad en condiciones de igualdad; la tercera generación (derechos al medio ambiente, al desarrollo económico, al patrimonio común de la humanidad, la autodeterminación de los pueblos y a la paz) y la cuarta generación, que nos conduce a la protección de la especie humana (solidaridad, bioética y nuevas tecnologías).

Ciertamente la libertad no es absoluta o ilimitada, está condicionado  su ejercicio al entramado de principios y valores propios e inherentes al Estado democrático, Social de Derecho y de Justicia.

Es el ordenamiento que establece esas limitaciones tanto en circunstancias de normalidad y de crisis, con procedimientos y procesos de estricta reserva legal, con funcionarios ad hoc con competencia específica para tal fin.

Las limitaciones a libertad en su concepto general y en sus distintas manifestaciones no pueden responder algún oscuro interés personalista de algún funcionario, cualquiera sea su jerarquía o rango, sea civil o militar, independientemente, al órgano del Poder Público al que pertenezca.

No puede hablarse de respeto a los derechos humanos, de Estado de Justicia, luchar por participar en instituciones de Derecho internacional, de fundamentar cualquier política pública o su ejecutoria basada en los mismos cuando la libertad es concesión graciosa discriminada, cuando existen presos políticos, de conveniencia económica o política, cuando se le cercena a varios ciudadanos los derechos y garantías propios a cada proceso destinados a su limitación restricción.

Por Leonardo Palacios (@NegroPalacios)