Pedro Carmona Estanga: Navidad 2012

Escribo estas reflexiones el día de la Natividad del Señor del año 2012. Las fiestas, el comercio o el jolgorio, nos llevan a ignorar lo que realmente se conmemora en este día: el nacimiento de Jesús de Nazareth, quien hace algo más de dos mil años trajo al mundo un mensaje de amor, de perdón y de paz que los seres humanos desdeñamos, envueltos en un mar de conflictos, egoísmos y antivalores. El legado de Jesús estará vigente por siempre, y la aplicación de sus enseñanzas harían sin duda del planeta, un tránsito mucho mejor hacia la vida trascendente.

Venezuela concluye el año con complejas situaciones, en especial: a) La derrota electoral del candidato opositor Henrique Capriles el 7 de octubre pasado, la cual conmovió el ánimo de quienes adversan al régimen; b) La elevada abstención en las elecciones regionales del día 16 de diciembre, pues las fuerzas opositoras se desmovilizaron a raíz de la derrota de octubre, facilitando el triunfo oficialista en la gran mayoría de los Estados de la República; c) La grave evolución de la enfermedad presidencial, planteando interrogantes sobre la eventual sucesión en la jefatura del Estado; y d) Una crisis económica en ciernes, derivada del manejo irresponsable e ineficiente de la política económica.

Respecto de lo primero, un hecho quedó evidenciado: si bien la concurrencia a las urnas el 7 de octubre fue masiva, y surgió una esperanza sobre el posible triunfo de Henrique Capriles, el ventajismo del régimen expresado en el abierto manejo de los recursos fiscales y de la poderosa maquinaria del Estado al servicio del candidato-presidente, a más de la intimidación, la hegemonía mediática y la manipulación del sistema electoral, revelan que no hay ni asomo de posibilidad de que la oposición llegue al poder por la vía electoral, si no media una reforma limpia en las reglas del juego, que aseguren equidad y transparencia entre los contendores políticos.

En relación con las elecciones regionales, la oposición se desmoralizó, y el 16 de diciembre optó de nuevo por la abstención, pues consideró que no hay respeto debido a la voluntad popular, y como señal de protesta por la pasividad de dirigentes y organizaciones políticas ante al abuso de poder del régimen, creando así condiciones para que el oficialismo se viera favorecido por el círculo perverso frustración-abstención. Es innegable la debacle que significa la pérdida de gobernaciones emblemáticas como Zulia, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta, y aunque se salvó el liderazgo de Capriles en Miranda y se preservaron los Estados Lara y Amazonas, ello representa apenas una ínfima minoría en un mapa electoral teñido de “rojo, rojito”. Los recursos fiscales de la nación estuvieron de nuevo al servicio de los candidatos ungidos por el dedo omnipotente del presidente, sin que faltaran como aderezo miles de contenedores cargados con electrodomésticos chinos que se repartieron a lo largo y ancho de la República, y los ofrecimientos de prebendas económicas o viviendas, con los cuales se compraron muchas conciencias al nivel nacional.

El tercero de los hechos, el de la enfermedad presidencial, plantea interrogantes sobre el futuro político del país. ¿Superará el presidente este difícil trance de su existencia? ¿Si no fuere así, que ocurrirá en el próximo futuro? El secretismo cubano sigue marcando la pauta, pero el mandatario hizo ya su testamento político: Nicolás Maduro es el ungido para abanderar al oficialismo si se produce la ausencia absoluta, o si el presidente electo no pudiere asumir el cargo en la fecha establecida por la Constitución, pese a que ahora los juristas del régimen tratan de interpretar la Carta Magna para que el 10 de enero no represente una fecha pétrea, pues para ellos las normas están hechas para moldearlas a la mejor conveniencia del establecimiento. En efecto, para el oficialismo, la revolución está por encima de la Constitución, y el “mandato popular” no está sujeto ni siquiera a la que en su momento fue calificada como la mejor Constitución del mundo. Aun así, ¿qué pasaría si ante una ausencia absoluta del presidente, es menester convocar a elecciones en 30 días? ¿Será Capriles el candidato de las fuerzas democráticas, por tener en su haber una reciente campaña que lo dio a conocer a nivel nacional, o surgirá una figura alternativa? Sea lo que fuere, pese al desgaste político de la derrota del 7 O, Capriles luce como el candidato natural, sin subestimar por ello el sentir predominante en las toldas de la oposición, que exige de la Mesa de la Unidad una posición más firme en la defensa del voto, y en denunciar con más determinación las continuas violaciones del régimen al Estado de Derecho, para enraizar una autocracia que evoluciona sin prisa pero sin pausa hacia el totalitarismo, como lo evidencia el proyecto de creación del Estado Comunal. Es de prever que si Maduro, el fiel escudero de Chávez y de los Castro asume como candidato, la maquinaria del régimen se volcará con renovada fuerza a su servicio, y tratará de convertir a Chávez en un mito al estilo de Perón en Argentina.

La cuarta consideración tiene que ver con las sombrías perspectivas de la economía, determinadas por un nivel creciente de endeudamiento público, la artificialidad del tipo de cambio, los subsidios generalizados, la ausencia de divisas, la destrucción de la inversión, de la propiedad privada, de la infraestructura y del aparato productivo nacional. Una devaluación cambiaria luce impostergable, además del ajuste a los precios de los combustibles, cuya irracionalidad causa un irreparable daño al patrimonio nacional, pues las pérdidas sobre costos de producción superan los US$ 13 mil millones por año, a lo cual se añade la inconmensurable carga de los apoyos a naciones políticamente afines.

Cabe también un comentario respecto de la iniciativa del Diputado Edgar Zambrano en nombre de la MUD, de iniciar un diálogo con el gobierno para propiciar medidas de gracia en favor de presos políticos y exiliados. Recibí su visita en Bogotá y agradecí la deferencia, como lo hizo con muchos desterrados en otros países, y más allá de cualquier interés personal, le expresé que la prioridad debía dirigirse hacia quienes están privados de la libertad en Venezuela, que sufren injustamente. Pero llegó la Navidad, que habría sido un tiempo propicio para un gesto de reconciliación sin condiciones, y la iniciativa no se materializó, dada la ausencia del país del gobernante.

Finalizo estas reflexiones destacando el torneo de radicalismos que hemos presenciado de parte de los llamados hijos del presidente, en particular Maduro y Cabello, quienes tratan de competir en méritos como los defensores del legado revolucionario. Así, quienes pensaron con optimismo que Maduro podría resultar una opción moderada del chavismo sin Chávez, han podido evidenciar anticipadamente la inmadurez y sumisión del ungido, que afloran sin dejar lugar a equívocos.

Una Feliz Navidad para todos, y un Año Nuevo de esperanzas de que más temprano que tarde, llegará el día en que los venezolanos rescatemos el régimen de libertades y nos reconciliemos como hermanos, y donde la figura de la jefatura del Estado nos cobije a todos, más allá de consideraciones ideológicas cargadas de fanatismo y exclusión.

“Para la verdad, el tiempo; para la justicia Dios”