Ibsen Martínez: Desertores

En una entrevista,  concedida poco tiempo después a The New York Times, el estelar del Industriales que terminaría lanzando sucesivamente para el San Luis y, luego, para los Gigantes, afirmó: “Es dificil ser buen jugador y buen camarada”.

Arocha decidió “votar con los pies”, para usar la expresión que en los años sesenta acuñara el canciller socialdemócrata alemán Willy Brandt para referirse a los refugiados de la antigua Alemania oriental que desafiaban al infamante muro de  Berlín con riesgo de sus vidas.  Bien pensado, el símil no engasta del todo en el caso cubano porque de una isla en la que impera un sistema totalitario que la hecho emblema del estado policial, es algo difícil para un pelotero de alta competencia irse caminando. No queda, pues,  otro camino que desertar en el curso de un viaje al exterior de la selección nacional.

Arocha, dueño de un superlativo nivel de juego, se atrevió a ser el primer desertor, en  más de treinta años de  férreo cerco de vigilancia al que el régimen cubano sometió a los peloteros de la isla luego de romper con el béisbol de grandes ligas en 1961. Desde entonces ha sido seguido  por estrellas como Bárbaro Garbey, Livan Hernández,  Rolando Arrojo, Yoenis Céspedes, Rey Ordóñez  o Roberto Carlos Ramírez, acaso el más reciente pero no el último en la nómina  de más de dsocientos desertores en los últimos veinte años.

Tengo un ojo para esto de los peloteros que saltan la talanquera. Como tantas otras propensiones  que hacen presa en nosotros, son muchas las razones por las que desde siempre recorto artículos y guardo paginas web en mi disco duro con tal de que rocen o traten frontalmente el tema de las deserciones de peloteros cubanos.  Invocaré solamente tres de ellas.  La primera es que me gusta sobremanera el béisbol; la segunda:  aborrezco las dictaduras y simpatizo con quien logra burlarlas.  La tercera es una  vieja fantasía de antiguo guionista de televisión con ánimo de vovler al negocio: me gustaría escribir alguna vez una serie para HBO o Sony Entertainment cuyos protagonistas sean disidentes y desertores cubanos: médicos del plan Barrio Adentro, autores como Reynaldo Arenas o Guillermo Cabrera Infante,  blogueros disidentes, músicos de jazz, como Paquito D’Rivera…y peloteros como Arocha  o Rey Ordóñez.

2.-

¿Cómo imagino esa serie?  Todavia es una nebulosa en mi mente, pero me la figuro, ante todo, bilingüe y sin facilones estereotipos latinos como el que interpreta, contra sus mejores instintos,   la talentosa y bella Sofía Vergara en  Modern Family (ABC).

Hablo de escribir primero un piloto,esto es, el episodio “fundador” de la serie en el que  se exponen todos los personajes y todas las premisas  drámaticas de los que puede ser un argumento arbóreamente ramificado.  Un  capítulo piloto concebido como un largometraje de 90 o 10 minutos,  dirigido por Marcel Rasquin o Jonathan Jacubowicz,  por ejemplo, y con música de Gonzalo Grau, sólo por nombrar algunos cosmopolitas talentos venezolanos.  ¿Qué  veríamos en ese capítulo?

Parte del primer episodio imaginario transcurre a fines de los años 90 en una pequeña población estadounidense, un sitio como Millington, pueblito de diez mil habitantes en el estado de Tennessee, donde se lleva a cabo una serie amistosa entre las selecciones nacionales amateurs de Cuba y los Estados Unidos.

Es allí donde el protagonista, Yuniel Cárdenas, lanzador derecho, se consume en angustiosos e irresolutas  sumas y restas mentales, sin decidirse todavía a aceptar la tentadora invitación que, subrepticiamente, le ha hecho llegar un agente  especializado en “exfiltrar” peloteros cubanos con potencial grandeliga.

Yuniel es un miembro más de lo que la bloguera Yoani Sánchez ha bautizado como “generación Y”,  atendiendo a la tendencia de los cubanos de las últimas décadas a ponerle a sus hijos nombres que comienzan con “Y”. Una circunstancia lo retiene y es la familia que ha dejado en Cuba.  Tiene dos hijos en un matrimonio que se ha agriado sin remedio gracias, entre otras cosas, a las vicistudes sin cuento que desde hace décadas viven los cubanos.

Al cabo de una intensa semana en la que la selección antillana derrota en final de película al seleccionado  gringo, y luego de  declinar la instigación a desertar,  cuando ya tiene virtualmente un pie en el avión de regreso,  Yuniel conoce a Sandy,  una vivaz chica cubanoamericana, abogada de inmigración residente del sur de la Florida que es la suculenta celada amorosa que le tiende  el destino.

Ya de vuelta en Cuba, y como resultado de su equívoca conducta en USA, Yuniel es considerado sospechoso por sus supervisores y apartado de la selección. A partir de este momento su vida de ficción deja de parecerse a la del pitcher  René Arocha para asemejarse a la del primera base Kendry Morales.

Morales, quien llegó a ser primera base de los Angelinos, llevaba ya deiz años jugando para los Industriales,  cuando fue sorprendido tratando de desertar durante un torneo en Panamá. Sorprendido y suspendido. A partir de ese momento, Morales intentó hacerse a la mar como balsero en más de doce  fallidas oportunidades. En dos de ellas fue detenido y hasta enviado a la cárcel por breve tiempo.  Logró salirse con la suya en 2004.

El episodio fundador de la serie termina cuando Yuniel, el balsero, se hace a la mar por primera vez y es sorprendido por una tormenta.

¿Continuará?

Ibsen Martínez está en @ibsenM