Thaelman Urgelles: ¿Cuánto tiempo se puede vivir en la incertidumbre?

Una querida amiga puso su empresa en venta, porque se quiere retirar parcialmente de la estresante actividad diaria que ella le proporciona. Luego de meses de gestiones encontró un entusiasta comprador, con quien se disponía a cerrar la negociación antes de los días navideños. Pero la semana pasada el señor le dijo que prefiere esperar hasta febrero, “… hasta que las cosas se aclaren…” Esta verídica anécdota es pan de cada día en la Venezuela de hoy, donde se conocen infinidad de decisiones importantes para las personas y sociedades que se aplazan una y otra vez “hasta ver cuál es desenlace del paciente, la sucesión y las casi seguras elecciones”.

Este fenómeno es conocido como “incertidumbre” y puede ser causa de gran daño en la economía, la cultura y las relaciones sociales de los grupos humanos que lo sufren, así como en la sicología de sus miembros individuales. Ella adquiere espacial relevancia social en aquellos países, como el nuestro, donde la política y los políticos (en particular quienes disponen del poder con fuerte hegemonía) ejercen una influencia exagerada sobre la vida cotidiana de los habitantes. Porque, aunque la política es importante para toda vida social, no en todos los países influye sobre la gente común como lo hace en esta Venezuela de hoy.

Lo peor es que ello no es sólo historia de estos días, con la enfermedad del presidente y los opacos informes que emanan del gobierno nacional. Los venezolanos tenemos ya 14 años de mediana, alta o profunda incertidumbre. Cuando parecía haberse aclarado todo el panorama político –cualquiera podía atenerse a que nuevamente Chávez gobernaría por otros 6 años, con una fuerte mayoría de su partido en las gobernaciones y sólo quedaban unas elecciones municipales de pronóstico también claro- se presenta esta recaída de “la enfermedad”, la casi segura ausencia temporal, luego absoluta y muy probablemente nuevas elecciones presidenciales.

Debemos, sin embargo, recordar que esto no es un imprevisto, se trata de una incertidumbre provocada y mantenida, como casi todas las que hemos vivido desde 1999. Porque esta recaída e imposibilidad de gobernar estaba anunciada y todo el país así lo sospechaba; pero el presidente insistió en mantener su candidatura, única fórmula que encontró para vencer a una oposición que acudió a la elección unida, con un programa atractivo y un candidato legitimado que se creció en cada día de la campaña. Así que esta nueva incertidumbre, desmovilizadora y congelante de todo propósito productivo, forma parte de la estrategia militar que suele regir a las revoluciones: “mantén al ‘enemigo’ (que es lo que somos para ellos) desorientado sobre tus realidades y propósitos, fomenta su incertidumbre, mientras ganas tiempo para preparar tus batallas”.

Los eminentes sicólogos María Mercedes y Vladimir Gessen (este último, también lúcido analista político) ofrecen un consejo muy útil para quienes son víctimas de la incertidumbre: “Para enfrentar este problema, lo primero que debemos hacer es darnos cuenta que la incertidumbre en principio es saludable, como mecanismo para mantenernos alerta y tomar decisiones adecuadas. Si estamos mal o necesitamos algo, lo peor que se puede hacer es no hacer nada, porque las cosas seguirán igual. La incertidumbre nos ayuda a pensar alternativas y esto siempre será positivo. Ahora bien, no permitamos que la incertidumbre, en lugar de auxiliarnos nos perjudique, inmovilizándonos”.

Este sabio consejo debería ser de cabecera para cada venezolano de hoy. Muy especialmente para la MUD, los dirigentes opositores y para su líder Henrique Capriles Radonski. Su adversario se está preparando febrilmente para la contienda electoral que se avecina, mientras tiende una cortina de humo alrededor de la enfermedad de su Jefe y los galimatías leguleyos de la transición. ¡Mosca, pues!

Como todo entre nosotros tiene su lado humorístico voy a cerrar la nota con otra anécdota, menos dramática que la de mi amiga. Un colega cineasta tiene un conocido italiano que desde hace tiempo planea irse del país; al encontrárselo recientemente le preguntó: “¿y tú no te ibas para Italia?”, a lo que este respondió: “¿yo, para Italia, qué va, yo no me voy a perder el final de esta telenovela”.

@TUrgelles