La última moda es comer insectos y gusanos con chocolates

Como el turrón en España, el chocolate es uno de los manjares obligatorios en la celebración de las fiestas de fin de año en Francia, pero ahora los consumidores eco-responsables pueden optar por bombones que alían el cacao con grillos y gusanos de harina.

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La opción, surgida de la alianza de la empresa francesa productora de insectos alimentarios Micronutris con el repostero Guy Roux, especialista del chocolate sin azúcar, es considerada buena para la salud y positiva para el medio ambiente planetario, según sus promotores.

Los bombones de chocolate tienen por objetivo esencialmente hacer conocer la marca, al igual que una barra energética que será producida próximamente, y Micronutris cuenta dedicarse a transformar los insectos en materia prima, sin lanzarse a los productos preparados.

Los bombones alían la suavidad del chocolate con la consistencia crocante y un vago gusto de avellana de los insectos deshidratados, pero la barra barra energética será elaborada con harina de insectos, lo que la hará “aceptable” para los consumidores occidentales a los que les resulte repugnante el hincarle el diente a un coleóptero.

Instalada en Saint-Orens-de-Gameville, cerca de Toulouse (sur), la firma fue creada hace año y medio en un galpón de zona industrial en el que se crían miles de grillos y de gusanos de harina (larvas del tenebrio molitor) por Cédric Auriol, empresario interesado por la ecología.

Auriol, que tenía ya una empresa de importación-exportación de textiles y embalajes, buscaba una nueva actividad acorde con sus valores. Y la entomofagia, el consumo de insectos por los humanos, es “un mercado con enormes posibilidades de crecimiento”.

Según él, 2.000 millones de personas comen normalmente insectos en África, Asia y Sudamérica. Pero, aunque se pueden encargar larvas a través de internet, ninguna empresa en Europa, quizá ni siquiera en el mundo, salvo la suya, produce de manera industrial insectos destinados a la alimentación asegurando una calidad sanitaria conforme a las normas occidentales y sometida a los controles administrativos, sostiene.

Jérémy Defrize, biólogo y encargado de producción de la firma, estima que la gastronomía francesa en particular, y la occidental en general, tendrá que cuestionarse necesariamente en un futuro próximo. “En 2050, seremos entre 9.000 y 10.000 millones de humanos en la Tierra, la demanda de proteínas animales va a multiplicarse por dos, pero la superficie de las tierras agrícolas no será doblada”.

Ante tal desafío, y entre otras respuestas posibles, como la carne sintética, la entomofagia puede ser “una solución para que todo el mundo coma suficientemente”, argumenta.

Esos bichos son ricos en proteínas, en vitaminas y en minerales, y pobres en grasas. A peso igual, los criaderos de insectos emiten entre diez y cien veces menos de gases de efecto invernadero que las ganaderías de carne tradicionales, sostiene Defrize.

Micronutris alimenta a sus grillos domésticos, a sus gusanos de harina y a sus saltamontes con alimentos ecológicos. El gerente explica que el precios es alto hasta ahora, unos 200 euros el kilo, porque se necesita inventar todos los procedimientos. Pero estima que la toma de conciencia de los consumidores “que se inquietan cada vez más por el impacto medioambiental de lo que comen” hará que en unos tres años su producto podrá comercializarse al mismo precio de una carne clásica.