Lluís Bassets: Nacionalismo y dinastía

Una nueva zona de tensión se está consolidando en el vecindario de China. Se trata de un anillo de islotes y peñascos, origen de viejas y nunca resueltas querellas territoriales con Vietnam, Filipinas y Japón, por no hablar de Taiwán, contencioso territorial en su propia existencia como Estado separado. Lo que está en juego no es tan solo la eventual explotación de los fondos marinos y los yacimientos energéticos que puedan albergar, sino la actitud de la nueva China hacia el resto del continente, marcada por la altivez con que la superpotencia quiere jerarquizar sus relaciones con los vecinos.

Ascenso chino y agitación nacionalista en la región son fenómenos conectados. Nada pueden sacar los respectivos Gobiernos de estos contenciosos de vecindario sin atizar el nacionalismo, la agresividad e incluso la xenofobia en la población. Es extrema la excitación en las redes sociales chinas alrededor de las islas Diaouyu, Senkaku en japonés. Las prospectivas para el año 2013 señalan ya el mar de la China como una de las regiones del globo donde hay mayores probabilidades de un incidente armado, que en tal caso se produciría entre Pekín y Tokio.

En correspondencia con la agresividad entre vecinos, las dos últimas elecciones democráticas celebradas en la región, en Japón y Corea del Sur, han catapultado al Gobierno a sendos políticos conservadores y nacionalistas. Shinzo Abe, el nuevo primer ministro japonés, que lo fue ya entre 2006 y 2007, es el líder del Partido Liberal Democrático, nieto del primer ministro Nobusuke Kishi e hijo de Shintaro Abe, que fue ministro de Exteriores. Park Geun-hye, la nueva presidenta de Corea del Sur y del Partido de la Nueva Frontera, es la hija del general Park Chung-hee, que alcanzó el poder en 1961 en un golpe militar y lo retuvo por la fuerza hasta su asesinato en 1979, de mano de su jefe de seguridad.

Si el legitimismo dinástico funciona en los sistemas democráticos, todavía se adapta mejor en los sistemas de partido único de matriz totalitaria. En la comunista Corea del Norte se ha alcanzado la perfección con la tercera generación de la familia Kim en el liderazgo supremo. Kim Jong-un lo alcanzó hace exactamente un año, el 17 de diciembre, a la muerte de su padre, Kim Jong-il, que a su vez lo había heredado del abuelo y fundador de la dinastía, Kim Il-sung, en 1994. También ha funcionado en China en el quinto relevo generacional después de Mao Zedong que ha elevado a la máxima jerarquía a Xi Jinping, hijo de Xi Zhongxun, que fue viceprimer ministro con Mao. Los príncipes rojos, hijos de esta generación, han salido vencedores del 18 Congreso que ha consagrado este quinto relevo y controlan cinco de las siete sillas del Comité Permanente del Politburó y órgano máximo del partido.

Nacionalismos y dinastías andan visiblemente del brazo, al menos en esos cuatro países que rodean el mar de la China.

 

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