Mikel las Heras: ¿Feliz 2013?

Nadie en su sano juicio puede decir que este cierre de año es normal o “está excesivamente normal”. La normalidad es un estado que en Venezuela se ha vuelto, en los últimos años, en un ejercicio dialéctico al que, irónicamente, le falta bastante razonamiento.

El ocaso del año parece dibujar también el ocaso de una era -corta- en la que un hombre ha dirigido los destinos, todos, de la nación. Y aunque las opiniones acerca de su desempeño estén divididas, a la vista saltan las consecuencias de un gobierno que ha concentrado todos los poderes en un solo hombre, que ahora está enfermo y ausente de Venezuela ¿y del poder?

Este es un año que cierra con múltiples números en rojo para todo el mundo: los ciudadanos siguen divididos -víctimas del fragor político, pero sobre todo víctimas del discurso oficial- en patriotas y traidores, en ricos y pobres, buenos y malos, burgueses y pueblo. La oposición organizada alrededor de los partidos políticos y la MUD acaban de perder dos importantes elecciones. Los partidos y grupos que apoyan al presidente Chávez lucen divididos algunos y huérfanos otros.  Las cifras económicas no son esperanzadoras para nadie. La escasez de productos alimenticios es ya una constante. La Justicia, lejos de mejorar, o por lo menos hacer el intento, profundiza, a veces con saña, el desapego a su función y obviamente las injusticias aumentan. Salen unos presos pero otros, políticos o no, quedan y sobre todos ellos pende la espada de Damocles o la balanza de esa dama que en nuestro sistema judicial no es ciega.

Este ha sido un año particularmente malo para los Derechos Humanos. Las cifras de muertos y heridos por la violencia en las calles o en las prisiones, la impunidad, los múltiples casos de falta de acceso a la justicia, a la información oficial, a los derechos a la salud y a la vivienda consagrados en la Constitución, la salida de Venezuela del sistema Interamericano de DDHH, entre otros, configuran un cuadro que ponen a nuestro país en el borde del abismo en cuanto al respeto a los Derechos Humanos.

Todos estos elementos configuran un cuadro donde la conflictividad crece. Las protestas de diferentes sectores y en diferentes regiones aumentan día a día. Cerramos el año con reclamos laborales por falta de pagos, anuncios de paros, protestas exigiendo vivienda, quejas por los malos servicios de electricidad, basura y vialidad.

Estamos pues en crisis. Crisis política ante la ausencia del presidente, la desinformación y la incógnita que plantea su alejamiento del poder, con varias figuras de su entorno pugnando por estar cerca de las mieles. Crisis económica con un aparato productivo que pronto estará parado y una sociedad que poco a poco se está volviendo, cada vez más, económicamente dependiente del Estado. Una crisis social que se evidencia en una sociedad que recibe lo que el Estado le da y promete, pero que sale a protestar a la calle para exigir cuando no se lo da o cuando le incumplen las promesas. Tenemos una sociedad acomodaticia y con amplios sectores de ella viviendo del Estado. La social pudiera ser la crisis más dura y más difícil de vencer.

Así pues, cerramos este año 2012, que esperaba fuera de esperanza y cambio, con muchas incógnitas, con conflictividad, con varias crisis abiertas y con ciclos que no han podido cerrarse.

¿Feliz 2013? No, me conformo con un 2013 alejado de esta normalidad que nos asfixia.

@mlhccs