Corto y Picante: “La hora de la verdad” por @fariasjoseluis

La principal preocupación actual del régimen chavista es cómo informar lo inevitable. Preparar a los seguidores para una infausta noticia ha concitado todo tipo de esfuerzos. Pero ¡que va! No se sienten seguros de lo que deben hacer.

Ha sido demasiado tiempo concentrando todo el poder en un solo hombre, haciendo depender sobre sus hombros el destino de un tumultoso proceso revolucionario. Demasiado servilismo al orgullo de un individuo.

Los efectos perniciosos de años de sumisión a la sola voluntad del jefe, al capricho divino que anula la racionalidad más elemental, a la preferencia y el gozo por el susurro de un favorito disoluto que borra el consejo de la ciencia y el estudio, son imposibles de corregir de la noche a la mañana para decirle ahora a la servidumbre inducida que el hombre no es eterno, que le llegó su fin.

Además el séquito chavista, inmerso en el debate de cómo anunciar el fin, no logra sustraerse del ardor de los enfrentamientos internos. Al recuerdo de las ofensas y conflictos pasados se suma el temor por los peligros futuros. Nadie se siente seguro. La desconfianza campea. La sola sospecha equivale, de una, a la condena de todo el que la despierte.

La larga reunión del sábado 8 de diciembre (se dice que duró 12 horas) en la cual los más encumbrados integrantes del séquito debatieron el tema de la sucesión en compañía de algunos asesores cubanos y bajo la dirección del Jefe, logró zanjar las diferencias solo en apariencias. La procesión siguió su curso.

Tampoco el anuncio del Presidente esa noche designando al vice-presidente Nicolás Maduro como su sucesor ha calmado el voraz apetito de poder de su principal adversario, el teniente Diosdado Cabello.

El simple reparto de cuotas de poder no es garantía de acuerdo, pronto brotarán a la luz pública las manchas del ardor de la disputa.

Llegó la hora de la verdad.