Orlando Viera-Blanco: En el purgatorio

Publicado en: Opinión

El país cabalga entre la muerte, la duda y la intemperancia. La ausencia del presidente Chávez anuda el panorama, por lo que esfuerzos políticos y ciudadanos extraordinarios deberán contener la insensatez y el desacato de la ley. Chávez ha significado en lo bueno y en lo malo, una profunda reflexión. Pero es hora que su partida del poder marque el inicio de una nueva era, no la continuación de lo que fue. A partir de ese ejercicio de introspección, evitaremos tropezar nuevamente con la misma piedra.

El comandante se da a conocer tras un golpe de Estado (1992). No se sentó en Miraflores sudando lo político, sino por el abandono de los políticos a sus ciudadanos… No valido la intentona del celebro-debutante y su por ahora, trajeado de camuflaje. Pero son inocultables las causas que condujeron a la concurrencia de la plutocracia, el rentismo y el caudillismo irredimible. Tres lustros de exacerbación de odios, racismo y lucha de clases, nos han colocado al borde de una guerra civil, si es que ya no estamos… Todo un andamiaje revolucionario de reflujos, que se refugió en décadas de indiferencia hacia los miserables y en el triunfo de la impunidad sobre la justicia. Un modo de gobernar otrora bipartito, oprobioso y barragano, que nos hizo una sociedad enferma y huérfana de valores. A tal degeneración partidista, sumemos la propia: la ciudadana. Muchos venezolanos de apariencia demócrata e impoluta moralidad, han cortejado con el poder y chupado del pote, a sabiendas que tratan con el propio General Alcázar de las aventuras de Tintín. El comandante -que los conoce a rabiar- los campaneó y los colocó rodilla en tierra, a placer… Así construimos una sociedad egoísta, cómplice y rapaz, que nos ha llevado (antes y ahora) al desorden, la antipolítica y la satanización de nosotros mismos. Como los pícaros en la selva, hemos pactado hasta con el mismo diablo. Y los demonios se soltaron por lo que toca ahora regresarlos a sus avernos.

La justicia, la libertad, la Constitución no se negocian. El país no resiste “dialogar” y el 231 de la CBV, saltando de la ausencia absoluta a la ingobernabilidad. Esas actitudes infaustas liquidaron vía referéndum inconstitucional, la Carta Magna del 61. ¡Una pelusa! Pues no queda más. Ante la orfandad de líderes o reaccionamos o seguimos todos en el purgatorio. 

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