Carlos Blanco: La Usurpadora

Dolores no llega a posesionarse de la Casa Presidencial de Turiamo simplemente por un escrúpulo menor: no quiere que alguien piense que manda más de lo que manda. Por eso se instala al otro lado de la bahía donde su andar tiene fama y cada uno de sus atrevimientos tiene el impacto de un golpe de estado en caliente. Viene al trote con unos pantalones cortísimos que dejan a la intemperie sus preciosas piernas y relumbran por su sensual transpiración, mientras que su retaguardia embriagadora mantiene el ritmo de la marcha trotona de los Cazadores del Ejército. Su franela, húmeda, adosada a su torso batallador, libera unos hombros carentes de ángulos desde donde descienden brazos cuidados, hermoseados con las prácticas de judo y de tiro, que concluyen en manos potentes, de dedos largos y poderosos; con uñas rosadas, cortas, adolescentes.

La Armada adora a Dolores y no hay almirante que no rinda su flota ante su presencia; además la admiran porque la muy bicha no se cuida de pregonar la pésima opinión que tiene de Molero Bellavia, el Ministro, lo que la hace más popular dentro de los marinos. Siempre recuerda que este Almirante es casi el último de su promoción y que su máximo esfuerzo ha sido esa conversión forzada al chavismo, abyección premiada un Jefe ido.

Noto que cuando se acerca viene envuelta en nieblas de tristeza. No es para menos, dada la situación en la que reposa ese amor siempre desencontrado que dice que yace en una cama de La Habana. “También Hugo habría preferido otra muerte”, deja escapar como prólogo a nuestro encuentro.

NOTICIAS DEL IMPERIO. Nos acercamos a la casa vacacional del Comandante de la Base, donde nos espera un notable hervido de rabo -¡qué otra cosa podía ser!- que, en alusión dialéctica, se ofrece a la exquisita camarada. Me cuenta de la reunión con Diosdado: “Ustedes no han captado la naturaleza del juego. Se han metido a buscar lo que no se les ha perdido y han terminado promoviendo -¡quién lo iba a pensar!- a nuestro jefe militar. El Raúl Castro de nosotros, pues”. Ante mi intento de argumentación, sonríe y apura el trago de Chivas de 25 años, con agua de coco; cuando observo la combinación de líquidos aristocráticos y plebeyos, murmura: “Es mi pequeña contribución a la ordinariez, que tiene sus momentos Kodak”.

-Se han equivocado con Diosdado. El no quiere la Presidencia; él quiere el poder. Está donde quiere estar. Mientras Nicolás no puede mover ni un dedo, ni cambiar a nadie, ni darle órdenes a nadie, Diosdado en los hechos es el Comandante en Jefe de la FANB.

-No creo mucho en esta tesis- digo -A nadie le disgusta ser presidente y el problema de Cabello es que los cubanos no lo quieren bien.

-Los cubanos adoran a Hugo, o lo adoraban. Y él a ellos. No le daban órdenes pero lo convencían y él cumplía implacablemente los acuerdos con ellos. Con Nicolás es diferente: a Raúl y a Ramiro no les importa si el Vice está convencido o no, sino que le dan órdenes que acepta porque no tiene opción, no posee apoyo en parte alguna. Si no obedece carece de existencia material y política. Con Diosdado es distinto…

-¿Por qué?, deslizo; sé que la camarada no parará de hablar ni de relamerse su grato bebitivo.

-Fíjate lo que ocurrió el jueves pasado, el famoso 10E. Sin que Nicolás supiera, Diosdado ordenó a la Fuerza Aérea que volaran los Sukhoi rusos. Cuando rugieron “los paladines insomnes (aunque averiados) del espacio soberano”, el susto de Maduro y la sonrisa de los aviadores fue muestra de cómo están los equilibrios.

¿POR QUÉ NO DIO LA PELEA?. La camarada pasa a comerse un par de parguitos frescos “al grill”, como le encanta decir, mientras observo su cirugía gastronómica, tan perfecta como sus manos. Nadie habría pensado que uno de esos dedos aprieta gatillos y alguna vez disparó sobre un ser humano; no lo liquidó pero estableció jerarquías, por la época del Caracazo…

Diosdado, insiste Dolores, va a dejarse abrazar por Nicolás todo lo que él quiera pero se ha propuesto hacer de la AN una fuente de gobierno ejecutivo y no cede el mando militar. Antes tenía influencia sobre los oficiales, ahora es su superior. “Todo lo demás es poesía”, afirma sin que se sepa si su afirmación es un elogio a la poesía o una desestimación de su practicidad. “Y con él no hay cubano que valga… quiere sacarse varias espinitas, entre otras la de que el entorno de Maduro le tiene el nombre-código de ‘el enano’, que le resulta insoportable”.

-Gente mía, dice, asistió a una reunión en la que el pequeño jefe aseguró que él no aceptaría la Presidencia sin hacer cambios importantes.

-¿Cómo cuáles?, inquiero.

-Devolvería a Nicolás a la Cancillería y nombraría a Jesse Chacón como Vicepresidente.

EL RIESGO. Pienso que Dolores tiene mentalidad crítica pero está obnubilada o, como dice el Ministro Almirante, “obnibulada”. Lo que han hecho es un desastre, le argumento. Ustedes se dan cuenta que han impuesto un Presidente que no tiene ni un solo voto a cuestas. Que si se relata en cualquier parte que hay un país en el cual se acaba de encargar un Presidente que había cesado en la función pública y que no ha recibido un solo voto, todo el mundo asumiría que es un golpe de estado. Pero ella, con su sonrisa de bruja de Blanca Nieves, me cuenta que la solución les llegó del Sur. Pepe Mujica, presidente uruguayo, les dijo que por qué no hacían lo que era obvio: un referéndum aprobatorio, para que el soberano confirmara las disposiciones de los cubanos, de Chávez, del PSUV y de los aliados. En ese caso, todo el tema de la falta temporal o absoluta desaparecería porque el referéndum sería para aprobar el gobierno tal como está constituido hoy, hasta que se presentaran condiciones para nuevas elecciones sobre las cuales deberían ponerse de acuerdo Maduro y Cabello, los cogobernantes. La usurpadora, la revolución usurpadora, recibiría así -piensan- un nuevo bautismo de masas.

CIUDAD DE DESPEDIDAS. Nos despedimos. El ambiente ensombrecido. El llanto demorado de la camarada reaparece. “Esta revolución se acabó hace rato”. Desde cuándo, pregunto. “Desde que los jefes de hoy tienen en sus muñecas relojes de más de 3 millones de dólares, Vacheron Constantin… Se los dan sus amigos a cambio del alma”. “Sin embargo -me dice- todavía hay un misterio sobre el cual no te voy a hablar hoy: se trata de la familia… ” Ante mi mirada sorprendida continúa: “Hugo siempre pensó que los únicos que le serían fieles hasta más allá de su vida eran sus familiares… No pudo catapultar a Adán, su inspirador y jefe político por años, ni le dio tiempo de hacerlo con su descendencia”. Prosigue: ¿No te parece demasiado sonoro el silencio familiar? 

Twitter @carlosblancog