Gonzalo Himiob Santomé: Con los pantalones arriba, mejor

Vamos a situarnos en los terrenos de lo hipotético, para trabajar un escenario en el que en breve tengamos que acudir a elecciones presidenciales, y no en seis meses o en un año, sino a más tardar en febrero o marzo de este mismo año. Imaginemos que de la noche a la mañana el oficialismo declara que Chávez no podrá continuar su mandato, es decir que se produce su falta absoluta y que lo que corresponde de acuerdo a nuestra Constitución, es realizar elecciones presidenciales en un plazo no mayor de treinta días, contados a partir de la declaratoria de la ausencia definitiva de Chávez.

El candidato oficialista, ya que ha sido “ungido” para ello por el propio Chávez, sería en ese escenario que reitero mantengo por ahora en los límites de la simple hipótesis, Nicolás Maduro, que como dicen en mi pueblo “no lleva mucho en la buchaca” pero cuenta y contará con todo el apoyo y los recursos del aparato Estatal.

Si eso fuera lo que está por ocurrir en nuestra nación ¿La oposición está lista para arrostrar la inmensa responsabilidad que de inmediato se le vendría encima? Me atrevo a decir que sí, pero siempre y cuando recordemos los duros aprendizajes que hemos tenido que asumir en los últimos catorce años.

En primer lugar, debemos tomar en cuenta que en una situación como la que ahora planteo a modo de precaria conjetura, el chavismo tendrá muy claro que se estaría jugando el todo por el todo. Sin la presencia del líder máximo de la revolución, y sin sucesores que cuenten con su carisma y su verbo el oficialismo, si se da este escenario, será más una bestia acorralada que una opción democrática, pues los oficialistas y sus cúpulas saben que existirían posibilidades ciertas, que ahora no serían simples suposiciones, de que no ganen, al menos en buena lid, la posible contienda electoral.

Chávez se erigió a sí mismo, y todos sus seguidores le apoyaron en ello, como el único referente presidencial válido para los chavistas, por lo que de no estar presente, cualquier arribado por muy designado a dedo que haya sido, no la tendrá fácil, mucho menos si compite contra otros líderes, en este caso los opositores que puedan ser la otra opción, que a diferencia de Maduro tienen ya muchos años midiéndose y resultando victoriosos además en muchas peleas electorales, y sí se han dedicado a cultivar las simpatías populares desde la calle, que no desde la comodidad de un sillón a la derecha del que, hasta hace nada, todo lo podía.

En este sentido, cabe esperar que en una coyuntura como la que acá propongo, todo lo que antes hayamos visto en materia de ventajismo, de uso y abuso de los recursos públicos, y hasta cualquier triquiñuela que antes nos haya sorprendido en nuestra buena fe, parecerá una nimiedad, comparado con lo que ahora estarían dispuestos a hacer aquellos que saben, porque lo saben, que de salir del poder pueden perder desde sus bienes y privilegios hasta su libertad, merced los turbios asuntos en los que muchos de ellos han estado involucrados. Si no entendemos que esto será así, en caso de que este escenario se diese, si no comprendemos que ahora sí la pelea será a cuchillo y no nos apertrechamos y preparamos para ello, estaremos siendo arriados a un matadero electoral, en el que nuestra capacidad de respuesta ante los excesos y las corruptelas será virtualmente nula.

 

Habría entonces que revisar si hemos sido o no lo suficientemente enérgicos y decididos, cuando de controlar los abusos electorales del poder se trata, especialmente los del CNE, y también tendríamos que tener preparado un catálogo de respuestas pacíficas, pero contundentes y efectivas, ante los eventuales despropósitos que deberemos enfrentar.

En segundo lugar, creo importante rescatar la valía de la unidad opositora como herramienta de lucha política contra el oficialismo. Es verdad que la MUD ha tenido sus altas y bajas, y que no siempre los partidos políticos, o al menos algunos de ellos, han querido bailar al son que exigen la ciudadanía y los tiempos que vivimos, pero también lo es que si algo ha debido quedarnos como aprendizaje en todos estos años, es que al contendor titánico contra el que nos enfrentamos (que ahora además, si ocurre lo que propongo, estaría apoyado por la imagen mitificada de un líder idealizado contra la que no se puede luchar sino desde los terrenos de la metafísica), no se le puede hacer frente divididos. Si se diera un escenario como el que planteo, nosotros los ciudadanos opositores debemos exigirle a nuestros líderes políticos que se pongan de acuerdo de inmediato (no habrá tiempo de hacer primarias de nuevo) en relación a quién será nuestro único campeón para esta batalla, y que de manera definitiva y sin medias tintas subordinen sus intereses particulares, y los también sesgados de sus respectivas organizaciones políticas, al interés superior del rescate de nuestra nación desde una perspectiva incluyente y tolerante, pero a la vez firme y decidida.

Si se da la hipótesis que acá describo, o vamos completamente unidos a la contienda electoral, sin cabos sueltos que no vean más allá de sus narices, o estaremos condenados al menos a seis años más de oscuridades, con todo lo que ello implica.

Otra cosa que creo importante destacar, es que si tenemos que enfrentarnos eventualmente a un proceso electoral presidencial, no podemos volver a caer en los juegos absurdos de los abstencionistas. Si el destino nos abre esta puerta, si se da la oportunidad en el corto plazo de cambiar las cosas y de retomar la senda perdida de la institucionalidad democrática, no acudir a votar por las razones que sea, y pese a que el equilibrio, la equidad o la justicia no imperen, será un pecado ciudadano que no tendrá absolución posible.

De nada nos valdrá tener un liderazgo opositor cohesionado y consecuente, que espero en una coyuntura como la que describo aflore, si nosotros los ciudadanos que somos al final quienes en verdad decidimos, no ponemos nuestro grano de arena y hacemos el esfuerzo de creer como debemos hacerlo, en que la participación electoral es nuestra más poderosa herramienta contra el oprobio y contra los abusos del poder. Si las circunstancias nos fuerzan a una nueva contienda electoral, o votamos, o estaremos siendo adalides del continuismo, y avalaremos con nuestra apatía todas las barbaridades a las que nos hemos visto sometidos desde hace tanto tiempo y especialmente durante los últimos meses.

Por supuesto este ejercicio que propongo no es más, por el momento, que una demanda de respuesta a una serie de conjeturas que pueden darse o no, según sea del azar o del destino que así ocurra; pero en mi pueblo también dicen que guerra avisada no mata soldado, y algunas hipótesis es mejor tenerlas en cuenta, para trabajar sobre ellas desde ya aunque no se den, pues es preferible eso, a que alguna sorpresa o algún giro inesperado del destino nos agarren dormidos o con los pantalones abajo.

 

@HimiobSantome