José Vicente Carrasquero: Democracia de mentira

Venezuela vive uno de los peores momentos de su historia republicana. El gobierno y las instituciones están en manos de de una clase política que solo cree en la democracia cuando es de su conveniencia. En otras palabras, usa sus procedimientos pero no respeta sus principios.

En realidad se trata de una clase política que podía ser ubicada en la edad antigua para tener un término referencial. Han asumido el poder sin ningún valor democrático que destacar. No hay respeto por las posiciones ajenas. Viven de la descalificación del contrario y de la amenaza. No son abiertos al debate verdadero, a la dialéctica de las ideas. No son tolerantes y son altamente excluyentes.

Solo tienen como límite una fachada democrática con la que conforman a las burocracias internacionales que le dan más importancia a los intercambios comerciales que a la protección de los ciudadanos de los países con los que tienen relaciones.

Lo que pasó en la Asamblea Nacional con el diputado Julio Borges es una demostración de lo que estoy argumentando. Hasta el momento de escribir esta opinión, no he visto ni oído que alguien en el chavismo condenara la acción del individuo que demostró su carácter de bárbaro invasor. No diferenciarse de estas cosas pone a Diosdado Cabello en el mismo nivel de barbarismo que el diputado de su bancada.

Esta es una clase política primitiva. De máximo el 450 de nuestra era. Unos bárbaros que piensan que llegaron al poder a través de una invasión y que por lo tanto tienen derecho a tratar al resto del pueblo como si fuesen vasallos conquistados por la fuerza de las armas y no minoría por los resultados de principios democráticos.

El diputado agresor sacó a relucir su talante primitivo al apelar a la fuerza física para zanjar sus diferencias. O a lo mejor obedecía órdenes de un superior chavista de esos que entiende que la forma de hacer política es por la imposición y con el uso de la violencia. Para este señor la democracia se limita al acto de ir a una elección y listo. No tiene principios democráticos. Es evidentemente una persona con un muy bajo nivel educativo. Lo peor de todo es una persona con  muy poca capacidad de contribuir a conformar el capital social que tanto necesitamos los venezolanos.

El agavillamiento como mecanismo político deja en claro la carencia de principios democráticos. Una personalidad autoritaria que ataca desde la posición de sentirse impune. Protegido por sus iguales que no tienen respeto por los valores más elementales de la convivencia humana.

Esta es la cosecha Hugo Chávez Frías. La de la confrontación, la de la aniquilación. Chávez al final lo que terminó construyendo fue un país que por sus contradicciones internas será, más temprano que tarde, presa de las potencias extranjeras que vendrán detrás de nuestros tesoros más preciado, por el ejemplo el agua.

@botellazo