Obama se juramentó y ¿Chávez cuando?, por Leonardo Palacios

El pasado 21 de enero de 2013, en un ambiente de expectación y de entusiasmo se juramento como 44 Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Barack Hussein Obama II, conocido como Barack Obama.

Es el primer afroamericano en llegar a la Presidencia y permanecer para un segundo periodo. Su llegada fue en medio de una gran controversia política derivada de la intervención de EEUU allende sus mares enmarcada dentro de la vorágine y locura desatada por el terrorismo y con la ola expansiva en pleno desarrollo de la crisis financiera con implicaciones tremendas a nivel mundial, que todavía hace estragos en el viejo continente.

Este segundo mandato lo asume con experiencia, con índices y circunstancias que le son propias por lo que puede afirmarse que esta ésta la gran oportunidad de Obama.

Ese acto de juramentación que mantuvo a los norteamericanos y al mundo, democrático o no, en vilo desde el día anterior estuvo rodeado de una serie de formalidades que denotan que su existencia y vigencia es la manera más expedita y efectiva de interacción entre los órganos Poder Público, el respeto a la normativa constitucional y un profundo, sagrado y practicado respeto a los derechos ciudadanos y una garantía a su observancia.

La formalidad y la solemnidad es la expresión máxima de la majestuosidad de la investidura del Poder, es la manifestación de la necesidad de sumergir su práctica en la más clara y acabada concepción democrática, sus valores y respeto material, entiendase verdadero y controlable, del respeto de la institucionalidad.

Obama no desconoció ese gran principio de la democracia norteamericana al expresar:

“Cada vez que nos reunimos para la toma de posesión de un presidente, somos testigos de la solidez perdurable de nuestra Constitución. Afirmamos la promesa de nuestra democracia. Recordamos que lo que une a esta nación no son los colores de nuestra tez ni los principios de nuestra fe ni los orígenes de nuestros apellidos. Lo que nos hace ser excepcionales, lo que nos hace americanos, es nuestra lealtad a una idea, articulada en una declaración que fue hecha hace más de dos siglos”

Lejos está la guachafita oficialista de la octavita electoral venezolana, que se recrea en la puesta en escena de una opereta antidemocrática que manifiesta una profunda burla a la Constitución, a las formalidades de la investidura presidencial, a las formas de equilibrio del gobierno democrático en su más amplia acepción en cuanto a la correspondencia de controles y existencia flexible de la división de poderes propugnada desde hace muchos años en el constitucionalismo moderno.

Obama, que representa la esperanza de amplios sectores que se sienten verdadera y efectivamente representados en su discurso y acción, asumió la Presidencia de la gran potencia con la mayor humildad y sumisión a los dictados constitucionales, tal como se evidenció en su juramentación por ante la Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, a la sazón la primer ciudadana norteamericana de origen latino en ejercicio de la magistratura y con una reverente mención a los miembros del Congreso Norteamericano.

El Presidente Obama, ha iniciado el camino al no retorno a la Presidencia pues es éste su último periodo, sin amenazar con quedarse hasta 2021, valiéndose de artimañas, de por sí difícil de pensar en el constitucionalismo norteamericano, para lograr una enmienda que permita la reelección indefinida.

El Presidente Obama, a partir de la Constitución y dentro de ella, convocó no solo a los demócratas y a quienes sufragaron por él, dentro del particular sistema electoral vigente, sino a todos los norteamericanos, sin excepción, pues “el juramento que he hecho hoy ante ustedes (…) fue un juramento ante Dios y ante el país, no ante un partido ni una facción. Y debemos cumplir fielmente esta promesa mientras dure nuestro mandato fue un juramento ante Dios y ante el país, no ante un partido ni una facción. La unión de todos y la visión compartida de valores han permitido edificar la gran Nación de la cual se siente orgullosos”.

El Presidente Obama está consciente que un gobierno sin sus ciudadanos o con exclusión de algún sector no le permite conducir la gran empresa de construir una país prospero, de valores libertarios y de justicia.
En ese acto de juramentación, sencillo pero solemne, respetuoso de la tradición y de la Constitución y los valores que la inspiran y mantienen en sana vigencia, Obama expresó, que “jamás hemos abandonado nuestro escepticismo de autoridad central, ni hemos sucumbido a la ficción de que los males de la sociedad pueden curarse solo a través del gobierno. Nuestra celebración de iniciativa y empresa, nuestra insistencia en el trabajo duro y la responsabilidad personal, esos son factores inamovibles de nuestro carácter”.

Mientras tanto, luego de transcurridos dieciocho (18) días para la juramentación del Presidente de la República o para la puesta en ejecución de los mecanismos constitucionales de subrogación presidencial, en el epicentro de la “Revolución bonita” “pacifica pero armada” la de la “patria grande” en la que no cabe medio país que la adversa, siendo por tanto discriminada, vejada y amenazada se hace malabarismos constitucionales, en una suerte de juego confuso de mímica institucional que busca frenética y desesperadamente mantener en el poder ese fenómeno telúrico que es Chávez, bajop el subterfugio y filosa amenaza de ser el único que garantiza la paz social, el progreso y el bienestar en Venezuela y la región.

Durante casi tres lustros la política se ha envilecido, la acción del Estado pervertido, la cara de las instituciones se han demacrado ante la ruptura institucional por interpretaciones sesgadas, arbitrarias y acomodaticias del ordenamiento jurídica y por la ejecución de políticas públicas lesivas de los derechos humanos. Hemos vividos un periodo en el cual, como lo expresó Obama en sus discurso sin nombrarnos, en el que se ha confundido “el absolutismo con los principios”, y sustituido “la política con el espectáculo”, y tratado “los insultos como un debate razonado”
Nuestro país, otrora vitrina de las bondades y virtudes de la democracia, olvidó, la regal de oro de la democracia la cual en palabras del Presidente Obama debe “ser fuente de esperanza para los pobres, los enfermos, los marginados, las víctimas del prejuicio, no solo por pura caridad, sino porque la paz en nuestro tiempo requiere el fomento constante de aquellos principios descritos por nuestra fe común: tolerancia y oportunidad, dignidad humana y justicia”.

Obama y su Vicepresidente se juramentaron dos veces en Washington, pues la Constitución establece que si la fecha prevista cae un domingo debe reproducirse el juramento en fecha inmediatamente posterior.

En cambio en nuestro país han transcurrido con creces la fecha de juramentación del Presidente Chávez, es un hecho público y comunicacional que se han verificado los supuestos para que procedan los mecanismos constitucionales de subrogación presidencial ante la ausencia del primer mandatario. Se desarticula el poder, se pisotea la Constitución ante la inacción de los Poderes Públicos, el silencio de algunos de sus titulares o la resonancia de otros del capricho y la imposición de una vocería deslegitimada y desvencijada.

Se desvanece la soberanía, se deslegitima el ejercicio del poder, se marcha estrepitosamente al desgobierno de lo público.

Por ese preguntamos Obama se juramento y ¿Chávez cuando?

Leonardo Palacios Márquez
@negropalacios