Rafael De León: La oposición es carente de “Una Mente Brillante”

Seamos sinceros, cada vez que la oposición participa en una contienda electoral, fracasa. Y esto es así, digan lo que digan y den la excusa que den. No importa si es con o sin trampa, con o sin ventajismo o si son elecciones presidenciales, parlamentarias o regionales, el punto es que en todos los escenarios, repito, en todos, la oposición ha sido y continúa siendo madrugada de forma humillante. Ahora bien, ante esto cabría preguntarse simplemente: ¿Porqué pasa esto?; ¿Cómo es posible que luego de catorce años en manos de un gobierno de delincuentes, la oposición siga perdiendo?; ¿Cómo es posible que teniendo una de las tasas más altas de inflación y criminalidad en el mundo, el gobierno siga ganando las elecciones presidenciales con una diferencia a su favor de casi dos millones de votos?; ¿Cómo es posible que el oficialismo siga siendo capaz de ganar veinte gobernaciones y la oposición solo tres –una de chiripa y las otras dos por carambola-?. Excusas aparte, si de algo podemos estar seguros, es que la culpa de esto, para variar un poco, no es del gobierno.

En todo caso, de todos los argumentos que pudiesen ser dados para intentar explicar porqué la oposición es la única culpable de sus desgracias –y de gran parte de las nuestras-, he querido exponerles uno extraído de un campo no habitual, el económico. Se trata de una teoría formulada por el Premio Nobel de Economía del año 2004, el estadounidense John Forbes Nash, en cuya vida se basa la película “Una Mente Brillante” -ganadora del Oscar a mejor película del año 2001-, y quien formuló en el pasado siglo una idea que a mi juicio, es clave para entender este asunto. A ver si me hago entender sin aburrir al lector:

Para Adam Smith (1723), considerado por muchos el padre la economía, el bienestar social y el crecimiento económico de un país se basa fundamentalmente, en que exista libre competencia. Mientras más competidores coexistan en los mercados, mayores beneficios se generarán para todos pues sus propios intereses los obligarán a competir ofreciendo mejores condiciones comerciales a los consumidores –precios, calidad en los servicios, etc.-. Quizá, una de las frases más célebres de este economista escoces del siglo XVIII, junto con la de “la mano invisible”, sea aquella que de que “En la competencia, la ambición individual sirve al bien común”, con lo cual quiso expresar que el mejor resultado posible, para todos, siempre se alcanzará en la medida en que cada quien busque lo mejor para sí mismo.

Este pensamiento, permaneció incuestionado por casi dos siglos, hasta que Nash (1928) hizo una pequeña acotación tremendamente importante y útil para la oposición venezolana desde mi punto de vista. Para Nash, no era suficiente que cada quien buscase su propio beneficio, sino que al hacerlo, era preciso no perder de vista el bienestar del grupo entero. El argentino Walter Graziano en su libro “Hitler Gano la Guerra”, da un ejemplo perfecto y claro para el mensaje que quiero dar, cito: “… tomemos el caso del fútbol. Supongamos un equipo en el que todos sus jugadores intentan brillar con luz propia, jugar de delanteros y hacer el gol. Más que compañeros, serán rivales entre sí. Un equipo de esas características será presa fácil de cualquier otro que aplique una mínima estrategia lógica: que los once integrantes se ayuden entre sí para vencer al rival. ¿Cuál cree el lector que será el equipo ganador? Aun cuando el primer equipo tenga las mejores individualidades, es probable que naufrague y que, incluso hasta individualmente, los miembros del segundo equipo luzcan mejor. Esto, ni más ni menos, es lo que Nash descubre, en contraposición a Adam Smith, que sugeriría que cada jugador ´haga la suya´.”

Este ejemplo, es tan contundente e ilustrador que seguramente el lector ya es capaz de predecir la conclusión a la que llegaré al final de este artículo. Venezuela tiene una oposición muy parecida a la vinotinto de los años ochenta y principios de los noventa –para seguir tomando el futbol como ejemplo-: Cada vez que juega, pierde y además por goleada, dejándonos siempre la sensación de no saber bien porque perdió. Pues bien, en mi opinión la causa no es que los jugadores sean malos, que el gobierno haga trampa y mucho menos la falta de apoyo popular –esto último más que causa, sería efecto-. Nash y Graziano nos ayudan a entender que la oposición sencillamente no sabe jugar en equipo y así, nunca vamos a salir de esto.

Basta con recordar como hace poco un cobarde le dio dos golpes en la cara a Julio Borges detrás del telón y prácticamente él, fue el único que se quejó; como Leopoldo López hizo recientemente un llamado a debatir en la calle y en lugar de apoyo, recibió críticas de la propia oposición; como Daniel Ortega vino a Venezuela y dijo lo que le dio la gana y nadie hizo nada; es más: ¿Cómo es posible que el mismo día en que Luisa Estela Morales da lectura a la sentencia más nefasta de la historia jurídica venezolana, Emilio Grateron publique en su twitter fotos de su hijo recién nacido, como si estuviésemos en España y el fuese Enrique Iglesias?. Pregunta: ¿Eso es unidad?. Respuesta: No, eso es indignante.

Seguramente todos recuerdan como el ex-magistrado Aponte Aponte confesó que todos los viernes los personeros del gobierno se reunían en la Vicepresidencia para cuadrar la estrategia a seguir. Pues bien, me parece que a la oposición le vendría bien hacer lo mismo a ver si se les pega algo ¿No creen?.

 

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@RafaDeLeon