Gerardo Blyde: Ivana: “sufrir cansa”

Hay que tener el corazón bien duro para no haberse conmovido con la carta que la joven Ivana Simonovis, de apenas 15 años de edad, dirigió a los “Señores del Estado Venezolano”, es decir, a todos aquellos que ocupan posiciones de poder y que tienen en sus manos la posibilidad de ordenar se acuerden las medidas necesarias para que el infierno vivido durante todos estos años por Iván Simonovis y su familia cese.

Estaba por salir de casa, tomando los últimos sorbos de mi café el pasado miércoles cuando, a las 7:15 am, con la radio encendida, escuché a César Miguel Rondón comenzar la lectura de esta carta. Me quedé, como imagino debe haberle sucedido a miles de oyentes en todo el país, paralizado. Cada frase, cada palabra nos habla de lo que nos ha sucedido como país, como sociedad. Cuánto dolor en esta joven, cuánta impotencia tras años de lucha por los derechos de su padre. 

“Sufrir cansa. Llorar cansa. Extrañar al padre de uno cansa. Siento que soy demasiado joven para estar tan cansada”. Imagina Hugo que esto lo hubiera escrito una de tus hijas a las que tanto quieres. Imagina Nicolás que este dolor y este llanto lo estuviera sufriendo alguien tuyo. Imaginen ustedes las Luisas del sistema judicial venezolano que quien estuviera cansada de sufrir, de llorar y de extrañar fuera alguien de sus familias. Hoy no me dirijo a ustedes por los cargos que ocupan, me dirijo a los seres humanos que son y por eso los llamo con sus nombres. 

“Me parece injusto que la política me arruine la vida. Todos los días me asomo con susto en el espejo, porque siento que tengo canas en mi cabello. No las veo, pero las siento. Y tengo 15 años. Es muy rara esta sensación”. Y es que el padre de Ivana no es -y nunca ha sido- político. Ocupó un cargo de seguridad ciudadana, no un cargo político y, sin embargo, la política lo alcanzó, la división del país lo arropó y lo arrojó a un calabozo. Injustamente, la política le está arruinando la vida a Ivana, porque le arruinó la salud a su papá. 

“Ya mi sonrisa no es la que sale en las fotos de los álbumes de la familia. Mi sonrisa se quiebra a cada rato, como una galleta. Porque así están los huesos de mi papá. Se han vuelto una galleta por tanto encierro, por tanto no moverse, por tanta sombra. Por favor, les pido, devuélvanle el Sol. Devuélvanle un poquito de vida. Ya bastante ha pagado lo que Uds. consideraron que debía pagar. Su salud está tan deteriorada que tengo miedo -mucho miedo- de que mi papá termine paralítico, en una silla de ruedas. Y más así. Solo. Sin su gente… “.

¿Por qué la saña? Iván no constituye amenaza alguna para ninguno de ustedes. Que él reciba una medida humanitaria que lo regrese a los suyos no va a desestabilizar al Gobierno, ni al sistema judicial, ni a nada de lo que ustedes hagan o deshagan con su revolución. Si ustedes lo consideraron un símbolo que sirvió para demostrar la fuerza que tienen en el ejercicio del poder, ¿por qué ahora no hacerlo un símbolo de humildad, de humanidad, de grandeza de alma?

¿No dices, Hugo, que tu revolución es amor? ¿No exclamas, Nicolás, que ustedes son un gobierno humanista? ¿No tiene esta joven derecho a sonreír sin sentir tanta tristeza en su corazón? Ya sus vidas quedaron eternamente marcadas, la de ella y la de toda su familia.

Piensen si vale la pena tanto dolor, expresado en las líneas que les escribió Ivana. Esas palabras van dirigidas a ustedes, no a mí ni a ninguno de quienes al escucharlas por la radio se nos arrugó el corazón y se nos formó, por un momento, un grueso nudo en la garganta que nos dificultó tragar el sorbo de café.

Nosotros no tenemos forma de ayudar para que el dolor de Ivana cese. Tú, Hugo; tú, Nicolás; tú, Cilia, ustedes, Luisas, sí tienen ese poder en sus manos. Una orden de ustedes es lo único que se necesita para que Iván, Ivana y toda su familia recuperen la sonrisa y no se sientan culpables por sonreír. Ustedes tienen el poder de hacer que Ivana, de 15 años, vuelva a soñar y no se levante pensando que al mirarse al espejo lucirá vieja, canosa de tanto sufrir.

Pocas veces he leído, en tan cortas palabras, tanto dolor. Que provengan esas palabras de una muchacha venezolana, de una compatriota nuestra, tiene que hacernos reflexionar mucho sobre el país que tenemos y lo que la política puede generar. Si había algo que pagar, esta familia ha pagado con creces.

Esa carta dirigida a ustedes, a Hugo, a Nicolás, a Cilia, a Luisa Estela y a Luisa, finaliza así: “no tengo más argumentos. Solo un exceso de dolor. Gracias. Ivana Simonovis”

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@GerardoBlyde