Brian Fincheltub: La culpa de los indiferentes

La indiferencia es el peor de los males que puede padecer un pueblo, el silencio de los buenos ha permitido los más grandes desastres de la humanidad. Ser indiferentes frente a la injusticia, frente a la tragedia, frente a un país que se derrumba nos convierte en cómplices. Nos hace tan culpables como los impulsores del desastre, voltear la mirada y hacerse el sordo frente a la realidad no nos salvará, tarde o temprano nos tocará nuestra cuota de condena por no haber hecho nada, por cruzar los brazos mientras veíamos al vecino padecer. Ningún árbol quedará en pie si no pasamos de la indiferencia a la acción. Así ha sido siempre, quienes han buscado aislarse al final no han tenido una mano que les brinde ayuda cuando el agua les llega al cuello.

A veces no reaccionamos frente a lo que vive el país día a día creyendo que son problemas que nunca nos afectarán. A otros la cambiante agenda pública les impide fijar posición, pues no ha terminado de pasar algo, cuando ya sucede otra cosa. Somos un país donde los acontecimientos se solapan entre sí, paralizando la capacidad de reaccionar de muchos. Eso quizás no sea casual, muchos podrán hablar de “hechos sobrevenidos”, pero sin entender que lo grandes temas no son necesariamente los que hacen visibles los medios. Hay una dura realidad social en nuestros barrios, nuestros pueblos, que debe ser atendida y que no cuenta con el acompañamiento de la dirigencia política.

La madre a la que le asesinan al hijo quizás no tenga posibilidad de salir en la televisión para denunciar el hecho, pero su dolor debe ser escuchado y todos debemos convertirnos en voz de los que como ella, sufren en silencio el olvido y la indiferencia, no solo del gobierno, sino de un entorno que prefiere seguir adelante, así tenga que saltar cadáveres tapados con sabanas blancas en las mañanas para continuar su marcha hacia su trabajo.

Las víctimas de la violencia, de las precariedades y de la ineficiencia merecen nuestro apoyo como sociedad. A veces nos preguntamos por qué un líder ausente tiene tanta popularidad en medio de tan deprimente panorama, pero no vemos más allá, no entendemos que mucha gente compró hace muchos años una esperanza, empeñó su confianza en una persona que por primera vez los miró a los ojos prometiendo muchas cosas que no pudo cumplirles, pero que desde allí no han visto otra mirada que los pueda convencer.

Nuestro deber hoy es multiplicarnos y actuar, ha nacido un nuevo liderazgo que nos está invitando a voltear la mirada. Como todo liderazgo transformador nos reta a ver lo que está pasando y a contribuir con un nuevo proyecto de país que no juegue con la ilusión de la gente de vivir mejor. Que no pisotee el dolor del más débil para cuidar su posición de poder, que nos muestre que la virtud de gobernar se expresa en servir, no en mandar.

Este llamado lo hacia esta semana Henrique Capriles Radonski al pronunciarse sobre la masacre de Uribana, nos pedía que dejáramos la indiferencia a un lado y entendiéramos el difícil momento que estamos viviendo, pero no para deprimirnos y desmovilizarnos. Sino para hacernos mucho más humanos, más comprometidos con el cambio y el futuro de nuestro país. Estamos a tiempo de enderezar nuestro rumbo, pero necesitamos a los casi 29 millones de venezolanos viendo a un solo destino: El que nos permita avanzar de una vez por todas por el camino del progreso y oportunidades para todos. Vamos a sacudirnos la culpa de ser indiferentes y comencemos a trabajar desde cada uno de nuestros espacios por este gran país.

 

Brian Fincheltub

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