Carlos Blanco: Motín en la Capitanía

A trancos se instala la sensación de que todo se desbarata. Una poderosa fragata en medio de mares turbulentos, sin capitán y sin gobierno, sin ancla y sin derrotero, se dirige hacia el lugar donde todas las catástrofes tienen su asiento. Puede que no; tal vez encalle antes de llegar a los farallones que conducen al averno o en un banco de arena; pero, por ahora, el capitán fue sacado en helicóptero, los demás oficiales no han terminado el curso de pilotos por correspondencia, los grumetes arrasaron con las reservas de ron, la sala de máquinas está medio inundada, y los pasajeros, inquietos, discrepan acaloradamente sobre cuándo y cómo ponerse los salvavidas.

El país descuadernado; un Estado controlado por mafias, a la rusa; una ciudadanía que a veces no tiene más remedio que andar en esa ínclita tarea de cazar pollos, descubrir tesoros de azúcar, flechar carne de segunda, desenterrar huevos sin pascua, y ordeñar vacas clandestinas para obtener leche desaparecida. Lo que ocurre en el pueblo llano también acontece en las alturas. Los próceres sobrevenidos andan al garete, como zombies domesticados por el gendarme que una vez desvanecido, no encuentra rápido reemplazo. Esto explica la lamentable peregrinación a La Habana a buscar órdenes que no se dan, firmas que no se estampan, órdenes que no se escuchan. Ni Raúl Castro ni Maduro pueden suplir a Chávez aunque lo intenten. Ninguno de ellos tiene poder para pegar lo disjunto.

EL PODER VACÍO. Hace un tiempo se dijo en esta esquina que mas que vacío de poder hay un poder vacío. Chávez fue el que estructuró una dinámica de poder que ensambló civiles y militares, derechas e izquierdas, aristócratas y plebeyos. Los circuitos de relación, como en toda autocracia, pasaban por Chávez quien usaba a unos para aplacar a los otros. No hay que olvidar que la sargentería actual alguna vez fue defenestrada por turnos: Nicolás Maduro fue candidato provisional a gobernador de Carabobo, Diosdado Cabello de Monagas y Elías Jaua, que llegó a las elecciones, de Miranda. El Caudillo los subía y bajaba, los metía y sacaba del closet a voluntad. El armador de juego ya no está.

La ausencia de Chávez ha hecho que el poder se derrame, que no pueda ejercerse. Obsérvese que sólo quedan dos fuerzas: la inercia y la represión, armada o judicial. El barco se desplaza por la velocidad que traía, por la fuerza de los vientos y por las olas titánicas, pero no hay rumbo. La otra fuerza es la de brigadas antimotines de la otrora democrática GN, la policía política -civil y militar-, los tribunales y los grupos paramilitares -motorizados incluidos- que pueden ejercer el terror. Fuera de la inercia institucional y del terror no existe otro cemento, desaparecido el Gran Componedor.

El poder se enfermó, se fue a La Habana y es como un espíritu que en plena sesión espiritista se niega a manifestarse. La sesión prosigue porque existe la expectativa ectoplasmática pero el poder sigue su derrame porque está fundidoel centro por donde pasan todos los cables. Mantener la idea del regreso es fundamental pero mientras pasan los días aun el poder de Chávez, con todo lo férreo que ha sido, se licúa.

DEBILIDADES. Nunca el régimen ha sido más débil que ahora lo cual no significa que la oposición sea fuerte. Nunca antes el chavismo luce tan desconcertado, aunque haya decidido jugarse la carta de la usurpación con la hoja de parra del Tribunal Supremo. El país en la práctica está bajo la tutela de una Junta de Gobierno integrada por Maduro, Cabello, Rafael Ramírez, tal vez Adán Chávez -de inexplicable discreción en estos días- y el tarambana de Raúl Castro que se goza a América Latina, no tanto por el poder del chavismo, sino por la fragilidad moral de muchos demócratas.

Vienen elecciones. Las harán cuando crean que tienen todo “atado y bien atado”. Piensan que es el mecanismo idóneo para subsanar la pillería jurídica que le dio al menguante poder un hálito de “continuidad administrativa”. Sin embargo, todo huele atruco, a viveza y a pisoteo. No pueden resolver ninguno de los problemas económicos, financieros, sociales y administrativos sin apelar a medidas que afectarán a quienes han sido favorecidos por su demagogia. Se sobregiraron en términos reales y simbólicos. Chávez no es eterno como no lo fue Perón, ni Getulio Vargas; tampoco Gómez, ni Pérez Jiménez, ni Mussolini, ni Hitler, ni Stalin, ni tampoco, se cree, Fidel Castro. A Chávez lo pueden convertir en santo o en ángel (caído) pero los problemas en la sargentería ya no los puede resolver.

LOS ESLABONES DÉBILES. El desenvolvimiento de la crisis ha hecho que la fortaleza del régimen -la conexión cubana- se torne en su más tremenda debilidad. Sí; los jefes cubanos tienen destreza, disciplina, organización y ese vellocino de oro que encontraron: el arrobamiento de Chávez ante Fidel. Pero esa fortaleza se convirtió en debilidad; la exhibición obscena de la sumisión a la tribu de los Castro ha provocada un torbellino de protestas de tal naturaleza que ha permitido convertir la lucha por la democracia en una lucha contra el colonialismo cubano.

Las luchas democráticas del país ahora tienen un contenido de sano patriotismo que el despotismo de Venecuba -como lo bautizó Agustín Blanco Muñoz- ha propiciado. Era inimaginable hace un tiempo que el contenido de las luchas venezolanas fuese a adquirir un ribete anticolonial.

Simultáneamente con el enfrentamiento al control de los Castro y ante la inminencia de las presidenciales, la lucha por un cambio en las condiciones electorales se ha puesto a la orden del día. No se sabe cuánto se podrá lograr en este terreno, pero la denuncia, la exigencia y la unidad en torno a la cuestión electoral pueden colocar al movimiento democrático a la ofensiva.

Para fortuna del país se ha comenzado a producir una convergencia política interesante que pudiera permitir salir de la inercia que también arropa a la oposición. Si hay encuentros en la línea política y el candidato que resulte promueve esa línea anticolonial y por condiciones electorales justas, las fuerzas hoy dispersas muy rápidamente pueden unificarse en términos reales, aun cuando existan diversos centros de agrupamiento como la Junta Patriótica, la MUD, partidos y gremios por separado, movimientos emergentes de la sociedad civil, el bloque parlamentario, entre otros de carácter regional o local.

CALMA QUE AMENAZA. El país se acostumbró y nos trituraron se dice con desesperanza. Nadie lo sabe. Las tensiones que crujen en la quilla el país las siente y es posible que los timoneles hayan perdido el control. La respuesta represiva y brutal de Nicolás Maduro a la hija de 15 años del comisario Simonovis es un síntoma de cómo la pérdida de legitimidad la quieren subsanar con represión. 

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