Pablo Aure: ¿Vivo o muerto?

Escribo con la imaginación desatada, sin miedo de expresar lo que hoy siento: sinceramente creo que Chávez está muerto. Si me quieren desmentir, ya es hora de que lo muestren en las condiciones en que esté. Fidel Castro salía en su lecho de enfermo y todo el mundo lo vio sin que nada pasara. Insisto, ante el silencio y el ocultismo, se puede pensar distinto.
Qué necedad tan grande con esa amenaza de Nicolás Maduro contra el periódico El País de España, por haber publicado erróneamente una foto. Dijo el heredero: “Eso que hizo el periódico El País lo va a pagar caro, porque nosotros vamos a demandar a El País y vamos a fondo, con las leyes que haya que utilizar, sea allá, en España, o en la Conchinchina”. ¡Guao, que implacable el señor Maduro! Lamentablemente, cuando estos atorrantes con cargos gubernamentales de origen dudoso hablan de esa manera, lo que tiembla es el bolsillo del venezolano.
Quién sabe qué bufete de abogados contratarán para que se meta una “boloña” de dólares como anticipo de un juicio que no va a llevar a ninguna parte. ¿Por cuánto saldrá esa nueva “venganza” gubernamental? Ya hemos sabido de las mil millonarias sumas de dinero que han quedado en manos de la suegra del ministro Rafael Ramírez cuando el Estado venezolano ha debido actuar como demandante o demandado. El pueblo venezolano tiene dos meses exigiendo la designación de una junta médica para que se determine el estado de salud presidencial. Pero ellos -Maduro y compañía- de manera esquiva contestan que la salud de Chávez sólo le compete a él y a su familia. Bueno, si eso es así, ante esa foto, a mi manera de ver, nada ofensiva, que responda el propio Chávez en persona, o los médicos tratantes.
No volverá…n
Cada vez me convenzo más de que Chávez no volverá. Y si acaso vuelve, es para rendirle el último adiós.
El exagerado misterio con que el régimen ha manejado todo este asunto es lo verdaderamente conspirador contra la existencia de quien fue presidente de Venezuela. No creo que tenga precedente una burla igual contra un pueblo, como ésta que cometen los Castro con Venezuela. Son ellos los que tienen la última palabra sobre los restos de nuestro Presidente, y no se vislumbra nada concreto. ¿Por cuánto tiempo nos podrán mantener así? Y no hay Poder ni institución alguna en el país, salvo las universidades y las academias, que alcen su voz contra la ignominia que estamos viviendo.
Chávez no es el presidente. Su lugar lo ocupan usurpadores que como anillo al dedo emplean su enfermedad para asaltar el poder, todo bajo la conducción de los cubanos, oí un comentario de un joven militar que en su escuadrón o tropa sus superiores eran cubanos. ¿Quién puede negar que son ellos los que mandan en Venezuela? Cuando Diosdado, Arreaza o Maduro en declaraciones “informan” al pueblo sobre los avances del estado de salud de Hugo Rafael, esas afirmaciones no son sino libretos elaborados por el G-2 cubano. Todo lo que dicen es mentira. Ninguna de esas cartas las escribe Chávez ni el decreto de Jaua son verdad. Pero nada les detiene. En el mejor de los casos de que respire -atado a un aparato- es obvio que no está en capacidad física ni mental para desarrollar alguna idea.
Raúl Castro es el presidente de facto de Venezuela. Maduro, Diosdado, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscal General, la “Defensora” del Pueblo, y todo el tren ministerial son funcionarios al servicio de la dictadura cubana. El régimen castrocomunista es el único que decide qué se dice y qué se hace en Venezuela. Vergüenza patria. Maduro, el usurpador, y todos sus cómplices, pasarán a la historia, junto con el jefe ausente, como traidores a la patria; que le entregaron el destino de Venezuela a una nación extranjera.
Visitantes presidenciales a Cuba
Hemos visto desfilar a varios mandatarios por La Habana con el pretexto de (y que) enterarse del estado de salud de Hugo Chávez. La respuesta ha sido la misma. Ninguno lo ha visto, no se los han permitido ver.
La razón es muy sencilla: ellos, cuando van a Cuba, no van a ver a Chávez en verdad. Viajan a velar por sus propios negocios. Desde luego, saben que con Chávez muerto pueden estropearse. Su interés no es la salud de Hugo, sino sus bolsillos. Quizá lo primero que preguntan es: ¿cómo vamos a quedar nosotros ahora? Lula y Dilma, Evo, Cristina, ven un desenlace y pudieran quedar afectadas las empresas que ellos representan y que tienen jugosos intereses en nuestro país. No tengo dudas de que van a Cuba es por eso.
¿A quién asusta Maduro?
Confieso que no es risa, ni miedo, lo que me da cuando veo algunas declaraciones en tono amenazante del usurpador. Su pobre verbo, pero con expresiones lacerantes, tienen un solo destinatario: los chavistas. Jura que se parece a Chávez, pero imposible, su imitación es mala. Quiere parecerse también a los Castro, hablando como ellos, pero los cubanos conocen muy bien sus limitaciones. Cuando Maduro insulta lo hace con miedo propio al saber que no goza del liderazgo que tenía su jefe. El asustado es él.
Resentimiento: arma revolucionaria
No hay nada más peligroso para el progreso de las naciones que el resentimiento colectivo.
El resentimiento provoca la destrucción. Nadie puede estar mejor que nadie. Todos debemos estar pasando trabajo, pasando hambre y sin valor nuestras vidas.
Si en manos de Maduro está la decisión, los comisarios injustamente presos por los sucesos del 11 de abril, deberían morirse en las cárceles. Para ellos jamás debe haber libertad condicional. El calabozo tiene que ser su eterno destino. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el Código Orgánico Procesal Penal y los tratados internacionales suscritos por el Estado venezolano que desarrollan los derechos de los privados de libertad, es letra muerta cuando es trata de presos políticos.
No tienen piedad. Al contrario, son supremamente perversos. El dolor ajeno lo suministran para hacer ver que son fuertes e inflexibles con sus ideales. Los contrarrevolucionarios tendrán severos castigos. Los “revolucionarios” jamás serán castigados mientras defiendan la revolución. Sólo basta recordar las imágenes de los pistoleros de Puente Llaguno.
Aciagos momentos
Mientras allá en Cuba hacen fiesta con el dinero de nuestro pueblo, aquí el sector democrático navega sin brújula y sin liderazgos definidos que intenten encontrar el rumbo adecuado.
Vientos de angustias soplan por estas tierras. Lo digo con dolor: no hemos construido un mensaje adecuado que cale y convenza; la desconfianza es generalizada. Esa situación hará que tengamos una transición insegura y traumática.
Espero estar equivocado, pero luchar contra lo que ha sido Castro en la historia, no será tarea fácil. La peor desgracia que le pudo haber ocurrido a nuestro país es que Castro haya tomado las riendas del gobierno.
Por eso mis esperanzas en los jóvenes, en los universitarios que hoy reclaman democracia. Son ellos los que gozan de la credibilidad perdida. No pertenecen al pasado. Son el presente y están construyendo el futuro.
Que quede claro: la lucha es contra los Castro, no contra estos ventrílocuos que hoy dicen lo que les ordenan desde Cuba.

Pablo Aure
@pabloaure