Omar Ávila: Delirios Póstumos

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Celebrar una cruenta y vergonzosa derrota, por la indeleble y obcecada cobardía, que seguro agobia en su lecho a su autor, por su continua traición a sus juramentos y postulados asumidos para con sus compañeros asesinados, no es más, que un ruin acto fúnebre de halago, confusión y engaño para sus deudos, por parte de quienes hoy se reafirman como cipayos cubanos, con la entrega sumisa de nuestras riquezas y banderas, a la macabra potencia del ilícito y el horror, que desde siempre han acechado y envidiado nuestro territorio, nuestra Democracia y nuestras libertades. Pretenden ahora sus alegres lacayos, esmeradamente entregar nuestra patria querida.

No es más, que en su gran confusión, intentan hasta cambiar los rezos por la salud del “cuerpo ausente” del supuesto enfermo remiso, por una cumbia vallenata joropera con responsos y hasta suplicios sacros acomodados por los lobos antillanos, con tal de blandir el ardid violento de la negación por la afirmación y viceversa, mediante el calzado y manoseo extraño de botas ajenas, embadurnadas con lágrimas y heces de la deshonra. Quizás, queriendo homologar al “Cid Campeador”, que sólo en las páginas del noble acucioso literario, dio vida y víspera al fabuloso y póstumo heroísmo de tan folklórica viudez.

Simplemente, un acto de travesura, del muchacho asolado y asustado por la oscuridad y el incesante ruido de los fantasmas de Misia Jacinta debajo de su cama, prefiera humedecer sus pijamas y enseñarlas como el sudor de las titánicas batallas de su comandante, en las luchas por la defensa decidida e incansable de la cama y la cobija honrosamente sudada con el heroísmo del cegado perturbador del abrillantado desfile de utelería, como por los actos de “Pepe Botella” sobradamente le recordaron al gran Napoleón, “que las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse en ellas”. Pretender asustar con el miedo ajeno y cobarde del traidor no es más que pretender la póstuma situación de las viudas.

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