Rafael Olavarría: ¿Qué tan Chávez eres?

Veo con curiosidad cómo el Gobierno, su partido y sus seguidores levantan con orgullo el “Yo soy Chávez”. No es que haya algún problema con eso, cada quien puede identificarse con el líder de su preferencia, hasta con ninguno, es válido y totalmente respetable.

Luego viene el impacto que ocurre en el momento en que nos dicen “tú también eres Chávez” o “Todos somos Chávez”. Confieso que esto me ha creado una angustia, ya que he empezado a cuestionarme si soy Chávez o si mi familia y amigos son Chávez. Entonces decidí salir de la duda, y hacer una lista de lo que caracterizaría a una persona que es como Chávez para poder determinar si yo soy él, o si él es yo, o qué tan él soy yo, o viceversa. Está claro, ¿verdad?

Revisa la siguiente lista, estimado lector, aplicando cada pregunta a tu actuar del día a día y saca tu propia conclusión sobre qué tan Chávez es usted:

  • ¿No logras entender que hay personas que piensan diferente a ti? ¿Los consideras como enemigos?. Puedes incluso tener la sutileza de separarlo en dos grupos: los que están en lo correcto (los que piensan como tú) y los confundidos (los que tienen la osadía de tener otro punto de vista). Son tus enemigos al momento de oponerse a una de tus ideas, y por ende, deben ser “pulverizados”.
  • ¿Eres intolerante a la crítica? ¿La consideras como un ataque a tu persona?. Tienes esa tendencia a estar seguro que tu palabra es la ley y eres impermeable a cometer errores. Toda crítica que se te haga debe ser considerada una falta de respeto y por consiguiente debe ser condenada enérgicamente y nunca tomada en cuenta.
  • ¿Manejas recursos que son de los demás como si fuesen tuyos?. Acá nos podemos referir desde algún maletín lleno de dólares de los venezolanos que salga de Caracas a Buenos Aires, pasando por el uso del canal del Estado como medio de propaganda política personalista y llegando a aquél que le has prestado algo y nunca lo devuelve o lo regresa dañado.
  • ¿El insulto o la descalificación son las maneras en las que te refieres a tus adversarios?. Reconocerlos como persona con nombre y apellido es darle mucha importancia. Escojamos un apodo para ridiculizarlo: Majunche, ignorante, escuálido, etc. O vamos a insultarlo: desgraciado, asesino, ladrón.
  • ¿Crees que mejor que trabajar para construir es quitarle a quien ya haya construido?. Claro, es más sencillo comprar un cupo en la Universidad y dejar sin oportunidad a quien se esfuerza de manera honesta que trabajar para lograrlo, al igual que es más fácil expropiar un supermercado ya construido que construir uno desde cero.
  • ¿Consideras que portar un arma es algo para sentirse orgulloso?. Tal como nuestro Presidente cuando se coloca un fusil en el hombro y dice que todos debemos tener uno algún día, sentimos que tener un arma nos hace indudablemente más fuertes. Se siente muy bien tener el poder de matar a un ser humano con sólo halar un gatillo.
  • ¿Crees que las leyes y normas deben aplicarse mientras te convienen? Y en caso de no ser así, ¿deben ser interpretadas de manera distinta o ignoradas? De los creadores de “Qué desastre como todos se comen el semáforo” y “La Constitución está para cumplirse” llegan “¿Una multa? ¿sólo por comerme la luz roja? Si todo el mundo lo hace” y “Las Fuerzas Armadas son chavistas”
  • ¿Crees que la razón de tus problemas o fallas no son en parte tu responsabilidad sino que es siempre culpa de alguien más? Podemos empezar con el clásico de cuando apruebas un examen: “pasé” y cuando lo repruebas: “me raspó, la tiene agarrada conmigo” y después seguir con el repartimiento de culpas: “el imperio” “el capitalismo” “la IV república” “la oposición” “los ricos”, “el Gobierno”, entre muchos otros culpables de cada cosa mala de nuestro país.
  • ¿Intentas pasarle por encima a quien es más débil que tú? Tienes fuerza y poder, te crees popular y no respetas a quienes no lo son, eres policía y debes “matraquear”, estás en un carro y no puedes ceder el paso a un peatón, eres Presidente de un país y das órdenes de meter preso a quien se te enfrente, etc.
  • ¿Crees que la violencia es un medio legítimo para obtener lo que deseas?. Puedes golpear a un compañero del salón para lograr reconocimiento social. Puedes empujar y apartar a todas las personas que están intentando entrar al mismo vagón del metro al que vas tú con la finalidad de poder ir sentado en el viaje. Incluso, hasta puedes usar las armas para intentar hacerte con el Gobierno de un país así cada gota de sangre derramada sea tu responsabilidad.

¿Cuántos “checks” hiciste en la lista? Mantén ese número contigo. Es el número que representa qué tan Chávez puedes llegar a ser.

Mi opinión es que sí hay millones de venezolanos que lamentablemente nos comportamos como Chávez. Hay Chávez en las autopistas y en el metro, en los delincuentes y en las policías, en el gobierno y en la oposición. Nuestros vicios vienen desde que vemos que colearse en la cantina del colegio está bien y es normal porque tenemos un “pana” adelante en la cola. De ahí pasamos a tener a un contacto en un Ministerio para lograr los resultados más rápido que quienes cumplen el procedimiento reglamentario.

Es muy fácil echar la culpa al Gobierno. Más difícil es darse cuenta que Chávez no es la causa de nuestros males, que Chávez es un síntoma de todo lo que tenemos mal como sociedad. Chávez está en el irrespeto al diferente y al débil, en cada amenaza y en cada acto de intolerancia, está en ese que inventa cualquier excusa cuando no cumple con su trabajo, en el que ve en la luz amarilla del semáforo el “acelera que viene el rojo”, está en el que cree que la autoridad está ligada a qué tan alto grites, está en quien ve al que se supera y logra el éxito como objeto de envidia y no como meta.

Chávez también está en quien califica como “bobo” “gallo” “quedado”, etc. a quién es diferente y vive con honestidad. El venezolano honesto y colaborador, el que hace su cola, el que construye su éxito con méritos, sin quitarle a nadie. El que asume su responsabilidad, sus culpas y errores, trabajando día a día por ser mejor. Ese venezolano, el que no es Chávez, es el que construye esa Venezuela posible.

¿Está Chávez en tu familia? ¿Está en tu trabajo o en tu grupo de amigos? ¿Te pareces a él?

Para poder vencer al hombre y a su sistema,  tenemos que derrotarlo primero en nuestros espacios y en nosotros mismos.

Rafael Olavarría.