Tamara Suju Roa: El cruel Socialismo del Siglo XXI

En esta misma tribuna escribí sobre la negación del derecho a la salud como tortura y como se aplicaba en Venezuela a nuestros presos políticos.  De eso hace ya casi dos años.  Para aquel entonces, María Lourdes Afiuni, Lázaro Forero, Henry Vivas, José Sánchez Montiel, William Saud y Alejandro Peña Esclusa presentaban enfermedades muy graves. Sólo  la presión social, las huelgas de hambre de los jóvenes de Operación Libertad y el escándalo mediático que armaron las Organizaciones de Derechos Humanos, abogados y familiares, lograron que estos venezolanos obtuvieran  medidas humanitarias y  otras sustitutivas de la privativa de libertad para que pudieran ser atendidos médicamente de forma óptima, como era requerido, dada su gravedad. Otros injustamente encarcelados como Iván Simonovis ya presentaban patologías que no fueron atendidas y que avanzarían indeteniblemente, ante la angustia de sus familiares.

Podríamos decir que a los presos políticos gravemente enfermos que recibieron atención médica, los “salvo” la sociedad civil organizada. Porque el Estado venezolano, responsable de la vida y la salud de quienes están bajo su custodia, les negaba dicha atención, en la mayoría de los casos actuando con saña y alevosía.  Tendríamos que preguntarnos cuales han sido las consecuencias posteriores a la atención médica tardía que han recibido éstas personas, y cuales son las huellas que de por vida, dejaron en sus cuerpos y en sus mentes.  Debemos recordar que la mayoría de las patologías que presentaron fueron consecuencia de las características físicas del sitio  de reclusión, de la crueldad con que fueron tratados en algunos casos, la negativa que recibieron a las solicitudes de atención médica oportuna y a la falta de interés por parte de las autoridades de solventar y acatar las recomendaciones dadas por Organizaciones Internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, de mejorar las condiciones de  reclusión de éstas personas.
Hoy quedan todavía tras las rejas, a pesar de que, según la ley venezolana todos deberían haber recibidos medidas cautelares por tiempo de pena cumplido, poco más de  una decena de presos políticos.  4 de ellos están recluidos en el SEBIN, desde hace más de 9 años, sin recibir luz solar sino cada 15 días por 2 horas, y eso cuando no llueve.  Ellos son Iván Simonovis, Otoniel, Rolando y Juan  Guevara. Conviven en un espacio improvisado del Helicoide, edificación que no fue diseñada para ser una cárcel.  En estos pasillos, están sus celdas de 2x 3 metros cada una, sin ventilación natural -no existen ventanas- con  un solo baño para todos y una pequeña cocina.  La luz blanca artificial es la que los alumbra. Imaginen ustedes como transcurre el día a día de estas personas, entre estas paredes, sin respirar aire ventilado y sin  la certeza real de saber  si cuando los levantan es de día, o es de noche.

Días atrás, la hija del Comisario Iván Simonovis imploró  al ejecutivo nacional por la salud de su papá.  Le llevó personalmente una carta al Sr. Nicolás Maduró, pidiendo le fuera  otorgada una medida humanitaria para que su papá pudiera ser atendido de las graves patologías que presenta,  sobre todo a nivel óseo, precisamente por las condiciones de reclusión al cual ha sido sometido.  La respuesta no sólo fue inhumana sino inconstitucional, ya que la medida humanitaria solicitada esta contemplada en nuestros sistema legal y además el derecho a la salud y por lo tanto a la vida, es un derecho humano, no sólo protegido en nuestra Constitución, sino en los Convenios y Tratados Internacionales de Derechos Humanos firmados y ratificados por Venezuela.

Iván Simonovis esperaba que el Tribunal le concediera el jueves 30 de Enero, la medida humanitaria solicitada por su defensa, pero la audiencia fue diferida para el 15 de Febrero debido a que el médico forense no recibió la citación para su comparecencia en dicho Tribunal.  Es decir, para la “justicia venezolana” el derecho a la salud de Iván Simonovis, que el Estado tiene la  obligación de garantizarle y suministrarle oportunamente al estar bajo su custodia,  puede esperar.  Al parecer, no importa que ya físicamente Simonovis presente patologías difícilmente recuperables. Es importante recalcar que no sólo los injustamente encarcelados presentan consecuencias físicas y psicológicas por el ensañamiento y crueldad con la que han sido tratados, sino también todo su entorno familiar.  Lo que expresa Ivana Simonovis en su carta, es una muestra de ello.

No conforme con esto,  la Fiscal General de la República anunció que creará una comisión de trabajo para revisar las medidas humanitarias concedidas a los Comisarios Lázaro Forero y Henry Vivas, quienes se encuentran desde el año 2012 recibiendo la atención médica requerida, debido a las graves patologías que presentaban, originadas durante el tiempo de su reclusión en el SEBIN.   Díganme ustedes estimados lectores, ¿si este ensañamiento y crueldad,  sumado al deterioro físico y psicológico que las enfermedades les han dejado a estas personas, no es Tortura?

Mientras tanto se habla de investigar las presuntas torturas sufridas por ciudadanos venezolanos en gobiernos anteriores. Me parece justo para las personas que las sufrieron y sus familias si así fue, ya que ningún delito debe quedar impune.  Pero deberían comenzar por revisarse  así mismos e investigar las denuncias de torturas, desapariciones y ejecuciones forzosas que han realizado ciudadanos venezolanos y organizaciones no gubernamentales, no sólo ante los organismos nacionales  competentes, sino en distintos organismos internacionales , durante estos últimos 14 años. Por ejemplo, ¿Porque no comenzar con las terribles torturas sufridas por los hermanos Guevara en la Disip y denunciadas públicamente en su juicio? ¿O las torturas infringidas al TCnel (GN)  Humberto Quintero en la DIM, que el propio tribunal que lo juzgó ordenó investigar y no se ha hecho? O el caso de Raúl Díaz, quien también estuvo preso en el SEBIN, y cuya sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenando al Estado venezolano,  provocó que Venezuela denunciara la Convención Americana con el propósito de salirse de dicho Organismo Internacional. En esta sentencia, se  determinó que “los servicios de asistencia médica durante su detención no se prestaron de manera oportuna, adecuada y completa, contribuyendo al deterioro progresivo de su salud (…)” y “las condiciones de detención de Díaz no cumplieron los requisitos materiales mínimos de un tratamiento digno”.  En este caso,  La Corte Interamericana de Derechos Humanos también ordenó al Estado venezolano “adoptar las medidas necesarias para que las condiciones de detención en el Control de Aprehendidos, actualmente Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN), se adecuen a los estándares internacionales relativos a esta materia”.

Nos preguntamos entonces, si la crueldad que muestran aquellos que se dicen socialistas y revolucionarios, que hablan del respeto a los derechos humanos de ellos pero no respetan los derechos humanos de los demás,  que claman solidaridad pero no son solidarios, será la mejor virtud de este Socialismo del Siglo XXI?