Un Papa más moderno y abierto reclama el país con más católicos del mundo

 

 

Más que un Papa latinoamericano, la Iglesia católica precisa un pontífice más joven, moderno y abierto al diálogo, que frene la sangría de fieles en la región con la mitad de los católicos del mundo, donde los evangélicos no dejan de crecer, opinan “papables” y teólogos brasileños.

Brasil es el país con más católicos del planeta, pero desde hace varias décadas la cifra está en franco descenso y existe el temor de que ocurra aquí y en la región lo mismo que en Europa, donde los seminarios de formación de sacerdotes están semivacíos.

¿Quién será el encargado de guiar a la Iglesia católica, sacudida por la crisis de denuncias de pedofilia, escándalos de corrupción y una creciente competencia, tras la sorpresiva renuncia -la primera de un Papa en seis siglos- de Benedicto XVI, férreo defensor de la ortodoxia?

– “Vestigios medievales” –

“Poco importa si el próximo Papa es brasileño, filipino, aunque difícilmente sea un no europeo. Quiero un hombre abierto al diálogo con el mundo moderno, al diálogo interreligioso (…) La Iglesia católica mantiene vestigios medievales, no llegó a la modernidad, y tiene dificultad con el mundo digital”, dijo a la AFP el fraile dominicano y escritor Frei Betto, amigo del expresidente cubano Fidel Castro y del expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.

Pero sobre todo, para Frei Betto, el futuro Papa debe levantar los tabúes sobre temas como el celibato para los sacerdotes, el sacerdocio de las mujeres, el casamiento entre homosexuales, el uso del preservativo y el aborto en determinadas ocasiones.

El fraile dominicano francés Henri Burin des Roziers, que vive en un aislado pueblo de la Amazonia brasileña y defiende a los campesinos sin tierra de la región, por lo cual ha sido amenazado de muerte, pidió “el fin del gran teatro de lujo, de escándalos a raíz de la riqueza externa” del Papa, y que el nuevo pontífice “deje de vivir como un príncipe, que cambie de vida y tenga una vida de simplicidad”.

“Lo esencial es que sea un hombre de diálogo con el mundo exterior y dentro de la Iglesia”, dijo a la AFP.

“Esperamos que otro Papa cree una atmósfera más abierta, que los cristianos puedan dialogar con la cultura moderna sin las tantas sospechas y críticas que el actual Papa hacía”, sostuvo por su lado el brasileño Leonardo Boff, uno de los líderes de la Teología de la Liberación, que colgó los hábitos en 1992, ocho años después de ser condenado al silencio obsequioso (prohibición de publicar y enseñar) por Joseph Ratzinger, que luego fue designado Papa.

Para Paulo Fernando Carneiro de Andrade, profesor de Teología de la Universidad Católica de Rio de Janeiro, es preciso un Papa que promueva “la descentralización” y “una mayor apertura a la pluralidad cultural, que sea menos eurocéntrico, que termine con las posturas eclesiásticas uniformes”.

– “El desafío de la posmodernidad” –

“El origen geográfico (del nuevo Papa) no es una cuestión esencial (…) La cuestión es estar preparado para (enfrentar) el desafío de la posmodernidad”, estimó el arzobispo de Sao Paulo Odilo Scherer, uno de los 118 cardenales del mundo que pueden suceder a Benedicto XVI y uno de los cinco “papables” brasileños.

“Lo importante no es el origen”, coincidió el presidente de la Conferencia Episcopal brasileña, arzobispo de Aparecida (Sao Paulo) y también “papable”, Raymundo Damasceno Assis. El desafío para el futuro Papa será el de “transformar el evangelio en vivo y actual para el mundo de hoy”, dijo a la AFP.

El cardenal Claudio Hummes, otro “papable”, estima que es necesario designar a un Papa más joven que Benedicto XVI, de 85 años, que anunció su renuncia “por falta de fuerzas”. Cerca de los “65 años sería una buena edad”, dijo Hummes, arzobispo emérito de Sao Paulo.

Brasil tiene 123,3 millones de católicos, pero sus filas están disminuyendo. En los años 70, el 92% de la población era católica, contra el 64,6% actualmente. En tanto, los evangélicos, con sus misas musicalizadas y promesas de bienestar terrenal, siguen creciendo: eran 26,2 millones en 2000 (15,4% de la población) y en 2010 ya sumaban 42,3 millones (22,2%).