José Toro Hardy: “Es para proteger los $ del pueblo”

No recuerdo, ni quiero mencionar el nombre de quien dijo semejante disparate. Estamos hablando de una devaluación típicamente fiscalista; es decir, de las que va a golpear duramente a la gente. El Gobierno está metiendo las manos en el bolsillo del pueblo y apoderándose de parte del valor de su dinero.

El único objetivo de esta devaluación es corregir las cuentas fiscales. El déficit del Sector Público Consolidado alcanza al 16% del PIB, o sea que es uno de los más altos del mundo.

¿Y por qué la devaluación puede corregir el déficit? Porque cada dólar proveniente de la venta de petróleo va a parar a manos del Gobierno. Ahora en vez de convertirlo en Bs. 4,30 por dólar, va a recibir Bs. 6,30 por $. Eso significa imprimir mucho más bolívares.

¿A qué se debe semejante déficit? A que el Gobierno está gastando mucho más de lo que le ingresa y en particular, en el año 2012, el gasto público experimentó el mayor incremento que se recuerda en nuestra historia.

¿Y qué consecuencias trae el incremento del gasto público? Ninguna, si existen los ingresos para cubrirla y él paralelamente aumenta la producción de bienes y servicios. Si lo único que aumenta es la cantidad de bolívares que circula, entonces inevitablemente la inflación crecerá.

¿Y por qué la Asamblea Nacional permitió tal incremento del gasto? En primer lugar porque esta Asamblea aprueba todo lo que propone el Ejecutivo, lo que evidencia la falta de independencia de los Poderes. Porque el Presupuesto se aprueba sólo con una parte del ingreso petrolero, fijándose un precio del petróleo del orden de la mitad de lo que en realidad es. La diferencia se queda en manos de Fonden y Pdvsa, los cuales no rinden cuenta de lo que hacen con esos recursos, que se gastan sin aprobación ni control de nadie.

Pero como el Gobierno gasta mucho más de lo que le ingresa, tiene además que endeudarse pagando altas tasas de interés y penalidades por el mayor riesgo que perciben los financistas. Nuestras finanzas públicas recuerdan un esquema Ponzi. El Gobierno pide prestado cada vez más, pero no para financiar al Estado, sino para pagar las deudas anteriores. Por supuesto, los intereses exigidos son cada vez mayores, por lo cual el monto del endeudamiento también lo es de manera progresiva.

Como buena parte de la deuda pública venezolana está denominada en dólares (y hay que pagarla en esa moneda) la devaluación tiene el efecto de aumentar el monto de la deuda como porcentaje del PIB, que ya debe ser la más alta de Latinoamérica.

Una cosa es devaluar para alcanzar una Paridad Cambiaria Competitiva y otra es para cubrir un déficit fiscal. En el primer caso lo que se busca es estimular las exportaciones de un país, al abaratar a los extranjeros la compra de bienes nacionales y a la vez encarecer las compras de los nacionales al extranjero. La búsqueda de una paridad cambiaria de equilibrio es fundamental para promover un crecimiento económico adecuado.

Ahora bien, cabría preguntarse, ¿quién es el valiente que va a invertir en Venezuela? En los últimos 14 años la inseguridad jurídica ha venido creciendo en términos exponenciales. Además las utilidades de las empresas extranjeras se quedan atrapadas porque Cadivi no autoriza los dólares para pagar dividendos y después con la devaluación se evaporan.

Veamos algunos casos. El Gobierno quería cemento para su plan de vivienda y, ¿qué hizo? ¡Zas!, nacionalizó las cementaras. Cuando empezaron a podrírsele los alimentos importados por Pdval, por falta de capacidad de distribución, expropió los automercados Éxito y Cada. Cuando quiso cabillas nacionalizó a Sidor y así sucesivamente. Owens Illinois, centrales azucareros, Monaca, industrias de todo tipo y pare Ud. de contar. Ha expropiado más de 3 millones de hectáreas, lo cual ha redundado en una caída de la producción agrícola. ¡Exprópiese!, es el sello característico de este gobierno.

En medio de este estado de cosas no luce posible que la devaluación se traduzca en un estímulo para invertir ni para producir.

Lo que sí es un hecho es que muchos de los indicadores, que medidos a 4,30 servían de orgullo al Gobierno Nacional para decir que estábamos a la cabeza de Latinoamérica, se le vinieron ahora al foso. A modo de ejemplo me referiré solamente al salario mínimo en varios países de la región medido en dólares: Argentina 545, Panamá 432, Paraguay 432, Chile: 388, Brasil 388, Colombia 327, Venezuela 325. ¿Y esto es para proteger los $ del pueblo? 

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@josetorohardy